La violencia volvió a sacudir las calles de Juchitán, Oaxaca, este martes por la tarde, después del asesinato de una mujer en el pleno centro juchiteco. Ahora un hombre fue ejecutado a balazos mientras repartía tortillas en un mototaxi sobre la carretera federal Juchitán–El Espinal. Justo a la altura del encierro del Sur (ADO), cerca del acceso a la zona conocida como El Pimpollo.
La víctima, identificada posteriormente como Hermán S. T., alias “Tá Mán”, de aproximadamente 39 años de edad, circulaba a bordo de un mototaxi guinda del sitio 11 de enero, con número económico MT-0065. De acuerdo con reportes preliminares, sujetos armados lo interceptaron y dispararon en múltiples ocasiones, dejándolo sin vida a un costado de la carretera.
FAMILIARES LEVANTAN EL CUERPO EN MOTOTAXI: UN RETRATO DE IMPOTENCIA
Pese a la pronta llegada de elementos de la Secretaría de Marina —quienes fungieron como primeros respondientes tras la alerta al 911— y la posterior presencia de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (Grupo de Alto Impacto), fueron los propios familiares quienes retiraron el cuerpo. Lo, abordaron en otro mototaxi para trasladarlo a su domicilio y brindarle sepultura.
Este hecho, lejos de ser anecdótico, refleja el vacío de autoridad. Así como la desconfianza de las comunidades ante la falta de eficacia de las instituciones para brindar justicia o incluso auxilio básico.
UNA VIDA MARCADA POR EL TRABAJO Y LA VIOLENCIA
Según testimonios recabados, Hermán S. T. combinaba su labor como mototaxista con la entrega de tortillas en negocios de la zona. Era también una figura conocida en el ámbito local por su afición a las peleas de gallos. Donde era ampliamente respetado por sus pares del gremio gallero.
La ejecución ocurre en un contexto donde las autoridades no han logrado identificar ni detener a los responsables. Además, el móvil del crimen permanece desconocido, como suele ocurrir con la mayoría de los asesinatos en la región.
UNA JORNADA MÁS DE VIOLENCIA SIN RESPUESTAS
Este asesinato no fue un hecho aislado. De acuerdo con fuentes locales, durante el mismo día se registró un feminicidio en el corazón de Juchitán en el parque “Charis”. Ninguna corporación policiaca ha reportado avances ni detenciones, lo que profundiza la percepción de impunidad.
La escena de este crimen, al igual que tantas otras en Oaxaca, fue documentada por medios locales y ciudadanos, pero ni el patrullaje militar ni la intervención de fiscalías han sido suficientes para frenar la ola de violencia que afecta a comunidades enteras.
URGE UNA RESPUESTA INSTITUCIONAL QUE VAYA MÁS ALLÁ DE LA PRESENCIA ARMADA
La ejecución de Hermán S. T. y la manera en que sus familiares asumieron el retiro del cuerpo evidencian la distancia entre el aparato institucional y las necesidades reales de la población. Más allá de los operativos, se requiere una estrategia que integre inteligencia, prevención, atención a víctimas y, sobre todo, resultados tangibles.
La ciudadanía de Juchitán no solo está expuesta a la violencia cotidiana, sino también a la normalización del crimen y la ausencia de justicia. La pregunta es inevitable:
¿cuántos más deberán morir antes de que las autoridades actúen con eficacia y sensibilidad ante una crisis que ya no admite más indiferencia?
Finalmente, la violencia en Juchitán no se detiene, y los mototaxis —símbolo de subsistencia— se han convertido también en testigos y escenarios de muerte.








































