La próxima elección en el Comité Ejecutivo Seccional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en la Sección 22 correspondiente a Oaxaca, mantiene a algunos atareados buscando manipular a inconformes para enrarecer la gobernabilidad en Oaxaca. Uno de estos siniestros personajes es el secretario de Difusión y Propaganda de dicha sección, Wilbert Santiago Valdivieso, quien se ha caracterizado por traicionar los principios de su mismo gremio y sigue manipulando a un grupo de vándalos, disfrazados de normalistas, para seguir secuestrando camiones, montando bloqueos en calles y avenidas, entre otras acciones fuera de la ley. Se trata del mismo sujeto que encabezó con decenas de supuestos maestros, los actos de violencia que se suscitaron en el Centro Cultural “Santo Domingo”, hace poco menos de dos meses, en ocasión de la boda de la maestra Elba Esther Gordillo.
En otra vertiente está Rogelio Vargas Garfias, alias “Ricardo Rojo”, conocido personaje del radicalismo magisterial; miembro de la llamada Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), que fue el motor que inició la escalada de violencia en el 2006. Su ambición por posicionarse de nueva cuenta en la dirigencia seccional, le ha llevado igual que Santiago Valdivieso, a manipular a egresados del sistema de normales del estado, con la promesa de conseguirles plazas docentes, a cometer las peores bajezas y acciones temerarias. Son quienes, de espaldas a su dirigencia seccional, siguen moviendo las aguas creando un escenario de violencia en donde la carne de cañón sea, justamente, el grupo de despistados normalistas que hoy mantienen en plantón permanente en el Centro Histórico y que, a diario, secuestran autobuses y han bloqueado calles en dicha zona de la capital.
El gobierno de Alejandro Murat tiene perfectamente identificados a los que manipulan a los normalistas y sabe bien cuál es su propósito, sin embargo, el pueblo oaxaqueño sigue lamiendo la coyunda de los abusos y atropellos a sus derechos civiles, sin que la autoridad mueva una sola mano para pararlos. A los pseudo estudiantes se les ha dicho una y otra vez que las plazas docentes a las que aspiran están aseguradas, que no habrá examen de selección, pero nada los hace entender, justamente porque están inmersos en una cruzada política que nada tiene que ver con sus exigencias.
Inseguridad sin control
Sin duda alguna, Oaxaca sigue padeciendo los embates de los grupos criminales. Los retos a las corporaciones castrenses, como el Ejército Mexicano, la Marina/Armada de México, como a las policiales, Guardia Nacional y las estatales, están convirtiendo el estado en un bastión de los mismos. Justo cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador estuvo en la zona del Istmo de Tehuantepec, para supervisar los trabajos del Corredor Interoceánico, el área de Matías Romero vivió un infierno de bloqueos con unidades incendiadas, tal cual lo vemos en algunas partes del país como Laredo o Reynosa, Tamaulipas. Fueron varias unidades de motor particulares las que sucumbieron a las llamas, provocadas por grupos delictivos con el afán de reto a las autoridades y para hacerse notar.
Sin embargo, no es lo único que hay que destacar. El fin de semana pasado se registraron al menos cinco homicidios dolosos, incluyendo el de un ex candidato del Partido del Trabajo (PT) a la presidencia municipal de Pinotepa Nacional, el de un militar en jurisdicción de Miahuatlán de Porfirio Díaz y el de un activista social de la Asamblea de Pueblos Indígenas (API), en la Sierra Mazateca. Ello implica que, en el rubro de seguridad, seguimos creciendo al tenor de otras entidades del país, en donde la ley es sólo una caricatura, pues los grupos criminales imponen la suya. Mucho hemos dicho que la inseguridad que prevalece en la zona transístmica puede dar al traste con el proyecto presidencial, pues los muertos y ejecuciones se cuentan por decenas. Pese al pavor con el que vive la población; a los insistentes llamados de las autoridades locales –sólo de algunas, pues otras estarían coludidas- el Estado y sus órganos poco han podido hacer para romper esa presencia.
Desde hace años el problema se ha dejado crecer. Desde los límites de Veracruz, pasando por comunidades antes tranquilas como las Petapa, Barrio de la Soledad, Lagunas, Matías Romero, etc., han venido operando sin que nadie les haya acotado. El tiradero de cadáveres, de hombres o mujeres, ya es común. Y conforme avanza a paso lento el llamado Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), los grupos criminales van consolidando también su presencia. Y ello lo saben bien en el gobierno federal y estatal. Pero simplemente dejan hacer y dejan pasar. Hablar del tema se ha convertido en una apostasía, hasta para aquellos que hasta hace poco insistían en que Oaxaca era de las entidades más seguras del país.



































