Escuchando un conversatorio entre Franz Hinkelammert, Enrique Dussel y Ramón Grosfoguel, en You Tube*, me llamó la atención que los tres coincidieran en pensar que el mercado, la empresa y las relaciones mercantiles, son insustituibles en el diseño de una nueva forma de vivir. Será que no conocen la verdadera historia, cultura y filosofía del México antiguo. Será que no conocen la forma actual de vida de algunos pueblos de raigambre cultural anahuaca.
Ya, hace dos años, cuando tuve la oportunidad de conversar todo un día con Ramón Grosfoguel en la Ciudad de México, sobre la historia y filosofía ancestral del Anáhuac, se sorprendió, cuando le comenté que yo pensaba que la Transmodernidad, no se puede lograr, sin la recuperación, primero, de la memoria histórica y la identidad cultural ancestral. Que los pueblos, por lo menos en este continente, mientras no “se reconecten” o tomen consciencia de su memoria histórica y su identidad cultural ancestral, no podrán salir de su estado catatónico, impuesto por la colonización y necolonización en estos cinco siglos.
Considero que la falta de conocimiento profundo y descolonizado de la historia y filosofía antigua de Anáhuac y el Tawantinsuyu, por una parte. Y, por otra parte, la falta de conocimiento de las formas de vida, usos, costumbres e instituciones de los pueblos anahuacas, en la actualidad, nos impiden encontrar una alternativa totalmente diferente del “pensamiento eurocéntrico”.
Mientras se sigan tomado los textos” del siglo XVI, como fuentes históricas fidedignas para “especular sobre el pasado antiguo”, y se siga tomando a la cultura mexica, como el referente único, del pasado milenario “prehispánico”. Mientras se siga pensando que los españoles encontraron a pueblos salvajes, primitivos, caníbales, guerreros y politeístas. Mientras se siga creyendo que aquellos que inventaron el maíz a través de lo que hoy conocemos como “ingeniería biogenética”, los que inventaron antes que nadie el cero matemático y la primera calculadora del mundo, los que desarrollaron cinco calendarios perfectamente sincronizados entre ellos, lo que implicó una rigurosa y cotidiana observación de la mecánica celeste, razonada, sistematizada, registrada y transmitida por siglos o milenios, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego y que permitía, saber y entender, que los humanos vivimos en un planeta, que está integrado en un sistema solar, y que este a su vez, está integrado en una galaxia, y que, la Tierra, tarda exactamente 25625 años en darle un giro completo al centro de la galaxia, lo que permitió a nuestros Viejos Abuelos saberse hijos de una civilización galáctica, los que inventaron y han practicado la democracia participativa más antigua y vigente, como es el mal llamado “sistema de usos y costumbres”, y que, no es más que el milenario sistema de organización tolteca, los que inventaron el primer sistema de educación obligatorio y público, con el ejercicio pleno, por siglos enteros, de la primera pedagogía y didáctica, los que investigaron e identificaron las plantas del Anáhuac y aportaron al mundo, gran parte de la farmacopea humana, los que inventaron la milpa, capaz de proporcionarle a hombres, familias y pueblos, la autosuficiencia alimenticia y la disposición de tiempo libre para investigar y construir el mayor número de Tollan (pirámides) del mundo. Mientras sigan pensando que nuestros antepasados eran primitivos e ignorantes, que construían los Tollan para adorar al agua, al viento y al fuego, y que se la pasaban en permanentes guerras, como los pueblos europeos, jamás podrán descolonizar sus mentes y su mundo. Jamás podrán poner en práctica el desafío de la Transmodernidad.
La civilización del Anáhuac, junto con la del Tawantinsuyu, que, en realidad, es una sola y es continental, es la civilización que alanzó el más alto grado de desarrollo humano en la historia del planeta. Esta civilización del continente Abyanáhuac**: no inventó ni usó el dinero, la propiedad privada, las armas y la guerra como razón de Estado, la que ha vivido, hasta nuestros días, bajo una democracia participativa, la que desarrolló la base civilizatoria en el auspicio de la unidad en base al fomento y respeto de la diversidad, la que produjo conocimiento biófilo y no inventó armas, la que educó, obligatoriamente y sin distinciones por generaciones a todos sus niños y jóvenes, la que alcanzó una capacidad y sabiduría alimentaria y nutricional asombrosamente elevada hasta nuestros días, la que desarrollo una sabiduría en el terreno de la medicina y la salud personal, familiar y comunitaria verdaderamente extraordinaria, la que inventó asombrosos y sabios sistemas de organización comunitaria, en la que se capacita, desde la temprana edad, a las personas, en “el servicio a la comunidad” a través del tequio y la democracia y derecho tolteca, que se fundamenta en el bien común, por encima del interés personal o privado.
Mientras no se cambie, radicalmente, la visión de los avances y logros de la Civilización Madre, no se podrá crear, con la sabiduría que ha logrado sobrevivir estos cinco siglos en los pueblos ancestrales y las comunidades mestizas, “una nueva” forma de vida comunitaria, inspirada en la experiencia y sabiduría ancestral. La Transmodernidad, si no recupera primero la memoria y la identidad cultural ancestral, no podrá aportar nada concreto. No se puede salir del calabozo de la colonización, con las mismas ideas del carcelero. Visite www.toltecayotl.org



































