El periodismo no es moco de pavo. Cuesta mucho trabajo. Es un esfuerzo de muchos. De firmeza y solidaridad humana. Es, sobre todo, una vocación y es una profesión u oficio, como quiera usted llamarle, pero es un ejercicio en el que se cimienta uno de los derechos fundamentales de todo ser humano en cualquier lugar y en todo momento: la libertad de expresión.
Y es esta libertad de expresión la que le ha dado sentido a EL IMPARCIAL, un periódico oaxaqueño que nació el 26 de noviembre de 1951 y que, por lo mismo, hoy cumple 74 maravillosos años de trabajo, de reciedumbre, de verdad y de lucha por seguir y caminar para que todos los oaxaqueños, en cualquier lugar de nuestra geografía, y aun los que están fuera del país y añoran su terruño, estén enterados y sepan, con certeza y verdad, lo que pasa y lo que ocurre en nuestro ombligo oaxaqueño.
Llegué a EL IMPARCIAL, nuestra casa, mi casa, hace ya más de diez años. Y he publicado aquí dos veces por semana desde entonces y puedo decir, llenándome el pecho de algarabía, y la conciencia y la lucidez firmes, que nunca, en estos diez años, he sido censurado por lo que pienso, por lo que analizo, por lo que digo, por lo que expreso. Y eso es un mérito de esta casa editorial porque habla de su solidez y su libertad editorial.
EL IMPARCIAL ha sido mi casa editorial oaxaqueña por todos estos años y he podido hablar, platicar, expresar y decir a toda voz, para que los lectores de la edición en papel y el digital sepan que hay otros ojos, otros oídos, otro olfato y vista y tacto que viven por ellos, para ellos, para su libertad, para su felicidad y para el respeto.
El periodismo es al gobierno, lo que un árbitro de fut bol a los jugadores: Tiene que silbar cuando cometen un error, cuando cometen una infracción, cuando dañan su tarea deportiva. El árbitro no puede aplaudir cada buena jugada del deportista porque es su obligación hacerlo bien.
Felicidades a EL IMPARCIAL de Oaxaca. Felicidades a todos mis colegas aquí presentes. Felicidades a los editores, a los reporteros, a los redactores, a los fotógrafos, a los técnicos de talleres, a los distribuidores a todos en nuestro hogar editorial y, por supuesto, a los directivos de EL IMPARCIAL que es nuestro orgullo y orgullo de los oaxaqueños que somos. ¡Y que siga la fiesta!






































