Un día como hoy, pero hace once años, es decir en 2006, Oaxaca vivió una de las etapas más cruentas de su historia. El protagonista fue el mismo: el magisterio oaxaqueño, que sólo encendió la mecha de lo que muchos obtusos interpretaron como “la primera insurrección del Siglo XXI”. Grupos de vándalos enquistados en la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), liderada entonces por el mismo “Demonio de Tasmania”, Flavio Sosa Villavicencio, que solapó la presencia de lacras de grupos como el Frente Pancho Villa y “Los Panteras” de la Ciudad de México, trataron de arremeter en contra de la Policía Federal Preventiva (PFP), cuya presencia había sido necesaria en la capital, para frenar los disturbios y atropellos a la ciudadanía. Los enfrentamientos se dieron justamente, a la hora en que miles de familias oaxaqueñas habían asistido al Panteón General de San Miguel a visitar las tumbas de sus familiares muertos. La corporación federal replegó a los rijosos de la APPO, con gases lacrimógenos, pese a la exacerbada agresión de los mismos, quienes denominaron a esta fecha: “la batalla de Todos Santos”.
Por supuesto que a los oaxaqueños no se nos olvida, porque luego de meses de barricadas, asaltos a camiones del servicio urbano, violencia callejera y una especie de Estado de sitio, la ciudad estuvo a merced de fanáticos que aunque luego se asumieron víctimas como el mismo Flavio Sosa, llevaron tras de sí la muerte de varias personas. Es el caso de un joven que fue degollado por los rumbos de conocida unidad habitacional, cuando no se percató que en una barricada había un cable de acero y al pasar con su moto se cercenó la cabeza. Un maestro de la Escuela Secundaria Número 1, fue asimismo asesinado. Decenas de crímenes que fueron encubiertos en la administración pasada, cuando el magisterio impuso su ley para cobrarle el favor. No obstante, con un cinismo que raya en al absurdo, los mentores y adláteres han promovido comisiones de la verdad y hasta efímeras fiscalías, para castigar los “crímenes cometidos en el pasado”, que algo tienen de similitud con el caso de Nochixtlán, en donde ninguno de los ocho muertos era maestro, pero se apropiaron del hecho y tampoco reconocen las heridas infligidas a cerca de doscientos policías. Aquí se forjó la eterna victimización de este sector abominable de vividores, demagogos y farsantes, como el ya referido Flavio Sosa, hoy dirigente de COMUNA y responsable de alentar la violencia en comunidades de la Sierra Sur.
CEPCO, capacitación necesaria
La impresionante cantidad de réplicas que han tenido los sismos del 7, 19 y 23 de septiembre, que suman más de 9 mil, de diferente magnitud y fuerza, han creado en la población miedo y zozobra. En efecto, se trata de un fenómeno inédito. Pese a ser Oaxaca una zona eminentemente sísmica, jamás se había presentado un fenómeno similar. La historia contemporánea nos habla de sismos gravísimos como el del 14 de febrero de 1928 o el de 1931 que aniquilaron a miles de oaxaqueños. No obstante, el sismo de 8.2 grados fue el de mayor magnitud que se registra en cien años, es decir, su fuerza es incomparable a los anteriores y los daños, por lo que hemos visto, fueron brutales. En 1999 hubo dos sismos: uno en el mes de junio que afectó la Mixteca oaxaqueña y otro el 30 de septiembre, que ocasionó daños severos en la Costa y la Sierra Sur. Después de estos eventos se llevaron a cabo reuniones para activar los consejos municipales de Protección Civil. Se realizaron simulacros y en las ciudades importantes del estado, como la capital, Tuxtepec, Juchitán y otros, se llevaron a cabo inspecciones en escuelas, mercados, edificios públicos, terminales de autobuses, cines y otros lugares de concentración humana, para detectar rutas de evacuación, sitios de salvamento, escaleras de emergencia, etc.
Sin embargo, los sismos, aunque de menor intensidad se han presentado a lo largo de esos dieciocho años, asimismo las lluvias e inundaciones, sin que la antes reconocida Unidad Estatal de Protección Civil (UEPC), luego Coordinación Estatal de Protección Civil de Oaxaca (CEPCO), haya retomado esas acciones, a fin de crear en la ciudadanía una cultura de qué hacer en casos de desastre. Es un hecho que en materia de prevención, de salvamento, de una formación en materia de protección es totalmente inexistente en la ciudadanía. Los hechos que, como dijimos líneas arriba, son totalmente inéditos en materia de contingencia por sismos y lluvias, deben alertar a las autoridades estatales a instrumentar las medidas necesarias para evitar la pérdida de vidas humanas. La formación en materia de protección civil debe darse en las escuelas de educación básica; en los mercados y en las oficinas públicas. Cada una de las dependencias de gobierno, colonias, barrios, fraccionamientos habitacionales, etc., deben contar con protocolos de protección civil, con comités ciudadanos, etc.

































