¡Salió más cara la medicina que la enfermedad! Salomón Jara convirtió la “Primavera” en un tianguis de favores donde se premia el servilismo, la mediocridad y los nexos oscuros; Yesenia Nolasco, Vilma “La Naranjera” y Saymi Pineda cobran en grande la factura de la impunidad mientras Oaxaca se hunde en la miseria.
“Cría cuervos y te sacarán los ojos, pero junta parásitos y te vaciarán las arcas”, y en el tablero político de Palacio de Gobierno la dignidad empeñó la conciencia por un plato de lentejas. Bienvenidos a una nueva, picante, recargada y bien filosa entrega de El Huarachazo, el único espacio libre de convenios oficiales que no se dobla ante las órdenes del “Rey del Dedazo”, no le rinde pleitesía al régimen jarista ni le aplaude las comedias a sus alfiles. Vaya cochinero el que ha armado Salomón Jara para pagar facturas y amarrar lealtades a ciegas: regaló secretarías de estado y candidaturas a puras fichas recicladas del viejo régimen, convertidas hoy en damas de la opulencia a costa del sudor del pueblo. De chapulinas profesionales a magnates de la política de la noche a la mañana, el entramado de la Primavera Oaxaqueña huele a podrido y ya le llegó la fecha de caducidad. ¡Pásenle a lo barrido, que hoy no dejamos títere con cabeza!
1. Yesenia Nolasco: la chapulina mayor que ahora “administra” el movilismo
“El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija… ¡aunque el árbol esté podrido!” La trayectoria de Yesenia Nolasco es el monumento vivo al oportunismo político. Primero brincó como diputada federal por el PRD (2012-2015), luego gobernó Santo Domingo Tehuantepec envuelta en la bandera del PAN-PRD (2017-2018), para después acurrucarse descaradamente en el regazo de Morena como diputada local. Como recompensa a su lealtad ciega hacia Salomón Jara, la metieron de Subsecretaria en la SEGO, donde brilló por su absoluta intrascendencia y trabajo gris.
Pero la ambición no tiene llenadera. Quisieron imponerla a la fuerza como candidata en Salina Cruz para entregarle a Jara el control del Corredor Interoceánico, sin contar con que el pueblo salinacrusense le acomodó una patada de rechazo por oportunista y forastera, haciéndole el favor Daniel Méndez Sosa. ¿Y cuál fue el “castigo” de Salomón ante semejante repudio popular? ¡Premiarla con la titularidad de la Secretaría de Movilidad (SEMOVI)! Un cargo que le queda gigantesco, donde opera como un florero obsoleto que solo sirve para firmar los caprichos del Ejecutivo mientras el transporte público en el estado es un completo caos, no ha podido meter en cintura a la ASAEO.
2. Vilma Martínez: de “la naranjera” a la opulencia en camionetas de lujo
“Dinero que de noche viene, de día se disipa… o se gasta en camionetas de alta gama”. Nadie juzga el trabajo honrado del campo o el comercio, pero lo que no cuadra ni a fórceps es cómo en un par de trienios la exalcaldesa de Tehuantepec pasó de la sencillez a una riqueza inexplicable, dejando a su municipio en la ruina total. Vilma Martínez Cortés —quien también inició su carrera bajo la sombra del PRD— gobernó Tehuantepec por dos periodos seguidos bajo la bandera de Morena (2019-2024), dejando un legado nefasto: obras fantasma, crisis severa de agua potable, homicidios al alza y robos desatados.
A pesar del hartazgo ciudadano, Papá Salomón la cobijó en el gabinete legal nombrándola Secretaria de Bienestar, Tequio e Inclusión (SEBIENTI). Hoy, doña Vilma se placea cínicamente en redes sociales a bordo de camionetas de súper lujo, justificando sin vergüenza que “son rentadas”, mientras promueve su imagen para el próximo hueso. Para colmo, heredó la alcaldía a la desangelada Dra. Ana Cecilia Pérez Velásquez, quien sigue manteniendo a Tehuantepec a la deriva, sin rumbo ni seguridad.
3. Saymi Pineda: de vender pescado a los excesos “buchones” y sombras criminales
“El que nunca ha tenido y llega a tener, loco se quiere volver”. La historia de Saymi Adriana Pineda Velasco parece sacada de un cuento de ficción de la Primavera Oaxaqueña. De ser una completa desconocida sin perfil ni trayectoria política en Pochutla, saltó a la alcaldía y de ahí directamente a la Secretaría de Turismo (SECTUR), todo gracias a su alianza económica y política incondicional con Salomón Jara. La metamorfosis de aquella joven que vendía pescado en la Costa a la actual funcionaria es abismal: exceso de arreglos estéticos, despliegues de imagen “estilo buchón” y una millonaria campaña anticipada con la que sueña alcanzar la gubernatura.
Pero el barniz de la opulencia no tapa los verdaderos escándalos. Saymi Pineda ha sido duramente cuestionada por sus presuntos vínculos con Ricardo Estévez Colmenares, alias “El Bogar”, un objetivo prioritario para las autoridades federales, la Fiscalía del Estado y hasta boletinado por la OFAC de Estados Unidos por extorsión, narcotráfico, cobro de piso y control de mafias sindicales como la ASAEO. Entre un desempeño paupérrimo en la promoción turística real, campañas de vanidad pagadas con el erario y sombras que rozan el crimen organizado, Pineda representa la estampa perfecta de los alfiles del jarismo: lealtad absoluta a cambio de impunidad total.
En resumidas cuentas, mis estimados lectores: tenemos un gobierno estatal sustentado en el intercambio de favores, donde las secretarías se reparten como premios de consolación a funcionarias grises, enriquecidas y cuestionadas. ‘Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe’, y a este régimen de caciques y dedazos se le está terminando el crédito ante un pueblo oaxaqueño que ya no tolera más burla.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!
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Herida abierta en la memoria zapoteca
y la dignidad cultural de Oaxaca
Última parte
Ana María Soledad Cruz Vasconcelos
Veintiséis años después del asalto al Museo Frissell, la herida sigue abierta. No por el saqueo en sí —que fue brutal, sí, pero también inmediato— sino por lo que vino después: el silencio institucional, la falta de respuestas, la opacidad y la ausencia de un proyecto claro para conservar y exhibir uno de los acervos zapotecos más extraordinarios del país.
Mitla entregó durante décadas sus piezas arqueológicas al Museo Frissell con confianza y orgullo. Las autoridades municipales documentaron hallazgos, los registraron ante el INAH y los depositaron en un recinto que nació de la voluntad comunitaria y del rigor académico. Los inventarios inscritos en el Registro Público del INAH no dejan lugar a dudas: eran miles de piezas, fotografiadas, catalogadas, estudiadas. Un acervo monumental. Pero tras el asalto del 30 de noviembre del año 2000, algo se quebró. Las autoridades municipales acudieron al INAH para denunciar, para pedir apoyo, para exigir claridad. Nunca fueron recibidas. La Universidad de las Américas —antes México City College— informó que había trasladado piezas a Puebla, pero jamás entregó un informe completo del acervo recibido en custodia. El INAH, por su parte, nunca verificó públicamente qué piezas le fueron entregadas, ni cotejó los inventarios históricos con el acervo físico.
Y así, con esa cadena de omisiones, llegamos al presente. El INAH reabrió el Museo Frissell con apenas una veintena de piezas. Hermosas, sí. Valiosas, sin duda. Pero insuficientes para representar un acervo que, según los propios registros federales, ascendía a miles. ¿Dónde están las demás? ¿En qué condiciones se encuentran? ¿Por qué no se han exhibido? ¿Por qué no se ha informado a Mitla, a Oaxaca, al país? En declaraciones públicas, el director del INAH-Oaxaca afirmó que las piezas están en el sótano del complejo de Santo Domingo. Un sótano. Para uno de los acervos zapotecos más importantes del siglo XX. Para urnas, dioses, tocados completos, piezas que compiten en belleza y complejidad con las grandes culturas del mundo.
No se trata solo de un error administrativo. Es una falta de respeto a la memoria zapoteca. Es una negligencia hacia la dignidad cultural de Oaxaca. Es una omisión que, de confirmarse, compromete la responsabilidad del INAH como custodio del patrimonio nacional. Porque si el Estado presume capacidad para proteger el patrimonio arqueológico de México, ¿cómo justificar que miles de piezas permanezcan en bodegas, sin exhibición, sin conservación especializada, sin transparencia? ¿Cómo explicar que el museo de Mitla —el pueblo que entregó su memoria— haya sido reabierto con apenas un puñado de piezas? ¿Cómo aceptar que, a 26 años del saqueo, no exista un proyecto público de conservación, restauración y exhibición del acervo Frissell?
Oaxaca merece respuestas. Mitla merece respuestas. La Nación merece respuestas. Este no es un conflicto local. Es un asunto de Estado. Es un llamado urgente a las autoridades municipales, al Gobierno de Oaxaca, al Congreso local, a las organizaciones civiles, a los académicos y a la sociedad zapoteca: exigir cuentas al INAH no es confrontación; es defensa del patrimonio nacional.
La memoria no puede seguir guardada en un sótano. La dignidad cultural de Oaxaca no puede seguir esperando. El acervo Frissell no puede seguir desaparecido en inventarios incompletos y bodegas cerradas. La herida está abierta. Y solo se cerrará cuando el INAH explique, con documentos y con piezas sobre la mesa, qué ocurrió, dónde está el acervo y cuál es el plan para devolverlo a la luz pública.
Oaxaca no pide privilegios. Pide justicia histórica. Pide verdad. Pide que su memoria vuelva a casa. [email protected]
































