Después de muchos meses de conciliar diferencias e intereses políticos y económicos, se anunció la construcción del Centro Integral de Revalorización de Residuos Sólidos Urbanos (CIRRSU) en el municipio de San Pedro Totolápam, con una inversión de 600 millones de pesos.
Con este nuevo esquema, se pretende resolver de manera integral y con perspectiva de largo plazo, el manejo de residuos en la Zona Metropolitana de Oaxaca, que ha puesto en gran riesgo al medio ambiente y a la salud pública de la población. Desde hace un año los desechos no se depositan en un lugar adecuado, obligando a los principales municipios de la zona a realizar grandes gastos para poder transportarlos a sitios autorizados en otros estados, o bien a utilizar lugares inapropiados y sin condiciones adecuadas.
Esta decisión era impostergable debido a que el anterior basurero municipal instalado en terrenos de Zaachila inició sus operaciones en 1981, en una zona superior a las 17 hectáreas y recibía en promedio 800 toneladas de basura diarias proveniente de 22 municipios conurbados.
El CIRRSU tendrá una planta de separación, una planta de biofertilizantes y una celda de disposición final. La planta de separación generará cuatro corrientes de productos: materia orgánica, materia inorgánica vendible, combustible derivado de residuos y un rechazo. La materia orgánica será enviada a la planta para fabricación de biofertilizantes, los inorgánicos vendibles serán comercializados al mayoreo, los combustibles derivados serán vendidos a la industria cementera y el rechazo será dispuesto en la celda de disposición final en la planta de biofertilizantes, explicó.
Mientras que la materia orgánica será procesada para generar biofertilizante y será utilizada en los programas gubernamentales destinados al campo, mientras que en la celda de disposición final se dispondrá el rechazo de ambas plantas, el cual estará compuesto principalmente por inorgánicos finos o que no puedan ser comercializados.
Derecho femenino
El voto femenino no fue obsequiado o concedido sino fue producto de una lucha histórica y un reclamo social constante por parte de las mujeres, y ahora se debe construir y maximizar el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres en todas sus vertientes.
A lo largo de los últimos años se han emitido criterios encaminados a la implementación de mecanismos de paridad de género en las postulaciones de candidaturas, tanto en su aspecto vertical como horizontal, y se ha trabajado para erradicar el fenómeno de la violencia política en razón de género, que busca impedir el acceso a la mujer a espacios del poder público.
Sin embargo, esos logros aun no son suficientes y existe la tarea permanente de evitar retrocesos o distorsiones al principio de igualdad establecido en la Constitución federal, y la tarea permanente de abonar a la construcción de nuevos mecanismos y derechos que aseguren ese ideal de igualdad.
Como mexicanos tenemos la responsabilidad de conocer nuestra propia historia, para contribuir a aprender de ella y no repetirla, y ser conscientes que esa misma desigualdad que se reflejó históricamente en la imposibilidad de las mujeres para votar, hoy puede reflejarse en otros rubros, sobre otros derechos e incluso sobre otros grupos poblacionales.
A 70 años del reconocimiento del voto femenino, se puede decir que gozan de la posibilidad de votar, ser electas y ocupar todos los cargos, por el trabajo que iniciaron muchas mexicanas en el siglo pasado. De ahí la exigencia de un mayor compromiso de la autoridad electoral de ser incluyente, ampliar los derechos y continuar en la batalla contra la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género y para lograr la paridad sustantiva en México.
Para lograr un mayor número de mujeres electas, es necesaria la participación de los partidos políticos ya que, sin ellos, no será posible. Están llamados a cumplir con el principio constitucional de paridad.



































