No se debería escribir y hablar mucho sobre la libertad, es un derecho que debemos ejercer en todos los ámbitos y entornos de nuestra vida. En asuntos y materia política, el ciudadano debe practicar la libertad, en toda la inmensa amplitud que de esta recibimos por efectos del derecho natural. Hoy en día, y en diversas etapas de nuestra historia, la libertad de expresar ideas y de hacer públicas las incongruencias y excesos del poder público, está en riesgo: quien hace crítica en medios masivos de comunicación, especialmente escritos y por frecuencias radiofónicas o de televisión, se expone al señalamiento y estigmatización por parte del máximo poder político mexicano. Decenas de periodistas y reporteros son asesinados, perseguidos y sujetos de violencia física y verbal, de exhibición mañanera para crear animadversión en un público cautivo y sumiso, en conglomerados humanos que practican el ocio, simulando “construir el futuro”, o bien, el deforestar para luego fingir que se “siembra vida” plantando vástagos de árboles que no verá esta generación. Es un ciclo perverso que le cuesta al contribuyente miles de millones de pesos a disposición discrecional del caudillismo que solo piensa en campañas, en propaganda, en popularidad y —probablemente— en extensión y longevidad de un mandato.
En Oaxaca se ha sabido hacer periodismo crítico y han surgido muchos periodistas de combate, perseguidos y amenazados desde el poder. Hemos contado con espacios periodísticos que de manera valiente y decorosa dan cabida al pensamiento libre y a la crítica. Sin ser lisonjeros, con satisfacción “Hoja por Hoja” ha tenido por casi tres décadas, un lugar privilegiado en EL IMPARCIAL, el mejor diario de Oaxaca, que esta semana ha cumplido 70 años de mantener informado al pueblo oaxaqueño, sin que haya habido jamás viso alguno de censura ni de consignas para la publicación de ideas, de criterios —ciertamente subjetivos, como corresponde— pero motivadas por el afán de formar opinión ante excesos del poder, ante esa insistencia hoy presente de coartar el derecho a informar.
Articulistas, columnistas, reporteros, comentaristas estamos expuestos al señalamiento, a la mofa, a la denostación y al desprecio por la libertad. Saludamos a este diario, EL IMPARCIAL, por su actividad incesante de comunicación y por la legítima pretensión de transmitir la verdad, la crítica y puntos de vista aún divergentes de las líneas políticas que operan en contra del contribuyente y del votante.
Pero si desde el poder político se pretende ajustar los espacios de la libertad, hoy en día, sin registros oficiales, sin justificación legal, muchas organizaciones en el mundo ejercen una forma de “libertad” que se está convirtiendo en absoluta forma de intolerancia: lo “políticamente correcto” y la “ideología de género”, que inhibe el uso formal del lenguaje, que intenta la malformación de conductas. Líneas y disposiciones fantasmales persecutorias que inventan “lenguajes”, “perspectivas”, “fobias” entre otros conceptos de radicalismo intolerante. Hoy predominan “lobbies” a los que se debe oír y obedecer, a riesgo de que se cierren puertas y oportunidades y de recibir agresiones, condenas y cárcel. Hace dos días, en muchas ciudades del mundo occidental, miles y miles marcharon por el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, en una justa causa contra la brutalidad. Pero esas marchas están irónicamente marcadas por la violencia: en la Ciudad de México se causaron destrozos y las víctimas fueron precisamente mujeres policías. En España y Argentina, se incorporan varones que alegan “ser mujeres” y pueden clamar derechos que no les corresponden, pero la apertura populista en esos países parece buscar el fin de los valores y principios familiares y sociales. Abundaremos en esto.

































