¿Y cuándo vas a volver a amar?
Has llegado hasta aquí por algo. No te ha matado lo que pensabas podía haberlo hecho, por algo. No has sido derrotado. Deberías confiar más en ti y dejar de pensar en lo demás, por supuesto los demás incluidos familia, casa, oficina, latas de comida para mascotas. Has trabajado toda tu vida y si sigues así te vas a volver loco, te prenderás fuego. Hay aire, hay luz, hay agua en los ríos.
¿Y cuándo vas a volver a amar? Te has acostumbrado a no hacer nada fuera de lo normal, a ser el maniquí de la muerte, una corcholata de tu propio destino. Ya no eres conocedor de ti mismo, no eres reconocido por ti mismo. Eres la vieja fotografía olvidada de ti mismo. ¿No te das cuenta de que la fiesta está allá afuera? ¿A quién le haces falta? Tú eso lo sabrás bien. Nadie más. ¿Puedes escribir tu vida aún sin mañas? ¿No será que te haces falta a ti mismo y te echas de menos? Ya tú te responderás como quieras, como siempre, pero creo que podrías intentar ir por el camino otro, ese que dice que te has estancado, has parado como llanta ponchada en el fango que no era tu destino, y la belleza, lo que eso sea, la has alejado, tú mismo, de ti.
Ya ni te sientas a comer, ya ni saboreas del cine o de un café, desde hace añales. Todo es dolor de cabeza, de espaldas, factores rancios que ves como realidad. ¿No será que estás un tanto enfermo, te has dejado ser viejo y amarillento? Mira a tu gato o a tu perro, mira como bailaban antes los seres humanos, como purificaban con poesía su vida, sin querer decir con ello que se perdieran de la nostalgia, fueran meros palurdos de fe ciega en su capacidad de flotación. La muerte siempre ha sido la misma, el sexo, el poder, el dinero. El mar, lo sabes, puede ser la mar, puede ser bello y terrible. Los muñones de las guerras nos quedan en los ojos a todos, somos futuro y postrimería. No exageres tu nota. No sigas haciendo de todo ocho columnas del dolor “tuyito”.
“¿Por qué andas tan descalzo?”, pudiera ser una pequeña pregunta que nos mueva a seguir moviéndonos. En sus diversas acepciones, claro. ¿Por qué tan odioso, tan drenado y débil y extraño hasta para ti mismo? Ya no follas la vida, ya no haces películas mentales, te ocurre poco y eso que te ocurre es gris. ¿Sabes? Creo que deberíamos sincerarnos de una vez. Ya ni peleamos la contra ante eso que creíamos un mandamiento ético, no sacamos navajas, no llevamos pañuelos, no sostenemos más mundo que el de los ácaros. Ni siquiera podría decirse que nos hemos zafado dura y elegantemente de todo eso que llamamos dolor, que somos reyes de otra índole, re-tangenciales, realmente dioses liberados del mundo. No. No somos capaces de suicidarnos, ser borrachos hasta morir, o terroristas, césped que se fija únicamente en el sol. Nos duele esto de vivir y, al parecer, ya hasta nos acurrucamos en la mierda y nos encanta. Ya casi que ni nos queremos y quizá por eso ya no amamos como siempre soñamos. Y en ese tenor de cosas, ¿no sería mejor morirnos ya? Dejar de ser espantapájaros, moscas, lápidas, nos vendría bien, ¿no lo crees? Seguro que tú ya sabrás qué hacer. Sólo pasaba por aquí para saludarte.































