En los últimos tiempos y a raíz de las lluvias atípicas de hace un par de semanas, varios incidentes en nuestro sistema de agua potable y drenaje urbano, han mostrado el error oficial en desatender quejas y denuncias. Las redes sociales y los medios de comunicación se han convertido en el instrumento ciudadano para informar de fugas de agua potable o aguas negras; ruptura de tubos o rebalse de alcantarillas. Sólo en la semana anterior se dieron a conocer una decena o más de incidentes. Estamos ya en el período oficial de la temporada de lluvias y el efecto de alcantarillas llenas de basura o de tierra, sin tapas y sin mantenimiento, se convierten en motor de inundaciones y daños graves. Con la última lluvia fuerte y granizada, por ejemplo, la alcantarilla ubicada en Fuerza Aérea Mexicana -antes Naranjos- en la Colonia Reforma, volvió a convertirse en un riesgo ciudadano.
Lo que fueron baches se transforman en cuestión de días en socavones si no se atienden con oportunidad y eficacia. Se sabe que dicha labor le compete al Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado, aunque tampoco el ayuntamiento de Oaxaca de Juárez debe ser ajeno. Es su jurisdicción y su responsabilidad. La emergencia no es un tema de competencias, más si se anticipan temporales de resultados impredecibles. Ya que ocurren siniestros se atienden los desperfectos. Ahogado el niño se tapa el pozo. Es cierto, el sistema de drenaje y tuberías de agua potable, parecen no figurar en la prioridad de las obras gubernamentales. Grandes fugas del vital líquido se dan por tuberías averiadas o inservibles, mientras cientos de colonias populares mueren de sed en el estiaje.
Pueden pasar días para que el reporte de alguna fuga sea atendido. Aguas pestilentes corren como ríos, como amenazas a la salud o el agua limpia se desperdicia de manera irresponsable. Urgen pues medidas de prevención para evitar inundaciones y siniestros. Si bien eso no será la panacea que evite los males que traigan consigo las lluvias, es un atenuante para evitar daños mayores. Ojalá pues que las autoridades competentes asuman su responsabilidad y no salgan con el trillado argumento de que no cuentan con recursos. El ciudadano paga sus impuestos y los servicios de consumo. Puede por tanto exigir una mejora en el servicio y el mantenimiento. Los incidentes no pueden dejarse al arbitrio del tiempo o las circunstancias.
El camino trillado
El pasado 1 de mayo terminó el fin de semana largo de principios de este mes. Desde hace días, la Secretaría de Turismo mencionaba un promedio de ocupación mayor al 85%, lo que implica que Oaxaca y sus principales destinos, a poco de pasar la temporada vacacional de Semana Santa, siguen atrayendo a visitantes del país y el extranjero. Lo hemos dicho con insistencia en este espacio editorial: no obstante, los problemas en la gobernabilidad, como cierres carreteros, conflictos agrarios, bloqueos en la ciudad, etc., seguimos teniendo un gran imán de atracción. Ciertamente, Oaxaca se ha convertido en un destino turístico privilegiado al que le hace falta mucho para lograr parámetros de afluencia y derrama económica como otros destinos del país y lograr lo que dijo el gobernador Salomón Jara: hacer de la entidad un destino de orden mundial.
He ahí el por qué mucho insistimos en que hace falta imaginación y el diseño de estrategias innovadoras para apuntalar la industria sin chimeneas. Que no se sigan los mismos patrones de regímenes anteriores, sino apostarle, asimismo, a una ambiciosa promoción no sólo de la capital, sino de los principales destinos, de los pueblos mágicos y de los balnearios naturales. Si bien es cierto que aún falta por conocer las directrices del Plan Estatal de Desarrollo en la materia, hay cuestiones elementales que debe llevar a cabo la dependencia responsable de este rubro. No hay que olvidar que, en el pasado, el titular sólo cacareaba los resultados de cada temporada, pero no se sabía del diseño de una política de mayor alcance, que permita aprovechar todo lo que tiene el estado, como un destino completo.
Una de las acciones que ya no se ven, es la comunicación constante y permanente con las organizaciones, asociaciones, cámaras y otras, para hacerlas partícipes y corresponsables de la política turística, es decir, acotar esos viejos cartabones de que todo lo hace el gobierno. Estamos en los meses previos a los festejos de julio y de la celebración de nuestra fiesta máxima: La Guelaguetza. Y ya se escucha la mala nota de la especulación con los boletos para las cuatro presentaciones. Ello fue objeto de críticas y negocios de funcionarios en el pasado régimen y de no tomar el tema con seriedad, con certeza volverá a estar en los medios y redes sociales como una campaña negativa que, a la larga afecte de manera integral a nuestra industria sin chimeneas.



































