Segunda parte

En el libro “Oaxaca en el centenario de 1909”, una joya bibliográfica, se menciona erróneamente como cierto que el hijo de Juan Estrella fue un parricida, lo cual es una falacia. En realidad, existen registros de uno de los viajes de Juan Estrella en su goleta “San Francisco”, la cual en una ocasión llegó a Nueva Orleans con 500 quintales de palo de tinte como lastre, provenientes de Bilbao. En esa travesía lo acompañaban sus amigos: el presbítero e ingeniero en minas Luis Manuel Palacios y Silva, su hermano José María de Jesús Palacios y Silva, también licenciado; Rodrigo Palacios y Silva, ingeniero en minas, y Manuel de Jesús Arturo Palacios y Silva, sobrino de los anteriores y farmacéutico de profesión.
De regreso, arribaron al puerto de Acapulco y, desde ahí, la familia Palacios se dirigió a la Ciudad de México, pues su intención era llegar a la Escuela Nacional de Minería para posteriormente establecerse en la ciudad de Oaxaca. Este suceso ocurrió en 1806 y marcó el inicio de una de las ramas de la familia Palacios y Silva en Oaxaca.
La cercanía de Juan Nepomuceno Jiménez, también conocido como Juan Estrella, con los trabajos en el mar y las minas lo sensibilizó ante los abusos que sufrían los esclavos y los pueblos indígenas. Por ello, tiempo después se uniría a la causa independentista, que se gestaba con sus amigos los corregidores de Querétaro, el padre Hidalgo y su familiar Mariano Jiménez, bajo el lema “Levantar al caído”.
El Conde Juan Estrella ocultaba su identidad y condición de noble, rebelándose así contra la Corona española. Fue el padre Miguel Hidalgo quien lo incorporó al movimiento insurgente, nombrándolo comandante coronel del Ejército Insurgente de Dragones Santanderinos.
Este ejército se unió al movimiento insurgente del sur en 1810. En esa época, Juan Estrella llegó a la Villa de Santander, Tamaulipas, hoy Villa de Jiménez. Tras su ausencia, todos sus bienes pasaron a manos de su esposa e hijo.
En 1811, el realista Joaquín de Arredondo lo llamó para unirse al ejército del Rey. Desde luego, Juan Estrella se negó, pues ello implicaba traicionar a las fuerzas insurgentes provenientes de San Luis Potosí, que habían llegado a la Villa de Aguayo buscando refugio a fines de marzo de ese año. Arredondo planeaba fusilar y colgar en la plaza principal, hoy Plaza de Hidalgo, a los líderes potosinos.
Al conocer la oposición de Estrella, Arredondo ordenó su aprehensión, ya que el conde estaba invitando a sus amigos a participar en la contienda independentista. Para ello los reunió con el pretexto de jugar cartas. Sin embargo, entre los asistentes se encontraba Giordano del Castillo, oficial del ejército realista, quien terminó denunciándolo. Así fue como Arredondo lo apresó junto con Antonio Baesa y Viviano Farías, aunque a estos últimos los liberó poco después.
El coronel Juan Nepomuceno Jiménez Garce fue trasladado por Arredondo hacia Tula el 3 de mayo de 1811. Un día después, al llegar al paraje conocido como El Salto, camino de las minas, el jefe realista ordenó colgarlo de un encino.
Su cuerpo permaneció colgado hasta el 7 de mayo de 1811, cuando el capitán independentista Miguel de la Garza lo bajó del árbol y lo trasladó a la Villa de Aguayo, donde fue sepultado ese mismo día en el Templo del Refugio.
Esto es lo poco que se conoce del Conde Juan Estrella, según el artículo publicado en La Prensa por Ambrosio López Gutiérrez el 25 de septiembre de 2010. Así se narra la historia de un personaje ibérico que murió “por una patria en libertad”.
Continúa la historia
En 1805, don Juan Pedro vendió la hacienda al señor bachiller José Guerrero por la cantidad de $12,500.00. Tras el fallecimiento de Guerrero, la propiedad quedó en manos de su hermano y albacea Joaquín Guerrero, quien posteriormente la vendió a su hermano Miguel Guerrero por $10,300.00 pesos.
En 1820, la hacienda fue adquirida por Juan Nepomuceno, y en su testamento de 1833 aparece entre sus bienes. Posteriormente, la heredó a uno de sus hijos, José Pablo Rendón, en 1833.
En el censo de julio de 1851, aparece como propietario el señor José Pablo Rendón, dueño de un rancho denominado Guadalupe, posiblemente la antigua hacienda de Guadalupe, hoy ejido Guadalupe Victoria.
Para 1875, el propietario era Juan Rebollar, quien al parecer la había adquirido en 1872. Más tarde, la señora Manuela Hernández Rosainz, casada con Juan Nepomuceno Jiménez Sarque, aparece como dueña. En 1889, el Ayuntamiento, encabezado por Francisco Vasconcelos, le solicitó ceder parte del ancho del camino hacia el pueblo de San Felipe, a cambio de un cuartillo de agua y el uso de la calzada hacia la hacienda (hoy calzada Porfirio Díaz). En esa época, la hacienda contaba con 73 hectáreas, según protocolo de venta de enero.
En 1904, doña Manuela vendió la propiedad el 7 de julio a un grupo de mineros norteamericanos encabezados por Chas H. Arthur, Lester Jaksan, Garden Grager, Julio Franqui y Chas H. Andros.
Posteriormente, en 1910, la señora Manuela vendió la hacienda a María Maceyra, esposa del licenciado Miguel Bolaños Cacho, quien era secretario de Gobierno. Entre 1911 y 1913, se contrató al arquitecto italiano Juan Chini y al arquitecto catalán Alfredo Canseco Feraud, junto con el pintor Wilfrido de Jesús Sánchez López, yesero de la Mixteca, y el escultor Ernesto Scheleske y Aguirre, para realizar trabajos en la propiedad.
En 1926, siendo gobernador Genaro V. Vásquez, el Gobierno del Estado adquirió o expropió la hacienda para usarla como sede de la Primera Feria Agrícola del Estado. El 15 de agosto de 1926, se fundó la Escuela Agronómica de Aguilera, creada por el propio Vásquez.
En 1927, el edificio albergó temporalmente la Escuela Normal, pero debido a los temblores de 1928, la institución regresó al antiguo Colegio de Niñas. Cabe recordar que desde 1867 había funcionado allí la Academia de Niñas, fundada por Porfirio Díaz, y reabierta en 1920 como Escuela Normal de Señoritas.
En 1931, la Escuela Agronómica cambió su nombre a Escuela de Ingeniería Agronómica. Ese mismo año, en lo que hoy es el MUPO, se expuso el Tesoro de Monte Albán y una muestra de artesanías.
Entre 1938 y 1940, el edificio de Aguilera albergó la Escuela Hijos del Ejército, con el nombre de Escuela No. 14, la cual se trasladó en 1941 al ex convento de Guadalupe (antiguo Hospital de Belén).
En 1960, el Consejo Universitario de la UABJO solicitó oficialmente los terrenos de la ex hacienda, que pertenecían desde 1926 a la Secretaría de Agricultura. En 1961 se aprobó la construcción de la Escuela de Medicina, edificada por el CAPFCE, bajo la dirección del arquitecto Martín Ruiz Camino y con el arquitecto Raúl Corzo Llaguno como residente de obra. El rector de la universidad era entonces Agustín Márquez Uribe (fallecido a los 94 años).
Finalmente, en mayo de 1968, los alumnos de Medicina se trasladaron del ex convento de San Francisco, donde habían estado desde 1958, al restaurado edificio de la ex Hacienda de Aguilera, actual Facultad de Medicina de la UABJO, que hoy forma a cientos de profesionales en beneficio de la sociedad oaxaqueña.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 03 de noviembre de 2025.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.



































