La semana pasada inició la colecta anual de la Cruz Roja Mexicana, por lo que hay que hablar un poco de ella. Fue hace más de 100 años que nació la Cruz Roja Mexicana y en Oaxaca más de 80 años, por lo que voy a referir cómo nació.
Lo que hoy resulta familiar es el sonido de las sirenas de las ambulancias que suben y bajan con un ulular que nos hace decir: “Virgen de Guadalupe, ¿qué pasaría?, ¿qué pasó?, ¿por qué tantas ambulancias? Dios mío, ampara a los heridos; Señor, aplaca tu ira y tu rigor. ¡Ay, Dios, otra vez la ambulancia!”, con su estridente ulular.
Ya no son solo la cruz blanca, la verde o la roja las que hoy existen en el D.F., hoy Ciudad de México, sino que son cientos de ambulancias de rescate, porque el número de estas ambulancias ha crecido, al igual que los rescatistas, que por vocación de servicio lo hacen sin cobro alguno, lo cual es muy loable.
Pero ¿cómo nació este apostolado hace más de 150 años? Fue exactamente en Solferino, Italia, cuando Henry Dunant se organizó el 24 de junio de 1859, y ¿a quién o a quiénes se debe la iniciativa de auxiliar a los heridos en la vía pública? Así que hoy contaré y les diré que fue en Nueva York, la Gran Manzana, ciudad que nunca duerme y que no olvidó jamás aquella tarde de 1869, en la que una mujer cruzó corriendo la Quinta Avenida con su falda recogida y un bolso de cuero apretado contra el pecho. Se llamaba Marie Zakrzewska (1829–1902), de origen polaco; tenía 40 años, y mientras la multitud se apartaba para dejarla pasar, todos pensaban lo mismo:
“¿Qué puede hacer una mujer ahí?, ¿qué pretende hacer con ese hombre en el suelo?”
Era un hombre el que yacía sin moverse. Un carruaje tirado por caballos lo había atropellado. La gente miraba, comentaba, señalaba, pero nadie sabía qué hacer; en ese momento siempre era así.
Hasta que Marie, nuestro personaje, se arrodilló.
—Háganse a un lado —ordenó, sin elevar la voz.
—¿Señora, está usted loca? —dijo un policía—. No tiene por qué intervenir.
—Si no intervengo yo, él muere —respondió ella, sin pestañear.
Mientras otros dudaban, Marie actuó. Tomó su pulso, abrió su camisa, revisó su respiración. Dio indicaciones claras:
—Necesito un carruaje vacío. Y una manta.
Varias personas corrieron a buscar lo que pedía. Marie colocó al hombre con sumo cuidado.
—No lo muevan así —dijo, sujetando el cuello del herido—. Podemos dañarle la columna.
El policía la miraba, confundido.
—¿Quién es usted?
Marie alzó los ojos.
—La mujer que está haciendo lo que usted debería hacer.
Aquel episodio no la dejó tranquila. Esa noche, mientras escribía en su pequeño despacho, no podía borrar la imagen del hombre desvanecido en plena calle.
“¡Qué barbaridad!”, pensó. “Una ciudad con miles de habitantes… y nadie sabe ayudar”.
Marie no era una mujer común; era doctora polaca y una pionera que ya había luchado mil batallas para ser tomada en serio. Sabía que en Nueva York la mayoría de los accidentes terminaban en tragedia porque nadie llegaba a tiempo… o porque llegaban, pero sin conocimientos.
“Hay que hacer algo”.
Y esa idea no la soltó.
Dos semanas después reunió a dos médicos y una enfermera en un pequeño salón del East Side.
—Necesitamos un cuerpo de respuesta rápida —explicó—. Personas entrenadas. Carros adaptados. Material básico. Algo que pueda llegar a cualquier punto de la ciudad en minutos.
Los médicos se miraron.
—¿Una especie de… brigada médica móvil?
—Exacto.
Hubo dudas, críticas, risas.
—Marie, eso sería imposible de financiar.
—Marie, la ciudad no autorizaría algo así.
—Marie, nadie confiará en un sistema inventado por una mujer.
Ella apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Pues si la ciudad no lo autoriza, lo empezaremos nosotros. Los que se unan trabajarán gratis hasta que demostremos que sirve.
Hubo silencio.
Y uno a uno… los tres dijeron:
—Estoy dentro.
El primer “vehículo de emergencia” no era más que un carruaje reforzado, con una camilla rudimentaria y una caja de madera llena de vendas, alcohol y unas pinzas quirúrgicas.
Marie y su equipo entrenaron días enteros: cómo cargar a un herido, cómo detener una hemorragia, cómo inmovilizar fracturas, cómo actuar en pánico.
Pero lo más difícil no fue el entrenamiento.
Fue la reacción de la gente.
—¡Eh, ahí van los locos de la doctora! —gritaban algunos.
—¿Qué es eso? ¿Un circo? —se burlaban otros.
Marie no respondía.
Ella esperaba los hechos.
Y los hechos llegaron.
El primer aviso ocurrió un sábado. Un niño se había caído desde el segundo piso de una vivienda. La gente gritaba en la calle.
El carruaje de Marie llegó en pocos minutos.
—¡A un lado! —gritó ella bajando del vehículo—. ¡Déjenme verlo!
Mientras la madre sollozaba, Marie examinó al pequeño.
—Respira. Tiene pulso. Podemos salvarlo.
Lo inmovilizó con tablas, dio instrucciones rápidas y lo llevaron al hospital.
Sobrevivió.
Ese día, la ciudad entera cambió de opinión.
Lo que empezó como una “locura sin futuro” se convirtió en el primer servicio de ambulancias urbanas modernas. Nueva York adoptó el sistema. Luego Boston. Después, el resto del país.
Marie nunca buscó reconocimiento; solo buscaba que nadie muriera por ignorancia. Más tarde, cuando le preguntaron por qué insistió tanto, respondió:
—Porque no soporto ver cómo la gente muere rodeada de espectadores. Todos podemos salvar una vida… si alguien se atreve a empezar.
En México, la Cruz Roja se estableció el 21 de febrero de 1910, cuando se fundó la Sociedad Mexicana de la Cruz Roja; sin embargo, fue hasta el año de 1911 cuando se creó la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Mexicana. Su primera sede fue en la calle Rosales número 20 y su primer presidente fue el doctor José Alfonso Ruiz Cabañas, quien ya había sido jefe de la Escuela General de Medicina.
En nuestro estado se estableció esta noble institución en 1925, fecha en la que se constituyó el Comité de Damas Voluntarias, presidido por la señora Encarnación Goiri de Riaño.
Oaxaca
Aquí en Oaxaca la Cruz Roja se fundó hace más de 100 años, y recordando a quienes más sobresalieron en la institución por su dedicación e interés en servir a la comunidad, diré que entre los presidentes de la Cruz Roja recuerdo a los hermanos Tovar, concesionarios de la carga del Express de los F.F.C.C., y luego a su hija, así como a quienes estuvieron al frente.
El que fue presidente en el año de 1958 fue el señor Roberto Tovar Moreno, y el vicepresidente era el doctor Rolando Matos Carranza.
Representante de ella en Oaxaca recuerdo a doña Celia Rodríguez de Márquez, la educadora Alicia “Lili” Porras Mazarik y a la reconocida y admirada Mina Fernández Pichardo como integrantes de las Damas de la Cruz Roja en Oaxaca.
Hay que recordar que la institución tuvo su primera sede en la calle de Macedonio Alcalá; su segunda sede se ubicó en Morelos número 70 y posteriormente se trasladó a la novena calle de Morelos, casi esquina con avenida Juárez; sede durante muchos años en la tercera calle de Manuel Fernández Fiallo, a espaldas del templo de San Agustín, la que después, con los años, se cambió a la calle de Armenta y López número 511.
De los que recuerdo era su secretario el señor Francisco Domínguez de Anda; sirvieron sin ningún interés, así como don Salvador Acevedo y, muy recientemente, doña Aura Guadalupe Borges Yasegey de Díaz, quien fue presidenta y delegada estatal de la Cruz Roja, muy reconocida por su trabajo y desempeño durante casi 40 años.
Hoy su presidenta y delegada es María Antonieta Velásquez Chagoya.
El que fue muchos años jefe del H. Cuerpo de Ambulantes fue don Alfredo Ramírez Villavicencio. Fue en el año de 1950 que ingresó el señor Nahum Cats Stein, a quien recuerdo por haberlo visto desfilar al frente de esta noble institución, nacida hace más de 100 años y en Oaxaca por lo menos 80.
Don Nahum, siendo jefe de la unidad número 5, se retiró en 1970 a raíz de un infarto, lo que lo obligó a permanecer en la delegación por muchos años y hasta su sensible fallecimiento.
Ellos, los ambulantes, dieron su tiempo bajo el lema: “Caridad y Patriotismo”.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 13 de abril de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la
Federación Nacional de Asociaciones
de Cronistas Mexicanos A.C



































