Es una urgencia que se define como la presencia de convulsiones por un tiempo mayor de treinta minutos. Estas convulsiones pueden ser continuas o quizás puedan ser intermitentes sin recuperación del estado de conciencia entre los eventos convulsivos. El riesgo para el sistema neurológico es que la alteración persistente en tiempo prolongado compromete su función por la excitación nerviosa, falta de oxígeno y daño celular secundario, con posibilidad de generar más focos epilépticos o bien dañar el tejido neuronal sin una recuperación adecuada.
El tiempo referido de treinta minutos se justifica en consideración a la posibilidad de desarrollar consecuencias (secuelas) en el tejido cerebral, además de considerar que con el avance de conocimientos médicos. es el tiempo en que se puede tener un pronóstico favorable si se remite el cuadro con una duración menor de este evento.
La incidencia del estado epiléptico en niños es referida de dos por cada diez mil habitantes en general, pero entre pacientes con epilepsia la cifra es de 2 a 15%. En los pacientes con epilepsia, la frecuencia de que su primera convulsión sea mayor de 30 minutos es del 10% y de los que tienen convulsiones por fiebre solo el 5% tendrá esa duración.
La mayoría de las ocasiones, la población en general considera que el ataque epiléptico se establece a partir de alteraciones convulsivas anticipadas por un grito, pérdida del equilibrio, seguido de sacudidas como descontroles corporales, de: alternancia de espasticidad o contractura muscular con debilidad o flacidez de grupos musculares variados, manifestando en el niño o adolescente: movimientos repetitivos de extensiones y flexiones, acompañadas de pérdida del estado consciente con variantes, que pueden incluir: salivación excesiva, sudoración, emisión urinaria o de evacuación. En la mayoría de las ocasiones este cuadro se autolimita en tiempo menor a 30 minutos dejando al paciente con estado de somnolencia, debilidad y/o confusión. Se le considera como estado epiléptico, cuando pasa más de este tiempo convulsionando o no hay recuperación de su estado consiente, durante ese mismo periodo de tiempo.
Pero existen otros estados epilépticos pueden pasar por desapercibido por el paciente y familiares, por tener un comportamiento diferente y, en consecuencia, también esas alteraciones pueden pasar por desapercibidas cuando su duración es mayor de los treinta minutos.
Cuando se trata de una variedad parcial simple, habrá alteraciones con tono muscular incrementado (contracción sostenida) o si la variante es clónica tendrá flacidez muscular. Esta alteración no causa un deterioro importante de la conciencia, pero puede estar acompañado de sentimientos subjetivos recurrentes corporales (adormecimientos, piquetes, etc.) o alucinaciones visuales.
En los estados parciales complejos se presenta alteración importante en la conciencia, asociando una falta de recuerdo del evento acompañado de movimientos automatizados especiales repetitivos sin un fin especial, asociados con mirada fija; en algunos casos, con gritos o vocalización que los hace sentir en ocasiones, como confundidos y en otras ocasiones: sin respuesta a los estímulos externos. En forma desafortunada estos episodios son seguidos -al tiempo- por deficiencia intelectual en algunos casos, por lo que es importante reconocer esta discapacidad cuando tienen duración prolongada y referirla en consultas.
Otra alteración se le conoce como ataques (o crisis) de ausencia. Estos se presentan como episodios prolongados de alteración en la capacidad de poder responder a estímulos externos, con poca o nula actividad. La alteración de la conciencia puede no ser severa, pero se aprecia la conducta o los movimientos en forma automatizada de las actividades habituales, siendo posible en ocasiones distinguirlos por asociar sacudidas o temblores de los párpados para poder sospechar su existencia. Cuando tienen duración prolongada, se corre el riesgo de producir eventos de convulsión generalizada.
Cuando la epilepsia parcial y la ausencia se prolongan por más de treinta minutos, se les denomina estado epiléptico no convulsivo, que dará manifestaciones de alteración en el trazo del electroencefalograma en las dos terceras partes de las ocasiones. Sin llegar a sospechar la existencia de esta alteración en una tercera parte restante, que son los que corren riesgo de desarrollar en forma futura ataques de generalización secundaria, al no contar con tratamiento específico.
Las causas de estas alteraciones pueden ser muy diversas. Entre ellas se encuentran las condiciones agudas como las producidas por infecciones del sistema nervioso, los golpes en el cerebro (traumatismo encefálico), deficiencia de azúcar (hipoglucemia), intoxicación o abstinencia de drogas. En otras ocasiones puede ser manifestación de una enfermedad neurológica progresiva de tipo metabólico o un tumor, que ante la falta de corrección dará un daño progresivo. Puede ser también por deficiencia de respiración al momento de nacer; en otras ocasiones, por presencia de fiebre en pacientes con o sin antecedente de convulsiones, cambios de medicamentos anticonvulsivantes o falta de tratamiento anticonvulsivante y finalmente, en algunos no se identifica su causa.
En todos los casos que se presente esta alteración, los familiares deben tener capacidad para poder ayudar a evitar situaciones de riesgo y de posibles complicaciones, en caso de no ofrecer las medidas adecuadas para su atención.
En el momento de pérdida de conocimiento y caída, otra persona adicional se encargará de solicitar la asistencia de algún sistema médico de emergencia, mientras que la otra atenderá al paciente, que se le deberá de retirar de aquellos factores ambientales que puedan considerarse de riesgo, como proximidad de chimeneas, cristales cercanos, vehículos en movimiento, sitios elevados, objetos filosos por poder causar lesiones secundarias durante los movimientos no coordinados.
Ya colocado en un lugar seguro, se le deberá de colocar en una posición que le permita mantener sus vías respiratorias rectas (sin flexión), que se logra manteniendo el cuello en extensión y la posición de la nariz como si tratara de percibir algún olor en el ambiente, para permitir su respiración espontánea durante el evento convulsivo, comprobando también que no tenga objetos adicionales en el interior de su boca que puedan obstruir al sistema respiratorio (chicles, alimento, etc.) procurando retirar mediante dispositivos mecánicos convenientes, evitando introducir los dedos ante la posibilidad que por el evento convulsivo pueda realizar mordeduras con una presión intensa capaz de producir herida o mutilaciones. De ser posible, colocar algún objeto entre piezas dentales para evitar lesión en su lengua, pero no empeñarse en esa medida, ya que si la lengua ya se ha cortado hay riesgo de sufrir mordedura grave por el intento. Colocar la cabeza en un nivel inferior y de lado, con intención que las secreciones de boca y nariz o vómito puedan ser fácilmente retiradas con equipo de succión o con alguna compresa. Comprobar que mantenga su ritmo respiratorio y se recupere en los siguientes cinco a diez minutos.
En caso de notar que el evento de convulsiones se está prolongado, deberá de trasladar al paciente a la unidad hospitalaria más cercana a fin de que se aplique el (los) medicamento (s) con los que se controle el evento convulsivo, posiblemente por vía rectal o nasal, si no es posible colocar una vía de acceso venoso.
Es posible que el paciente sea sometido al efecto de medicamentos sedantes y con asistencia respiratoria mecánica para evitar su persistencia de eventos convulsivos, para que, al tener estabilidad relativa, puedan realizarse los estudios necesarios y la combinación apropiada de medicamentos anticonvulsivantes.
En pacientes que son epilépticos y tienen manejo con medicamentos específicos, no deberán de dejar su tratamiento, evitar estímulos sensoriales intensos y no desvelarse…
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