No están errados quienes piensan que las giras del presidente Andrés Manuel López Obrador a Oaxaca son para darnos atole con el dedo, como se dice vulgarmente. Si bien el gobernador Alejandro Murat se ha deshecho en halagos y panegíricos al considerar que las citadas visitas nos hacen muy felices, porque además “traen resultados”, lo cierto es que cada una de ellas han sido sólo de discursos, promesas y fechas postergadas. La muestra está en que la carretera a la Costa, en sus primeras visitas, sería entregada el 21 de marzo; las posteriores, se dijo que en julio y la última, que en agosto. No existe pues certidumbre respecto al avance de los trabajos y su terminación. Pareciera que los oaxaqueños somos un juguete. No ocurre igual en otras entidades del país en las cuales, en el pasado se llevaron a cabo obras de gran envergadura sin tanta faramalla ni falsedad.
Contrario a lo que ocurría en sexenios antriores, cuando las giras presidenciales eran una especie de visitas de los Reyes Magos, que traían en sus manos recursos para repartir y acceder a las peticiones ciudadanas que les llegaban de improviso, las de López Obrador son visitas de carácter político, tal cual si siguiera en campaña y no en el cargo de mayor altura en el sistema político nacional. Es decir, no hay que esperar nada. Así ha sido durante las 27 giras que ha realizado por territorio oaxaqueño en los tres años que lleva de gestión y que se cumplieron el pasado primero de diciembre. Por ello, un balance de la gira que realizó el presidente el fin de semana anterior, poco o nada tiene para festinar entre los oaxaqueños. Sólo viene a regodearse en un territorio en donde se le rinde pleitesía y en el cual su partido, Morena, ha arrasado a los partidos opositores.
En la gira número 26 y ante las protestas de los trabajadores de los Servicios de Salud en el estado, que fueron despedidos por irregularidades financieras en su contratación, el primer mandatario les ofreció canalizarlos a otras áreas médicas para ser recontratados. Sin embargo, ello no ocurrió. Es más, autoridades del Instituto para el Salud y el Bienestar (Insabi) rechazaron su contratación. Hasta hace sólo unos días en que fueron citados a la ciudad de México para resolver su situación laboral. Los cambios de parecer o de luces y señales son constantes. Parece que no hay palabra qué cumplir o que se nos toma a guasa.
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El pasado 13 de noviembre, se instaló formalmente, la Sexagésima Quinta Legislatura del Estado. Ésta inició de una forma inédita o más bien atípica. Sólo 40 de 42 diputados rindieron protesta. Uno, que llegó con los colores del PRI, enfrenta severos problemas de tipo penal que lo mantienen privado de la libertad en un penal federal del Estado de Michoacán. Por ley, su suplente habría rendido protesta. Lamentablemente, falleció por problemas derivados de Covid-19, en el mes de septiembre. Otro legislador, éste de Morena, lo hizo la semana pasada desde la cama de un hospital. Las primeras sesiones de la naciente legislatura fueron de jalones y tirones; descalificaciones y hasta insultos, entre algunos ex correligionarios. Otro circo, maroma y teatro fue la disputa por las principales comisiones entre las bancadas que tienen mayor membresía: Morena y el PRI. Lo importante es que no continúen cuando haya que formar una agenda de las prioridades de que urge la sociedad oaxaqueña, en cuanto a iniciativas y decretos se refiere.
La actual legislatura tiene como antecedente la gestión desafortunada de la que fue considerada como la peor diputación en la historia política de Oaxaca. Un trienio ominoso por la inexperiencia, incapacidad y falta de tablas en el quehacer legislativo, pero sí, en otros menesteres, como la voracidad para sorber el erario público y un catálogo de vicios y triquiñuelas. La pregunta es: ¿si poco más de una decena de diputados de la misma camada se reelegieron, tendremos un segundo capítulo de ese pasaje penoso? En la actual legislatura hay caras nuevas, sanas, jóvenes y, presumo, no maleadas. Es decir, de trayectorias tal vez modestas y limitadas, pero limpias. ¿Podrán darle un viraje a la mala imagen de sus antecesores, estigmatizados como mercaderes de la ilegalidad y la voracidad; de los cochupos y la conveniencia?. Es posible. Esto es, tener que aprenderse el contenido de la Ley Orgánica del Congreso local y responder a las expectativas de la ciudadanía oaxaqueña. Sin duda, será una labor titánica.
Es evidente que no es tarea fácil, insisto, si partimos de la premisa de que repite en el cargo, como presidenta de la Junta de Coordinación Política, una legisladora cuestionada por su nepotismo y otros pecadillos. Sin embargo, algo tiene que intentarse para darle un viraje a esa imagen tan penosa que dejó la anterior legislatura, muchos de cuyos miembros, son los mismos –como ya hemos dicho- sólo que más duchos en mañas y vicios.




































