Fue el pasado 21 de marzo de 1806 cuando el pueblo de San Pablo Guelatao vio nacer a quien habría de convertirse en sol, cuyos rayos iluminan y solidarizan a México en torno al serrano más oaxaqueño, al oaxaqueño más mexicano y al mexicano más universal: Benito Juárez García.
Para mí, es menester decir que aún no se han pronunciado las palabras exactas que describan su heroica obstinación. Juárez es la raza. En su hazaña está su afirmación, no sólo de vivir, sino de permanecer en la historia.
La presente dista de ser una conferencia; es el llamado al bronce que debe reafirmar en todos nosotros la fe juarista. Y hoy, 6 de abril, fecha de civismo, fecha fecunda y amplia, me lleva a escribir en el inmenso universo de la vida de Juárez.
De la niñez de Benito, en el año de 1906 escribió ampliamente don Justo Sierra al iniciar el siglo XX, y el propio Juárez lo hizo en su libro Apuntes para mis hijos en 1866. Sobre su llegada a la ciudad, la noche del 17 de diciembre de 1818, horas antes de la festividad de la Virgen de la Soledad, patrona de los oaxaqueños, quiero referir la existencia de una placa erróneamente colocada en 1956 en la décima calle de la hoy avenida de la Independencia número 1306, que alude a ese hecho. Sin embargo, dudo de ello, puesto que la casa ubicada en la antigua calle de Santa Lucía, después llamada Dolores, fue adquirida por el genovés don Antonio Maza en 1830, cuando aún se localizaba en las goteras de la ciudad capital del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, según decreto del 28 de julio de 1823.
Muchos se preguntarán cuál fue entonces la casa que habitaba el joven matrimonio de don Antonio Maza y doña Petra Parada, quienes tenían a Josefa como cocinera. Cuando se encuentran —cuenta don Andrés— se abrazan, lloran y se dicen ternezas en su idioma nativo, porque para los zapotecas un dolor no se liquida hasta que se llora juntos.
La casa en cuestión se encontraba ubicada en la antigua calle de Segovia número 10, hoy octava de la avenida Hidalgo, a tres calles del negocio de la grana, en la entonces llamada calle de la Cochinilla, después del 2 de Abril y hoy conocida como la calle 20 de Noviembre.
A los pocos días, otro hombre, también de nombre Antonio —Antonio Salanueva— lo recibe el 7 de enero de 1819 en su casa en la calle del Carmen Alto. Don Antonio era encuadernador de oficio; de fe, terciario de San Francisco y afecto a la lectura. Así lo demuestran los libros que leía: Benito Jerónimo Feijoo, San Pablo, acaso también Tácito, Salustio y los mexicanos Mora y Fernández de Lizardi. Libros que debió leer Benito Pablo, ya que su eco se advierte en su doctrina.
A los 15 años entra al Seminario de la Santa Cruz, la institución educativa más antigua que aún funciona en Oaxaca. Se inscribe como alumno externo; estudia gramática latina sin saber bien la castellana; cursa filosofía, artes y teología, obteniendo calificaciones sobresalientes nemine discrepante y siendo único supra locum.
En agosto de 1828 se inscribe en el Instituto ubicado en la calle de San Nicolás número 8, y es ahí, en la novena calle de Hidalgo, donde comienza a destacar como estudiante, concluyendo el bachillerato el 9 de diciembre de 1830. Durante su carrera obtiene nuevamente la calificación nemine discrepante, con lo que obtiene el título de abogado el 13 de enero de 1834, el primero otorgado en el estado.
El joven Juárez ocupó diversos cargos aun siendo estudiante: profesor de física del Instituto, secretario del mismo, regidor de sanidad y cárceles y, posiblemente, presidente municipal accidental de la ciudad de Oaxaca en 1831. Diputado lo fue en 1833. Su profesión la ejerció en un despacho ubicado frente al templo de San José, sobre la hoy avenida Morelos.
En 1841 fue juez de lo civil; en 1843 contrajo matrimonio, a las cinco de la mañana de un 31 de julio, en el templo de San Felipe Neri. Fue secretario de Gobierno en 1844 y electo diputado al Congreso de la Unión en 1846. Asimismo, fue gobernador interino del 11 de agosto al 11 de septiembre.
Nuevamente, el 29 de octubre de 1847 fue nombrado gobernador interino. Desde esa responsabilidad acordó construir escuelas y caminos como el de la Cañada y el del Istmo; fundó escuelas normales, hospitales y ordenó la elaboración de una estadística y un plano de la ciudad, levantado por el ingeniero Conde Diebitch de Sabalkanski.
Juárez administró escrupulosamente los dineros del pueblo como pobreza y no como riqueza. Redujo a sentencias y aforismos su pensamiento liberal:
“Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar…
La instrucción es el fundamento de la felicidad social; es el principio en que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.
Asimismo, sostenía que, bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar por voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al vicio, sino consagrarse al trabajo y vivir en la honrada medianía que la ley señala.
A los 46 años, Juárez parecía haberlo sido todo; sin embargo, le faltaba el máximo orgullo de un universitario: ser director del Instituto de Ciencias y Artes, cargo que ocupó en 1852, en el edificio del exconvento de San Pablo, donde había servido desde 1834 como maestro, secretario y director hasta 1857, en lo que hoy es la UABJO.
Pero aún le faltaba más: ser Presidente de la República, lo que logra el 19 de enero de 1858, en Guanajuato. Allí comienzan catorce años portando la banda tricolor, confiando en la legitimidad de su causa y en que la democracia era el futuro de los pueblos.
Juárez, presidente
El coloso de Guelatao ocupó en tres ocasiones la Presidencia. En la primera promulgó las Leyes de Reforma, que no sólo decretaban la nacionalización de los bienes del clero, sino que marcaron el nacimiento político de la generación liberal oaxaqueña que forjó el sentido de la democracia y el símbolo indiscutible de la soberanía nacional.
Don Benito Juárez tuvo la inteligencia de rodearse de hombres honestos, valientes e inteligentes como el general Porfirio Díaz, quien inició su carrera militar en 1855 y la culminó con la toma de la Ciudad de México el 20 de junio de 1867. El 21 de junio ratifica su lealtad al presidente Juárez, y el 14 de julio de 1867 deja la jefatura del Ejército de Oriente.
Al día siguiente, Juárez pronuncia su célebre apotegma:
“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Esto confirmaba por qué el Congreso de Colombia, el 2 de mayo de 1865, lo declaró merecidamente Benemérito de las Américas.
Don Benito y don Porfirio son Beneméritos del Estado.
Lic. Manuel Ruiz
Es autor de la ley del 12 de julio de 1859 sobre la nacionalización de los bienes del clero y la exclaustración de las órdenes religiosas, así como de la ley del 23 de julio de 1859 sobre el matrimonio civil, cuyo artículo 15, mal llamado Epístola de Melchor Ocampo, constituye en realidad la epístola laica de Manuel Ruiz, que representa la orientación y el consejo que la sociedad exige a quienes celebran el contrato civil del matrimonio.
Lic. Ignacio Mariscal
Nacido el 5 de julio de 1829 en esta ciudad, obtiene su título en el entonces Instituto el 23 de diciembre de 1849. Fue consejero jurídico en la redacción de las Leyes de Reforma y ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En 1863, el presidente Juárez lo nombra oficial mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores, iniciando una carrera diplomática que lo llevó a ser considerado creador de la diplomacia mexicana. El licenciado Ignacio Mariscal fallece el 16 de abril de 1910, siendo secretario de Relaciones Exteriores en el gabinete del general Díaz.
Lic. Matías Romero
Fue estudiante del Seminario, hoy edificio central de la UABJO, donde cursó “Mínimos y Menores”. En 1849 pasa al Instituto de Ciencias y Artes, en el exconvento de San Pablo, donde realiza sus estudios preparatorios y posteriormente se inscribe en la carrera de leyes.
En mayo de 1862 es nombrado embajador y ministro plenipotenciario de México en Washington. Restaurada la República, Juárez lo nombra el 15 de enero de 1868 ministro de Hacienda, desde donde organiza las finanzas públicas.
En 1884, al retornar el general Díaz a la Presidencia, lo ratifica en Washington. Regresa para enfrentar la crisis económica en 1892, la cual resuelve en 1893; vuelve nuevamente a los Estados Unidos en 1894, donde fallece el 30 de diciembre de 1898, este extraordinario estudiante del Instituto.
Lic. Félix Romero
Nace el 31 de marzo de 1831. Fue un ardiente liberal, distinguido político, gran orador y literato, periodista y jurista. Fue catedrático de gramática castellana del Colegio, juez de distrito e integrante de la comisión redactora del Congreso Constituyente de la Constitución particular del estado.
Es autor del artículo quinto, aún vigente, que a la letra dice:
“Los poderes y funcionarios públicos sólo tienen las facultades que les da la ley, y el hombre puede hacer lo que ella no le prohíbe”.
Principio muy avanzado para su época que, a decir de los juristas, constituyó una gran innovación en el derecho público y que hoy se aplica universalmente como criterio jurídico del derecho constitucional moderno. Félix Romero murió el 4 de febrero de 1912.



































