La enfermedad de manos, pies y boca es una enfermedad viral común que suele afectar a bebés y niños, pero también puede afectar a los adultos. La infección suele afectar las manos, los pies, la boca y, en ocasiones, incluso los genitales y región glútea. En la mayoría de los casos, esta enfermedad es causada por un virus conocido como Coxsackie A del tipo 16, pero muchas otras cepas de virus Coxsackie y otros virus (enterovirus) también pueden causarla.
Esta infección viral no es exclusiva de una zona en particular, sino que se produce en todo el mundo. Los niños -en especial menores de 7 años, tienden a infectarse a una tasa más alta que los adultos, por lo que es muy común que se puedan reportar brotes en guarderías, campamentos de verano o dentro de la familia, su mortalidad reportada en grandes epidemias es de 0.03% con mayor afectación a niños en edad de 13 a 23 meses. La tendencia a ocurrir con mayor frecuencia se establece con predominio en verano, aunque en las zonas del trópico no suele tener predominio estacional. En su incidencia se nota correlación positiva entre un aumento de temperatura y la humedad ambiental. Suele manifestarse con síntomas más notorios en los hombres.
A partir de su ingesta oral, el virus es capaz de propagarse a través del sistema digestivo y la vía respiratoria superior del huésped afectado, y también del líquido de las lesiones dérmicas, con mayor tendencia infecciosa durante la primera semana de la enfermedad, con un periodo de incubación de tres a seis días. Tras la ingestión, el virus se multiplica en el tejido linfático del intestino delgado y la faringe, y se propaga a los ganglios linfáticos regionales. Esto puede propagarse a múltiples órganos, como el sistema nervioso central, corazón, hígado y la piel.
La enfermedad puede comenzar con fiebre baja, disminución del apetito y malestar general. El síntoma de presentación más común suele ser dolor en la boca o garganta secundario a las lesiones inflamatorias de la mucosa oral (enantema) en donde se distingue un halo delgado enrojecido que rodea la presencia de vesículas, que eventualmente pueden romperse y forman úlceras superficiales con una base o fondo de color gris amarillento y un borde enrojecido. Las lesiones que se desarrollan en la piel se les llama: exantema que en esta zona puede tener el aspecto de mancha, grano muy pequeño (pápula) o aspecto de globo en miniatura (vesícula), con tamaños que miden entre 2 y 6 mm, y habitualmente no se asocian con sensación de comezón o de dolor. Duran alrededor de 10 días, tienden a romperse y con esto dan lugar a lesiones en la piel como excavaciones indoloras y superficiales que no dejan cicatriz (por ser de afección muy superficial).
Este exantema puede afectar las manos, los pies, los glúteos, las piernas y el dorso de los brazos. Las lesiones orales comúnmente incluyen úlceras bucales y linguales, pero también pueden afectar el paladar blando (hacia el fondo).
El curso natural de la enfermedad después de una semana es hacia la remisión espontánea, desapareciendo toda evidencia en la piel después de dos semanas y la infección rara vez recurre o persiste ante el desarrollo de anticuerpos específicos formados en el sistema inmunológico. En general, no amerita en la mayoría de las ocasiones más que medidas higiénicas básicas y cuidados generales para disminuir sus manifestaciones inflamatorias en boca y/o garganta. Como complicaciones posibles, la más común es la infección agregada por bacterias ante deficiencia en medidas higiénicas o por condiciones particulares del afectado por una respuesta inflamatoria exagerada o por deficiencia de respuesta inmune. Otra posible complicación puede ser también la percepción de dolor en las lesiones ulceradas de la boca, que pueden limitar el consumo de alimentos que justificará a proporcionar los líquidos en pequeños volúmenes durante tiempo más prolongado para su mejor tolerancia.
La enfermedad -en muy raras ocasiones-, también puede presentarse con características atípicas, como una infección de las capas que envuelven al cerebro, sin evidencia de bacterias (meningitis aséptica) concomitante. Otro tipo de enterovirus, menos frecuentes de esta enfermedad pueden llegar a sospecharse cuando asocian además alteraciones inflamatorias en región cerebral y/o raíces nerviosas.
Existen otro tipo de alteraciones en la piel y/o boca que pueden llegar a confundirse con esta enfermedad, como: varicela, herpes (estomatitis herpética o herpangina), faringitis viral, enfermedad de Kawasaki, eritema polimorfo, fiebre maculosa de las montañas rocallosas, síndrome de Stevens-Johnson, donde las manifestaciones adicionales contrastan por tener mayor intensidad en su expresión sintomática, pero ante la duda, es mejor contar la evaluación del pediatra o especialista en infectología pediátrica para garantizar el mejor tratamiento y evolución posterior.
Esta enfermedad por sus características y causa particular no justifica realizar estudios de laboratorio, ya que el agenta causal de tipo viral suele ser difícil poner en evidencia con estudios habituales. Por su evolución y características presentes en el afectado la identificación de la enfermedad, no suele representar un grado especial de dificultad.
Como medidas preventivas, la educación de pacientes y padres es fundamental para reducir la transmisión de la enfermedad de manos, pies y boca entre niños y adultos. Se ha demostrado que el lavado de manos es una estrategia eficaz para prevenir la transmisión de la enfermedad. También se debe aconsejar a los padres que mantengan a sus hijos alejados de personas inmunodeprimidas, como niños en sus primeros tres meses de vida, niños desnutridos y/o pacientes bajo tratamiento inmunosupresor o para el cáncer, debido al posible riesgo de desarrollar una enfermedad grave en el inmunocomprometido.
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