Tercera parte
El saqueo sistemático del patrimonio arqueológico zapoteca no comenzó con la noche del 30 de noviembre de 2000. Su historia se remonta décadas atrás. Desde 1968, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documentaba en el Corpus Antiquitatum Americanensium piezas pertenecientes a las colecciones Leigh y Frissell, además de otras trasladadas a museos de Estados Unidos. La propia publicación registró parte de estos acervos, pero también dejó constancia de la salida de piezas arqueológicas oaxaqueñas extraídas durante la construcción del ferrocarril Oaxaca-México y actualmente exhibidas en el Smithsonian de Washington, D.C. ¿Con qué derecho salieron del país y bajo qué autoridad se permitió?
Otro capítulo corresponde a la donación condicionada de la colección Frissell. Howard Leigh donó su colección al Museo Frissell y el matrimonio Frissell-Ponsford entregó posteriormente el inmueble, la biblioteca, las obras de arte y el acervo arqueológico al México City College, hoy Universidad de las Américas (UDLA), con una condición expresa: nada debía salir de Mitla.
Sin embargo, en 2009 Alejandro Gertz Manero declaró que las piezas del Museo Frissell habían sido entregadas al INAH y que el inmueble se puso a disposición del entonces gobernador José Murat, cuyo gobierno habría adquirido el edificio por un millón y medio de pesos. Surge entonces una pregunta: ¿con qué derecho la UDLA vendió un inmueble recibido mediante una donación condicionada? Al desprenderse de la colección, debía rendir cuentas sobre el acervo y respetar las condiciones establecidas en la donación.
La noche del 30 de noviembre de 2000 ocurrió el asalto al museo. Al día siguiente, con el cambio de gobierno federal, Sergio Raúl Arroyo asumió la dirección del INAH. Autoridades municipales de Mitla viajaron a la Ciudad de México para denunciar el saqueo, pero no fueron recibidas. Existen oficios sellados que acreditan la entrega de la denuncia. El 6 de marzo de 2001, el síndico municipal de Mitla acudió ante un vicerrector de la UDLA con un oficio de reclamo, que fue recibido y firmado. Posteriormente se le informó que las piezas habían sido enviadas a la UDLAP de Puebla.
El silencio institucional ha dejado numerosas interrogantes: ¿por qué el INAH no informó al Ayuntamiento sobre las piezas recibidas? ¿Existía un inventario completo? ¿Dónde quedó el acervo? La falta de información contribuyó a que el patrimonio de Mitla se dispersara sin control.
Años después, restaurada la Casa Consistorial por el gobierno de Ulises Ruiz, el INAH reabrió el museo con piezas extraordinarias: gobernantes de Monte Albán, deidades zapotecas, urnas y figuras colosales. Sin embargo, solo se exhibe una fracción de las miles de piezas que integraban la colección original.
En agosto se inauguró una exposición de 50 fotografías pertenecientes a las colecciones Frissell y Leigh, resguardadas durante casi medio siglo por la maestra Sandra Belitza-Vásquez. Las imágenes son valiosas, pero también reavivan una pregunta pendiente: ¿dónde están las piezas originales?
A esta historia se suman cuestionamientos sobre la propiedad del inmueble y modificaciones arquitectónicas realizadas en la Casa Consistorial. El exsíndico Rufino Aguilar Quero fue uno de los mitlecos que exigió la devolución del acervo al pueblo. También existen versiones sobre supuestos espacios concedidos a particulares que no aparecen en la escritura de donación de 1959, además de la construcción irregular de locales comerciales que altera la imagen del inmueble histórico.
El caso plantea una deuda histórica con Mitla. La falta de una denuncia institucional por el asalto de 2000, la dispersión del acervo y las dudas sobre la propiedad del inmueble exigen una explicación. El pueblo de Mitla reclama verdad, transparencia, rendición de cuentas y, sobre todo, la restitución de su patrimonio arqueológico. El saqueo no puede permanecer encubierto por el silencio de las autoridades.


































