Con la estimación de que en 2050 habrá 49.4 millones de personas mayores de 70 años en el país y con una desigualdad cada vez mayor, el sistema público de salud debe empezar a trabajar en implementar una política de datos de salud que permita conocer la calidad de los servicios, una reforma estructural al sector, sobre todo porque el envejecimiento demográfico en México y la desigualdad económica y social son los retos de mayor importancia en los que deben centrarse los esfuerzos de sanidad pública.
Ante las actuales condiciones que existen en el país, se debe de alentar la plena capacidad para trabajar, estudiar y desempeñarse con mayor dinamismo en todas las facetas de la actividad social y todas las etapas de la vida. Por ello, con el esfuerzo de todos los trabajadores de las instituciones del sector salud, es necesario contribuir a brindar mejores servicios médicos a la sociedad mexicana, y con ello, elevar los índices de desarrollo humano en nuestro país.
En México el 33 por ciento de las y los niños, así como el 70 por ciento de las personas adultas, padecen sobrepeso y obesidad, principales factores de riesgo asociados a este padecimiento. En Oaxaca, la diabetes es la primera causa de muerte en adultos, después de las enfermedades cardiovasculares, derivadas de la hipertensión que son provocadas por la obesidad y el sobrepeso.
Pese al recurso millonario destinado para combatir la enfermedad, es insuficiente; en Oaxaca, los pacientes se quejan de la falta de una atención adecuada y escasez de insumos para atender, por ejemplo, a pacientes que requieren de diálisis o hemodiálisis, complicaciones derivadas de la diabetes.
La edad promedio del mexicano se sitúa actualmente en 27 años, algo que no evita que vaya a sufrir incrementos significativos con el paso de los años, ya que es el destino demográfico de las sociedades.
Buena alimentación
En nuestro país la cuestión alimentaria es un fenómeno complejo, porque coexisten problemas de países subdesarrollados con aquellos del primer mundo. A la par que tenemos elevados niveles de desnutrición y falta de acceso a comida, también vemos que ocupamos uno de los primeros lugares en términos de obesidad y diabetes. Casi una cuarta parte de la población –33 millones de personas, en promedio– enfrenta algún nivel de inseguridad alimentaria por el aumento de precios en los víveres. A ello se suman los niveles de desigualdad y pobreza que se viven en nuestra nación.
Para evitar que la salud y nutrición en México se deterioren, especialmente en las de niñas y niños en hogares con ingresos más bajos y cuyo estado nutricional y de salud ya era deficiente, es necesario implementar medidas urgentes de mitigación.
Existe preocupación, pues México ha sido un país con grandes desigualdades durante décadas y atraviesa esta crisis en un contexto en el que el 55.5% de los hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria; es decir, no pueden satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas durante un período prolongado.
Situaciones como la pérdida de empleo y reducción de ingresos, intensificarán aún más la vulnerabilidad de los hogares, especialmente de la población que ya vivía en situación de pobreza y carencia alimentaria, por lo que esta debe recibir atención prioritaria. Si bien los sistemas alimentarios pueden verse afectados a mediano y largo plazo, resalta la importancia de mantener viva la cadena de suministros, tomando medidas que eviten aumentos en los precios de los alimentos.
Actualmente, México carece de un programa nacional consolidado y con recursos presupuestales para la prevención de la mala nutrición. La buena nutrición es una parte esencial de la defensa de un individuo contra enfermedades pues las personas desnutridas tienen sistemas inmunes más débiles que aumentan su riesgo de enfermedad en general.

































