Lo que debía ser una noche de celebración en Santiago Amoltepec, municipio de la región Sierra Sur de Oaxaca, se convirtió en una escena de pánico y terror. Durante la madrugada del viernes 25 de julio, aproximadamente a la 01:00 horas, se desató una balacera en pleno baile de la fiesta patronal dentro del auditorio municipal. Luego, presuntamente, de que una discusión entre asistentes escalara hasta el uso de armas de fuego de alto calibre.
El ataque sorprendió incluso a los 15 elementos de la Policía Estatal que resguardaban el evento. Los cuales poco pudieron hacer para contener la violencia. El saldo: una persona lesionada, cuyo estado de salud permanece reservado. Así como una comunidad atemorizada que aún no recibe explicaciones claras de las autoridades.
VIOLENCIA QUE ESCALA, RESPUESTA QUE TARDA
Pese a la presencia policial, la rapidez y ferocidad del enfrentamiento superó la capacidad de respuesta. Asistentes —incluidos miembros del cabildo municipal— tuvieron que resguardarse por sus propios medios ante la inminencia del peligro. La falta de detenciones hasta ahora deja muchas preguntas abiertas sobre la efectividad de los protocolos de seguridad en eventos públicos, especialmente en comunidades vulnerables como esta.
Llama la atención el silencio de las autoridades estatales, que hasta el cierre de esta nota no han emitido un comunicado oficial ni anunciado avances en la investigación. La omisión resulta alarmante si se considera que este ataque no es un hecho aislado, sino parte de una creciente ola de violencia en la zona.
UN PUEBLO SIN ALCALDE Y BAJO FUEGO
Cabe recordar que Santiago Amoltepec enfrenta una crisis política desde el asesinato de su presidente municipal, Mario Hernández García, emboscado el 15 de mayo pasado cuando se dirigía a cumplir un rol comunitario como mayordomo de estas mismas fiestas patronales.
La ausencia de liderazgo, sumada a la inseguridad persistente, ha dejado a la comunidad en un estado de vulnerabilidad extrema. La falta de respuestas oficiales frente a este nuevo acto violento solo ahonda la percepción de abandono y de impunidad en un territorio donde la vida comunitaria sigue siendo blanco de las armas.
EXIGENCIAS PENDIENTES
Vecinos y autoridades locales demandan mayor presencia estatal y una estrategia de seguridad adaptada a las realidades de la Sierra Sur, donde las festividades tradicionales han dejado de ser espacios de convivencia para convertirse en posibles escenarios de tragedia.
Finalmente, la vida en Santiago Amoltepec continúa bajo una tensión latente, con una ciudadanía que sobrevive entre el miedo, el duelo y la espera de justicia.







































