BRICIA YOLANDA ARAGÓN VALDIVIA
Hablando de democracia
Durante semanas se ha discutido la sobrerrepresentación de Morena en el Congreso federal, la cual beneficia desproporcionadamente a las coaliciones, y es vista, entre la opinión pública, como una contradicción de los principios democráticos. De esta forma, Morena tendrá el 73% de los diputados, aunque sólo haya ganado el 57% de los votos.
Pero veamos, en la actualidad, lo que se conoce como la Cámara Baja está integrada por 500 diputados, 300 electos por mayoría relativa en los 300 distritos electorales del país, llamados uninominales y 200 electos por el sistema de representación proporcional, conocidos como plurinominales o “pluris”.
De esta manera, los 300 diputados de mayoría relativa son elegidos uno por cada distrito; de los cuales son 300 en el país, mientras que los otros 200, son de representación proporcional, son elegidos por listas de cinco circunscripciones. Así pues, cada partido presenta una sola lista de la que se seleccionarán a los plurinominales de acuerdo con la proporción de los resultados de la elección.
Puntualizando, ser diputado plurinominal significa que fue electo por el principio de representación proporcional, es decir, por el principio de elección basado en la asignación de cargos de representación popular tomando como base el porcentaje de votos obtenidos por un partido político en una región geográfica.
Proteger la expresión electoral cuantitativa de las minorías políticas y garantizar su participación en la integración del órgano legislativo, según su representatividad, es el objetivo de este principio. En nuestro país este método se utiliza para asignar 32 senadores en una lista nacional; y 200 diputados en 5 listas regionales, votadas en cinco circunscripciones plurinominales.
De esta forma, todo partido político que alcance por lo menos el 3% del total de la votación válida emitida para las listas regionales de las circunscripciones plurinominales, tendrá derecho a que le sean atribuidos diputados según el principio de representación proporcional. Actualmente, los diputados plurinominales son elegidos por las dirigencias de los respectivos partidos a los que pertenecen y no necesitaron hacer campaña, ni aparecer en boletas electorales ni promover el voto ciudadano para ser parte de alguna de las Cámaras.
Para el caso de la elección por representación proporcional, los ciudadanos no votan directamente por una persona, sino por un grupo de personas postuladas por un partido político, siendo que el mismo voto que se emite para los candidatos de mayoría relativa suma, según el partido al que pertenece el candidato votado, a una lista de candidatos indirectos, quienes podrán obtener una o más diputaciones si su partido alcanza una cierta cantidad de votos de los totales emitidos en las elecciones.
Así se busca entonces que la proporción de votos totales por fuerzas políticas se traduzca en una representación equivalente; este sistema de elección está pensado para garantizar que las minorías políticas puedan estar representadas en el Congreso, ya que aun cuando una expresión política no lograra los votos para ganar por el principio de mayoría relativa, la voluntad y voz de las personas que votaron por ellas debe ser garantizada en términos proporcionales, de lo contrario esas personas no llegarían a ser representadas.
Así que cada voto que recibe un partido político va a contar de manera proporcional para los candidatos a obtener las diputaciones plurinominales, así el partido político que obtenga la mayor cantidad de votos en los distritos de una circunscripción, también obtendrá más diputaciones plurinominales.
La reciente ratificación del Tribunal Electoral sobre la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados ha vuelto a poner en evidencia los problemas del sistema electoral mexicano. La interpretación actual del artículo 54 constitucional, que permite una sobrerrepresentación de hasta ocho puntos porcentuales, ha sido utilizada de manera estratégica para fortalecer a las coaliciones en el Congreso. Esto no sólo distorsiona la representación, sino que también crea incentivos perversos para la formación de coaliciones no necesariamente basadas en afinidades ideológicas, sino en la maximización de escaños.
Las coaliciones electorales, al agrupar partidos con diferentes niveles de apoyo popular, logran amplificar su presencia en el Congreso, superando el porcentaje de votos que realmente obtuvieron.
Si el Tribunal no actúa para corregir estas distorsiones en el futuro, el riesgo es que la sobrerrepresentación se convierta en una norma, permanente e imposible de modificar; debilitando aún más la pluralidad en el Congreso.
El fallo del Tribunal no aborda las raíces del problema, lo que deja abierta la puerta para que la sobrerrepresentación continúe influyendo negativamente en la representación política en México. Es urgente que se revisen y actualicen los mecanismos legales para asegurar que el Congreso refleje de manera justa la voluntad popular, sin privilegios indebidos para las coaliciones mayoritarias. Asimismo, esta situación debe informar y enfocar al ciudadano a cuidar su sufragio, aprender a votar por las personas y no solo por las banderas políticas.
Es innegable que los contrapesos que deben existir en los poderes que conforman un gobierno que se llame democrático deben permanecer y deben fortalecerse de forma constante para mantener a esa democracia bien aceitada, de otra forma se desvirtúa y se cae en vicios como los que estamos a punto de comenzar a ver en la conformación de nuestro Congreso.
En la legislatura que dará inicio, así como quedó distribuida, no habrá mucho por hacer, ni discusión o debate parlamentario que enriquezca los trabajos, pues no será necesario, la aplanadora se hará presente en cada proyecto que se vote. La representación desproporcionada en el Congreso será una realidad a pesar de los esfuerzos por limitarla, pues las coaliciones continúan utilizando estrategias que les permiten eludir estos límites.
Este fenómeno, que favorece a las coaliciones mayoritarias y perjudica a las minorías, amenaza la equidad en la representación política.































