Todo indica que los gritos y sombrerazos que exhibieron los maestros “conservadores de la izquierda” (según el propio AMLO) aglutinados en el cartel22 y la CNTE, en los alrededores de la cámara de diputados del Congreso de la Unión, son sus últimos estertores. Digo esto porque sus mañas abrevadas especialmente en Oaxaca durante los últimos 35 años, poco sirvieron.
Cierto es que abrogaron la Reforma de Peña Nieto, pero eso de que “no quedaría ni una coma”, resultó falaz. En el nuevo dictamen sigue vigente la evaluación y se acota el tráfico de plazas que, a decir del PRIAN, “recupera el corazón de la abrogada ley educativa peñista”.
Para el próximo martes la nueva reforma podría quedar aprobada por el pleno de la cámara baja. Hay la sospecha de que los diputados estén preparando otro albazo.
Entre esos legisladores están los 43 “levantadedos” al servicio de la CNTE-cartel22 como los rijosos Irán Santiago, AzarelChepi y la michoacana María Chávez Pérez que, por lo visto, votaron sin convicción como miembros de la comisión de educación. El primero, aunque de manera vacilante, alzó la mano y el segundo, cómodamente se abstuvo en tanto que la dama lo hizo en contra, abiertamente.
DILEMA
No obstante que juran lealtad a la CNTE muchos de sus diputados votaron en contra, otros a favor e, igual que los del PT, algunos se fueron por la línea de la cómoda abstención.
¿Por qué actúan así? Saben que su organización padece un rotundo rechazo social. Tienen claro también que sus violentos métodos de lucha están muy desgastados. Su ánimo va de la duda a la contradicción. Consideran, por ejemplo, actitud malsana su apego al “accionar” callejero del terrorismo que pusieron en práctica cuando buscaban el poder y su icono era el candidato López Obrador. Seguir con la misma tónica del fanatismo “revolucionario”, ellos mismos lo consideran improcedente cuando ya son gobierno ¡Vaya, dilema!
Lo que hay que reconocer es la audacia del presidente López Obrador que, en el poder, olvida los ofrecimientos que en campaña hizo a sus principales aliados, los de la CNTE.
Como candidato hizo promesas que en el poder se convierten en prohibitivos. No se atrevió a legalizar, por ejemplo, la concesión de plazas de manera automática. Esto quiere decir que al egresar los normalistas podrían ingresar al servicio docente, pero para promociones y ascensos tendrán que sujetarse a un proceso de evaluación que aplicará una nueva institución calificadora del sistema educativo.
“La admisión, promoción y reconocimiento del personal que ejerza la función docente, directiva o de supervisión, se realizará a través de procesos de selección a los que concurran los aspirantes en igualdad de condiciones”, dice el dictamen.
ENGAÑA CON LA VERDAD
Otro punto que entraña audacia del presidente AMLO es la reforma que aprobó el Senado de la República y que se refiere a la ley para que el presidente, los legisladores y gobernadores puedan ser juzgados por delitos electorales, actos de corrupción, traición a la patria, entre otros. La realidad oculta es que el presidente no podrá ser imputado tan fácilmente por esa serie de delitos que mencionan.
Hay un artículo que establece que proceder penalmente contra el presidente de la República solo será posible hacerlo ante la Cámara alta que resolverá si procede. Es decir, el candado que cerrará o abrirá de acuerdo al ánimo presidencial y más si tiene mayoría. Pura pantomima.
EL SALTO DEL CHAPULÍN
El gran fracaso de las elecciones pasadas parece que hizo reaccionar a los priistas históricos, doctrinarios que, en estas fechas, han logrado que su partido tome dos acciones históricas que podrían reanimarlo. Primero, acuerdan proceso democrático inédito para renovar la dirigencia nacional del PRI. Segundo, establecen que el próximo uno de septiembre como fecha de la elección en la que la militancia decida con su voto directo quiénes serán sus nuevos directivos.
Son prácticas democráticas de las que el partido tricolor se había apartado en los últimos cinco sexenios.
En la historia reciente, el PRI siempre había decidido, desde las cúpulas, el nombre de sus dirigentes. Ahora, de manera directa y democrática, dispondrán quiénes serán sus líderes para el periodo 2019-2023.
La dirigencia nacional del PRI, que encabezan Claudia Ruiz Massieu y Arturo Zamora Jiménez, presidenta y secretario general, respectivamente, y los que se han interesado en participar en el proceso interno, tomaron el acuerdo. Decidieron también que la elección interna sea organizada por el INE y que se utilice el método tradicional de la boleta impresa a efecto de que la militancia priista decida, abiertamente, quiénes dirigirán el Revolucionario Institucional.
Otro de los acuerdos a los que llegaron es que la fecha límite de registro para contender en este proceso interno, sea el 10 de mayo del presente año.
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