La noche del viernes 27 de marzo, el plomo dictó sentencia en la colonia Las Flores, en esta ciudad ferrocarrilera. Un comando armado convirtió las calles en un escenario de guerra, ejecutando a quemarropa a cuatro hombres en un ataque que desnudó, una vez más, la incapacidad de las autoridades para frenar la barbarie que azota a la región.
MASACRE A SANGRE FRÍA
El terror se apoderó de los vecinos cuando las ráfagas de fuego seco cortaron el aire. Sin el menor reparo y con una precisión quirúrgica, los sicarios cazaron a sus víctimas, dejándolas tendidas en el pavimento en medio de charcos de sangre. Tras consumar el exterminio, los verdugos se esfumaron entre las sombras, dejando atrás el eco de las detonaciones y una estela de muerte.
LOS MARCADOS POR LA TRAGEDIA
Aunque el silencio oficial es sepulcral, en las calles los nombres ya circulan con amargura. Los ejecutados han sido identificados preliminarmente solo por los alias que cargaban en vida: “Soto”, “Tamalito”, “Pelón” y “Garnachitas”. Cuatro historias cortadas de tajo que ahora esperan en la morgue municipal a que alguien reclame sus restos, mientras la justicia parece una promesa vacía.
ESTADO DE INDEFENSIÓN
Como ya es costumbre, las patrullas llegaron cuando el olor a pólvora era lo único que quedaba. Elementos de diversas corporaciones montaron un operativo que, hasta el cierre de esta edición, no ha logrado capturar ni a una sola sombra. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) levantó los casquillos y cuerpos, pero en Matías Romero la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién sigue?



































