DICE el gobierno de SHEINBAUM que el Programa de Vivienda para el Bienestar impulsará el crecimiento económico, aportará el 1 por ciento del PIB y beneficiará a 30 millones de personas. Mientras no se repliquen las chapucerías que el extinto HUGO CHÁVEZ sembró en Venezuela, y estas construcciones no resulten endebles ni mortales, todo estará bien. El tiempo dirá.
YA VEN el trágico balance oficial del pueblo venezolano: más de 1,700 muertos (aunque las estimaciones proyectan que las defunciones podrían alcanzar las 10 mil), mientras que las cifras del régimen -totalmente fuera de la realidad- reducen el número de heridos en apenas 5,034 personas.
SON más de 58 mil edificios dañados. Venezuela está pagando el costo de la improvisación y la corrupción; el precio, como señalan los expertos, “de edificar con materiales endebles, cemento de pésima calidad y varillas sin el grosor normativo, sumado a una total ausencia de criterios de ingeniería sismorresistente”. Como bien lo referían en un posteo de redes sociales: “La complicidad en las licencias de construcción terminó por convertir a los inmuebles en trampas mortales ante el primer movimiento telúrico”.
ES EL PROBLEMA de creer en políticos que, para mantenerse en el cargo, tramposamente se disfrazaron de benefactores. Supuestos “filántropos” que entregaron casas a cambio de votos y repartieron dinero a través de programas sociales para consolidar su hegemonía. Venezuela ya comprobó el resultado de esas facturas a largo plazo: engaños populistas que, tarde o temprano, terminan pagando los gobernados.
LA HISTORIA es implacable y siempre ofrece espejos de lo que puede venir. Quién no recuerda cómo, en la hoy destrozada nación sudamericana, HUGO CHÁVEZ emprendió la “Gran Misión Vivienda Venezuela” bajo la promesa de un hogar con subsidio gubernamental.
SEGÚN documentaron medios internacionales como El País, “este ambicioso programa arrastró severos cuestionamientos de expertos inmobiliarios debido a la opacidad de los recursos, la velocidad desmedida de las obras y la falta de controles de calidad”.
ESPEREMOS que el gobierno mexicano no esté repitiendo los vicios típicos de esos marrulleros regímenes de izquierda, que construyen pensando que el presente es eterno, soslayando que el futuro siempre llega a cobrar las cuentas.
EL SALTO DEL CHAPULÍN
POR LOS RUMBOS de San Martín Mexicapan, un grupo de mototaxistas hizo gala hace unos días de la patente de corso que les brindan las mafias sindicales que los cobijan.
LA COLOCACIÓN de boyas metálicas en la recién repavimentada prolongación de Valerio Trujano hacía la vía completamente intransitable y causaba un daño severo a sus unidades. Al final, el golpeteo y el retraso vehicular por los supuestos “reductores de velocidad” resultó peor que cuando se circulaba entre los baches de antaño. Ante esto, los mini transportistas tomaron una medida radical: fueron a la avenida y retiraron las estructuras a marrazos y barretazos.
LO CURIOSO es que los usuarios afectados por esa incivilizada ocurrencia vial aplaudían la acción. Actuar fuera de la ley es incorrecto, desde luego; pero remodelar calles sin el menor sentido común y fuera de toda normativa técnica, también lo es.
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