SIEMPRE he dicho que el gobierno es cínico y marrullero al presentar la construcción de autopistas o supercarreteras (de cuota, pues) como obras de desarrollo, casi salidas de la filantropía; presume que hace enormes esfuerzos para la apertura de cada una de estas vías a lo largo de nuestra historia, pero qué va.
LAS CARRETERAS DE CUOTA son NEGOCIOS del gobierno. Claro que, como este es un pésimo administrador, independientemente del color que gobierne, sabrá Dios en dónde termina ese mundo de dinero que ingresa a través de las casetas de peaje, porque de lo que sí estamos seguros es que ese dinero JAMÁS se reinvierte para darles mantenimiento.
BASTA recorrer estas vías en pésimo estado y sin servicios básicos; ni siquiera reabastecen el agua en los baños y, de la nula higiene, mejor ni hablamos: entrar a un sanitario de carretera de cuota implica soportar un hedor insoportable.
DE LA INSEGURIDAD que las caracteriza, es un asunto terrible. Muchos tramos están en manos del crimen organizado, que asalta a placer camiones y camionetas de carga, así como a unidades particulares, sin que esto implique ninguna responsabilidad para CAPUFE.
ES UNA VERDADERA BURLA que las carreteras -de cuota y libres- estén llenas de caravanas de militares, marinos o unidades de policías federales y estatales, pero también de asaltantes que ninguna autoridad quiere ver. La complicidad es más que evidente.
OTRO problema: a pesar de que en 2022 el ingreso por peaje en este tipo de carreteras a cargo de CAPUFE se estimaba en 36,000 millones de pesos (que llegan a 50,000 MDP si se consideran las vías en manos de concesionarios privados, según una nota publicada por El Economista el 17 de febrero de 2022), “gran parte del dinero de las casetas no entra a una cuenta etiquetada para arreglar esa carretera específica, sino a una bolsa financiera general del Estado (FONADIN). Este fondo se utiliza para pagar deudas de rescates carreteros pasados, financiar proyectos prioritarios del gobierno en turno o cubrir déficits presupuestales”.
TODO menos para mantenimiento. ¿Ahora entienden por qué la supercarretera al Istmo, tras colapsar, no ha recibido el recurso necesario para rehabilitar una vía que solo sirvió 6 meses?
¿Ahora entienden por qué el resto de las carreteras es un desastre? Solo el 5 por ciento de lo que ingresa se reasigna a las vías; ni por ser un NEGOCIO para el gobierno le invierten lo necesario. Lo bueno es que decían que la era guinda iba a ser diferente.
LA VÍSPERA, leía en uno de los grupos digitales de comunicadores lo siguiente con respecto a la negligencia del Estado ante una de estas vías: “Hay que llevarle un pastel al túnel colapsado ‘El Tornillo’, de la Mitla-Tehuantepec; el 20 de junio pasado cumplió un año el deslave (en realidad ocurrió el 22 de junio). En el segundo aniversario, si sigue cerrado, habrá que llevarle piñatas”.
SOLO por mencionar otra situación, en la Supercarretera a la Costa (Barranca Larga-Ventanilla), recordemos lo que se ha publicado en este mismo diario, El Imparcial (9/agosto/2026), y en Quadratín Oaxaca (10/agosto/2026): “A pesar de haber sido inaugurada a bombo y platillo como la obra insignia de la conectividad oaxaqueña, la vía registra deslaves constantes y cierres parciales de circulación en tramos vulnerables por la falta de obras de contención y estabilización de taludes. Los tiempos de traslado que se prometieron de 2.5 horas se han duplicado o suspendido totalmente por horas debido a los trabajos de limpieza con maquinaria pesada”.
ES IMPOSIBLE entender semejante saqueo del dinero que recaudan las carreteras de cuota, sobre todo porque invertir más en ellas les daría más ingresos. Pero bueno, ¿qué se le puede pedir a un gobierno inútil?
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