La mañana del sábado, la rutina de la colonia 25 de Enero en Santa Lucía del Camino se vio interrumpida por un movimiento inusual de patrullas y curiosos que, poco a poco, fueron llenando la calle Vicente Guerrero.
En una vecindad de tres niveles en el pasillo del barandal, yacía sin vida una joven de apenas 18 años. Fue su pareja sentimental quien, tras insistentes llamadas sin respuesta, decidió buscarla en el lugar. Al abrir la puerta del edificio donde rentan cuartos, lo primero que encontró fue la escena que más temía: la joven estaba acostada en el piso, con espuma en la boca, sin señales de vida.
El silencio de los vecinos se mezclaba con el murmullo de la noticia que corría de boca en boca. “Dicen que se tomó algo”, murmuraban algunos, mientras la Policía Municipal resguardaba el sitio.
Minutos después, arribaron agentes de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO). El Grupo de Feminicidios tomó conocimiento del caso, pues en un inicio había dudas sobre las circunstancias. Sin embargo, tras las primeras diligencias, la autoridad confirmó lo inevitable: no hubo mano ajena, se trató de un suicidio. La joven ingirió una sustancia venenosa aún por determinar.
El ambiente era sombrío. Los curiosos observaban desde lejos, en tanto peritos levantaban indicios y personal forense se preparaba para el levantamiento del cuerpo. La joven, que trabajaba en una cafetería en Santa Cruz Amilpas, había decidido escapar por la puerta falsa, dejando tras de sí un profundo dolor en quienes la conocieron.
Por respeto a su memoria y a su familia, sus generales se mantienen en reserva. Lo cierto es que su partida dejó un vacío que difícilmente podrá llenarse, y una colonia marcada por el eco de un sábado que nunca olvidarán.






































