EDUARDO ARAGÓN MIJANGOS
Debemos entender la moral como una guía de comportamiento, cuyo conocimiento y seguimiento, son indispensables para una convivencia social armónica y, por lo tanto, feliz o al menos confortable.
La moral debe ser el resultado del análisis individual del comportamiento, a la luz de la información que se tiene al alcance y que forma nuestro leal saber, concebir y entender el mundo. Aquí encontramos el primer problema, ya que desgraciadamente las personas tienen distintos niveles de conocimiento y de uso de la razón. Por lo cual, una persona que no tiene acceso a la educación o al conocimiento o que lo tiene en menor medida, va a construir una moral distinta a quien ha tenido la fortuna o habilidad de educarse y allegarse de información importante para la vida.
A pesar de las limitaciones cognitivas y racionales, la moral tiene que formarse libre, sobre todo de cualquier principio dogmático. En este sentido, las personas tienen que alejar su concepción de moral como un elemento propio de las religiones. Moral y religión son 2 cosas distintas, hay personas que entregan su vida a la religión y aun así cometen actos inmorales y ruines –grandes matanzas se han realizado en el nombre de los más diversos dioses–, así como, hay ateos con un alto sentido de la moral y el bien.
Nadie puede influir en las personas para definir su moral y por lo tanto su comportamiento, por eso es tan importante que todas reciban información general, procesada a través de una adecuada educación que les permita definir el bien y el mal, y formarse criterios propios a partir de la razón.
Una persona libre no puede sujetarse a una moral previamente determinada o que no ha surgido de su propio entendimiento, o por lo menos analizada por la razón, porque entonces la moral se convierte en una prisión indeseable, en un medio de alienación, de coerción de la voluntad y, por lo tanto, de la conducta; por eso es tan importante la libre autodeterminación de la moral, por eso son tan importantes el conocimiento, la educación y la razón.
Cuando hablamos de un Pacto Moral, éste no puede ser más que una declaración construida por la misma sociedad, no por el gobierno o la religión. Una guía de lo que personas con un mejor conocimiento del mundo pueden definir en este momento como el bien necesario e indispensable para el progreso integral de la sociedad y el cual debemos escuchar, analizar y reflexionar, pero jamás obedecer.
El bien es lo que es bueno para todos no para uno en lo individual, el corrupto piensa que hace el bien porque goza de un enriquecimiento personal, pero ese bienestar personal va en contra del bienestar general, y por lo tanto, los actos de corrupción no pueden ser catalogados como buenos; lo mismo pasa con los que venden facturas falsas, o los narcotraficantes, que pueden llegar a ser el motor económico de una comunidad, pero el daño que hacen a la humanidad es mucho peor que el beneficio de unos cuantos. Por lo tanto, es fundamental determinar el bien y mal con una perspectiva comunitaria y general, no individual.
La moral es dinámica, cambia conforme cambian las sociedades y conforme sucede el progreso o retroceso de la humanidad, los avances de la ciencia, la evolución racional e incluso la organización socioeconómica y política de la sociedad. Todas las mentes evolucionan en la medida que siguen en un constante descubrimiento del mundo, por ello, la moral, también cambia. Esta dinámica de la moral, prueba que está supeditada a la forma racional de percibir el mundo.
Nuestros actos tienen consecuencias morales y pueden ser calificados entre buenos y malos, los individuos somos responsables de esos efectos morales de nuestra conducta que lo más seguro es que tenga repercusiones en nuestra vida en sociedad para bien o para mal. Por ello, hay quién percibe la moral, como aquel conocimiento necesario para vivir en armonía en sociedad.
La felicidad general de los pueblos tiene como única condición un comportamiento individual moralmente bueno de cada uno de sus miembros sin excepción. Si queremos aspirar a un mundo en armonía tenemos todos que seguir el camino del bien. En la maldad no hay felicidad y malo no es sólo el que mata, sino también el que se salta la fila de las vacunas.
Ante esta revelación, estando conscientes de los defectos y complejidad de los seres humanos, debemos concluir que trabajar juntos en un pacto moral significa estar trabajando en un camino a la felicidad colectiva. Un Pacto Moral garantizaría que todos podamos empezar a obrar bien al mismo tiempo de la misma forma, sin miedo a ser los únicos que estamos tratando de hacer lo correcto y quedar indefensos ante el abuso de los demás. Empecemos con nuestra familia, sigamos con la colonia, la agencia municipal, poco a poco desterremos esta ética capitalista basada en la competencia y empecemos a ser buenos y solidarios, humanistas… humanos.
¿Se imaginan una comunidad donde todos sus integrantes voluntariamente deciden ser buenos?
@LaloAragonOax



































