El mal manejo de la pandemia por parte del gobierno federal; la forma tan pueril en la que se han minimizado sus efectos y la figura del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del gobierno federal, han entrado poco a poco en el escenario de la crítica y la descalificación. Lejos de admitirlo, el funcionario federal salió el jueves 4 de la semana pasada a decir que el país espera la cifra de al menos 35 mil muertes, es decir, más de tres veces de los 11 mil que se habían contabilizado ese día. El maquillaje de las cifras, el fracaso del programa “centinela”, las contradicciones en torno a la aplicación de pruebas rápidas, a las que se opuso desde un principio, entre otras, han sido para el pueblo de México y los miles de dolientes cuyos familiares han muerto por el nuevo coronavirus., una afrenta, un verdadero agravio.
La crisis sanitaria –y eso hay que decirlo- no se ha visto con la seriedad que amerita desde que inició. La manera superficial en la que fue tomada por el gobierno de la llamada Cuarta Transformación, con su carga ideológica, fue el inicio de este pandemónium del que no sabemos aún cómo salir. Tampoco en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tienen la menor idea de ello. En Oaxaca, como lo comentamos el pasado sábado, el gobierno de Alejandro Murat apeló a la conciencia cívica y la corresponsabilidad ciudadana para salir de este grave escenario de contagios y muerte que, en nuestra entidad, parecen no habernos dado tregua. Porque aún con la gravedad de la pandemia, se ven aún escenas de terquedad, cerrazón e ignorancia. No es un juego. Es obvio. Pero todavía tenemos que lamentar la existencia de mentes obtusas empeñadas en echar por tierra los constantes e insistentes llamados de la autoridad.
Es obvio que, por más equipados que estén los hospitales; por más infraestructura física y humana que se ponga a disposición de los potenciales enfermos, esta crisis no se podrá paliar o contener, en tanto no exista plena conciencia de que si el ciudadano común, el que puede hacerlo sin menoscabo de su patrimonio económico o retribución pecuniaria, no hace un esfuerzo para mantenerse en casa y no salir para evitar contagios, jamás esa curva falsamente domada por AMLO, podrá ser acotada y contenida. Insistimos: para salir adelante, todos tenemos que poner nuestro propio grano de arena. Así de simple.
Covid-19 en penales y otros
El confinamiento colectivo, sea por cuestiones legales o personas de edad avanzada, representa un riesgo inminente de contagios. Si bien es cierto que desde hace más de un mes que las áreas respectivas de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), realizaron el traslado de internos del penal de Santa María Ixcotel, que presentaban algún tipo de morbilidad o son mayores de edad, hacia el de Tanivet, para salvaguardar su vida y evitar contagios o decesos, el Covid-19 llegó hasta dicho espacio de reclusión. Se sabe que varios internos fueron puestos en cuarentena para evitar la diseminación del mal. No se puede concebir aquí negligencia de las autoridades. El mal simplemente ha penetrado por todas partes sin control alguno, pese a las medidas sanitarias de prevención para evitarlo.
La semana pasada trascendió que una empleada del Asilo Municipal, ubicado en la agencia de Santa Rosa Panzacola, había dado positivo. Por fortuna no hay datos de que haya contagios entre la población de adultos mayores que ahí viven. Sin embargo, ello es una llamada de atención para las autoridades del municipio de Oaxaca de Juárez para extremar precauciones y evitar contactos externos de familiares o amigos que pudieran alterar la situación que hoy prevalece. Las experiencias vividas en otros estados, como Nuevo León, por ejemplo, deben servir de lección para tomar a tiempo medidas profilácticas que eviten males mayores. De hecho, es la lectura del protocolo de prevención. Evitar que personas sanas tengan contacto con personas enfermas o asintomáticas y puedan contraer el mal.
Los mercados son, asimismo, un foco de contagios. El razonamiento es simple: hay una permanente relación entre clientes, mercaderes, proveedores, cargadores, etc. Es un constante intercambio e interrelación entre personas a todas horas que es muy difícil ubicar el origen de un potencial contagio. Por ello, nada más oportuno de parte del gobierno de la capital oaxaqueña de disponer cierre escalonado de los mercados de la ciudad. Al menos tres días a la semana estarán cerrados. Se entiende que la medida es drástica, que habrá de generar inconformidades y resistencias. La gente del mercado vive al día, pero también es cierto que, ante la inminencia de contagios, no hay más valioso que la protección de la vida y la salud tanto de locatarios como de clientes. Sólo así se mantendrá el ciclo vital.




































