Ni triquis, ni ambulantes ni terrazas
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Ni triquis, ni ambulantes ni terrazas

 


Oaxaca vive de su patrimonio cultural: el gastronómico, el arquitectónico, el arqueológico y el natural. Y todos ellos contribuyen a dañarlo, a matar a la gallina de los huevos de oro por una visión cortoplacista, egoísta y mercantil.

Se auto justifican. Quienes defienden a los ambulantes lo hacen usando la ideología, quienes explotan el patrimonio gastronómico y artístico en cuestiones turísticas y de empleo.

Por ideología culpan al neoliberalismo para justificar el fenómeno del ambulantaje, pero muchos de quienes lo hacen se contradicen al aceptar, como es evidente, que el apogeo del ambulantaje derivó de la crisis populista de los sexenios de la economía irresponsable de Luis Echeverría y José López Portillo. La quiebra a la que llevaron al país, la inflación galopante desatada y las devaluaciones que, por un lado, cerraron miles de empresas y, por el otro, pulverizaron los salarios, por lo que miles de personas se lanzaron a la economía informal, el ambulantaje, para salir adelante.

Los dueños de hoteles y restaurantes, por su lado, aprovechando lagunas legales en cuanto a la falta de regulación de las terrazas, han llenado las azoteas de ellas para ofrecer, además de sus menús, una vista desde las alturas. Sin embargo, son tantas las terrazas, algunas de hasta dos niveles, que se obstruyen unas a otras. La colocación de estos espacios no es idea original, es copia de lo que sucede en San Miguel de Allende y la propia ciudad de Guanajuato, por ejemplo, o de ciudades turísticas de Europa. Las políticas de masificación indiscriminada del turismo son las respuestas al fracaso en políticas educativas, tecnológicas o industriales para justificar la alteración del patrimonio arquitectónico de nuestra capital. Vivimos de lo que se construyó en el pasado.

Las viejas casonas del centro no fueron diseñadas para eso, al menos las estructuras debieron haber sido reforzadas y, se supone, que cada terraza cumple con las medidas de protección civil para casos de terremotos o incendios. Los empresarios se constituyen en grupos de presión, al igual que ambulantes y triquis, para defender sus “conquistas” y, en nombre del desarrollo económico y la creación de empleos -mal pagados algunos de ellos- piden mantener sus ruidosas explanadas a pesar de la molestia que generan a los habitantes originales de la zona. El fenómeno de la gentrificación se padece intensamente en nuestra capital.

Los activistas que defienden el ambulantaje y a los triquis invasores y piratas alegan que se les discrimina por una visión patrimonialista y neoliberal, pero dejan de lado que, además del daño provocado a la ciudad y a la economía nacional está el daño que ellos mismos se hacen. El ambulantaje, que inició como una actividad paliativa y pasajera lo han convertido en una forma de vida, y en algunos casos de delinquir comercializando productos ilegales.

Todos aquellos que deciden meterse al ambulantaje no por necesidad sino por gusto son personas que nada abonan al capital cultural y cívico de las comunidades en donde practican su actividad. Se victimizan al exponer las inclemencias climáticas que deben soportar, pero nada dicen de la indisciplina y anarquía en que convierten su espacio y jamás piensan que, una vez convertidos en adultos mayores, serán una carga para su familia y el Estado que deberá proporcionarles servicios de salud, por ejemplo, sin haber contribuido nunca en su vida para ello. La mayoría de quienes viven del comercio informal nada aportan más que a los líderes que los manejan y a quienes sirven de acarreados o porros.

Por su parte, es probable que dueños de terrazas y salones de fiestas hayan recurrido a aceitar el engranaje burocrático con corrupción para obtener los permisos de cambio de uso de suelo. Tal vez tráfico de influencias o favores políticos, pero es probable que en una revisión a fondo de esos casos afloren toda clase de irregularidades.

Los triquis invasores, los ambulantes y las terrazas son nocivos para la salud de nuestro patrimonio cultural. Debe regularse el comercio informal y el abuso del uso de suelo en el centro histórico y, entre otras cosas, dejarse de armar bazares callejeros con motivos de vacaciones y puentes porque, en el fondo, solo son negocio de quienes ofrecen los espacios y rentan las carpas. Nada aportan a la ciudad.

Tantos los triquis como los ambulantes han perdido el apoyo popular. Las redes sociales muestran el profundo rechazo que por ellos existe entre la gente, por tanto, su vendimia y posturas de protesta han perdido legitimidad. Terrazas y céntricos salones de fiesta también son rechazados.

¿Médicos o doctoras?

Las nuevas titulares de la UTVCO y del COBAO juegan con la confusión que se da al usar el grado de doctor como sinónimo de médico. No, no son doctoras, ambas son médicos. Dado el ámbito académico con que las premiaron deberían aclarar que no han alcanzado el grado académico de doctorado.

nestoryuri@yahoo.com