El hilo se corta por lo más delgado y Adán Augusto López lo sabe y su soberbia, aunada a las sospechas que se tienen sobre sus alianzas y su ejercicio gubernamental, motivaron su salida de la coordinación.
Si se va o no al servicio diplomático, es otro asunto, pero dejarlo como coordinador de los senadores era un grave riesgo, por las diferencias que traía con una treintena de legisladores que se encontraban bajo su coordinación, pero que le manifestaban su repudio.
Él lo sabía y soberbio como es no los consideraba parte importante de su liderazgo, los desdeñaba y marginaba de las cuestiones importantes de su bancada.
Al margen de sus posibles nexos con “La Barredora” y otros asuntos relacionados con el “huachicol”, Adán dejó de ser sujeto confiable y se fue alejando del círculo cercano de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Provocaba desconfianza en más de uno de los altos mandos de la administración pública y hasta del partido gobernante.
El tabasqueño escuchó en distintas ocasiones aquella máxima de la política mexicana que dice: “siéntese señor, usted ya bailó”.
De ser una figura emergente interesante el sexenio anterior, donde muchos lo situaban como el consentido del profesor, a sentirse marginado no pasaron más allá de año y medio.
La frialdad la comenzó a sentir cuando dejó de ser llamado a charlas directas con la presidenta y solamente era convocado cuando se requería ajustar agenda para las iniciativas pendientes.
Su amigo Hernán Bermúdez Requena fue el culpable de su desplome y eso que, hasta el momento, no se conoce el resultado de los interrogatorios a los que ha sido sometido el yucateco.
El exsecretario de Gobernación nunca imaginó que el desprecio que siente por su compañero de gabinete, Javier May, sería el inicio de su caída. El hoy gobernador de Tabasco señaló en una denuncia pública que el exgobernador era quien protegía al grupo conocido como “La Barredora”, el que actuó impunemente en Tabasco durante el sexenio de Adán Augusto y Carlos Merino.
Los excesos del entonces secretario de Gobernación en promover su imagen para posicionarlo en la carrera presidencial nunca fueron investigados. Sus nexos con su entonces cuñado Rutilio Cruz Escandón, gobernador de Chiapas y hoy cónsul en Miami tampoco fueron investigados y menos los contratos que asignaron al empresario Fernando Padilla Farfán.
Tal vez ahora Adán Augusto se encuentre más expuesto, aunque el blindaje como senador lo seguirá protegiendo, pero la soberbia, la arrogancia y el ego del tabasqueño si quedará afectado.



































