Serán necesarias, como mínimo, 32 plantas en todo el país, con la consiguiente inversión en terrenos, ya que Pemex quizá no tenga los inmuebles requeridos en todo México, bardas, edificios y equipo; además de camiones, cosa de cinco por planta cuando menos, lo que significa 162 de estos vehículos, más sus operadores y ayudantes. Amén de cosa de 30 millones de tanques de gas para embotellar el producto y distribuirlo en los hogares mexicanos, eso si fueran 30 millones de familias consumidoras.
Planteado así el asunto, caemos en cuenta de que los gobiernos no son buenos para la distribución mercantil, verbigracia los medicamentos; entonces la tarea es colosal, y ¿en tres meses?, caray, nada garantiza que esa futura competencia haga bajar el precio, que hay que decirlo, no es culpa del Gobierno Federal sino de la economía y la ley de la oferta y la demanda.
Estamos ante parecida la buena intención entre otras, a la promesa de crear 100 universidades y oficinas de nuevo banco en todo el país.
Quizá sería más fácil decretar precio tope, o en un exceso increíble, casi imposible en las condiciones actuales y no recomendables, como hizo López Portillo al expropiar los bancos, expropiar las gaseras.
Menudo problema.
Yo también soy Pueblo.
Por allí nos encontraremos.


































