En este año en que se van a renovar la Presidencia de la República, el Senado y las diputaciones federales, así como las diputaciones locales y las presidencias municipales, los oaxaqueños confían que los protagonistas de las próximas campañas ayuden a dignificar la política. Ante los excesos cometidos por políticos y sus familiares exhibidos en las redes sociales, ha llegado el momento de dignificar la carrera política y evitar que el descrédito de todos ellos siga en aumento.
Es momento de que la clase política se ponga límites, pues siempre busca su propio beneficio y siguen exhibiendo una enorme rapiña por los recursos económicos de que gozan y los prolonguen a sus familiares, en un exceso que debe ser sancionado por la ley. Salvo honrosas excepciones, se la pasan deambulando de un cargo de representación popular para amasar fortunas pero jamás responder a las aspiraciones de sus representados.
Año con año observamos que los presupuestos para los políticos siempre crecen y crecen, y los recursos en los bolsillos de la gente van decreciendo, eso es totalmente injusto, por eso el país no crece, pero lamentablemente nadie hace nada. Hay una enorme preocupación de como los diputados locales han privilegiado sus intereses y han postergado recursos para temas tan importantes como la salud, infraestructura social, educación y otros más, que van mermando la calidad de vida de los oaxaqueños.
Ante el enorme descrédito que arrastran los legisladores, es necesario implantar un código de ética, dignificar sus tareas y actividades para que no haya abusos. Tanto los medios de información y comunicación, como las redes sociales se han convertido en el mejor termómetro para conocer la irritación de los ciudadanos ante actos de presunta corrupción. Basta tan solo revisar como los representantes populares decidieron asignarse un mayor presupuesto antes que atender prioridades de los oaxaqueños.
Es indudable que mientras muchos políticos y sus familiares se sigan exhibiendo como los nuevos ricos, continuará en aumento el enojo y la irritación social. Ya basta de tanta opacidad, de tanta impunidad con que nuestra clase política camina, sin atender ni resolver las crecientes carencias de un estado que como Oaxaca reclama de políticos conscientes y honestos, no de quienes ven la ocasión de amasar insultantes fortunas.
Proteger bosques
Las zonas de la Sierra Mixe-Zapoteca y los Chimalapas son las más afectadas por los incendios forestales y la tala inmoderada que han acabado con cientos de hectáreas de bosques y selvas. En la sierra Mixe del Istmo de Tehuantepec la creación de nuevos campos agrícolas en zonas boscosas pone en riesgo la flora y fauna de la región al deforestarse anualmente más de 20 hectáreas de bosques en Nativitas Coatlán.
Ante escenario tan devastador urge proteger el medio ambiente en nuestro estado, antes de que sea demasiado tarde y nos enfrentemos a escenarios como los que se viven en la capital del país y que involucran a los estados de la llamada Megalópolis. En nuestro territorio la deforestación por el avance de la frontera agrícola y prácticas agropecuarias inadecuadas aumentan el fenómeno de desertificación, lo que, sin duda, se acentuará con los efectos del cambio climático que ya son patentes en nuestro país.
En la actualidad, combatir la degradación del suelo y asegurar una agricultura sustentable, más que una opción, es un tema prioritario para el país, por eso no se debe permitir que la riqueza natural se pierda en los ríos y mares, amenazando la capacidad de nuestros hijos para producir alimentos en el futuro. Este círculo vicioso no lo debemos tolerar, debemos trabajar para conservar los recursos naturales que aún nos quedan y para restaurar todo lo que nos sea posible.
El cambio de uso del suelo, los incendios forestales y el método de rasa y quema que realizan los campesinos en bosques y selvas han provocado que la entidad pierda 20 por ciento de sus tierras forestales durante los últimos cinco años. Las instancias oficiales han informado que las regiones más afectadas son la Mixteca y la Sierra Sur, ya que la tierra se ha degradado de manera continua y va desde afectaciones leves a graves.
Los principales factores son la falta de agua y la intervención directa de la mano del hombre, pues este ha acelerado dicho proceso de degradación y desertificación de los bosques y zonas naturales. Al año se deforestan en Oaxaca entre 25 y 30 mil hectáreas de bosques, principalmente en las regiones de la Sierra Sur y Mixteca, y es en ese proceso de deforestación que se plantan diez mil hectáreas de arbolitos por año, de los cuales sobrevive entre el 70 y 80 por ciento.


































