Oaxaca volvió a encender las alertas a nivel nacional al colocarse entre los estados con más homicidios en un solo día. En medio de una cadena de ataques armados que exhiben una crisis de seguridad cada vez más profunda y desbordada.
De acuerdo con el reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), correspondiente al 17 de marzo, la entidad registró cuatro homicidios, ubicándose junto a estados con alta incidencia delictiva como Sinaloa, Michoacán y Veracruz. Donde la presencia del crimen organizado ha sido constante durante años.

La cifra, lejos de ser aislada, se enmarca en una escalada violenta concentrada principalmente en el Istmo de Tehuantepec. Con esto, Oaxaca se sitúa junto a entidades con históricos problemas de inseguridad, mientras crecen las dudas sobre la eficacia de la estrategia gubernamental.
JUCHITÁN, EPICENTRO DE LA VIOLENCIA
Tres de los homicidios registrados ocurrieron en el Istmo de Tehuantepec, particularmente en Juchitán de Zaragoza. Donde en un solo día se documentaron ataques armados, ejecuciones y personas lesionadas en distintos puntos del municipio.
Uno de los hechos más alarmantes ocurrió frente a un preescolar, donde un hombre identificado como líder de mototaxistas fue perseguido por sujetos armados. La víctima intentó resguardarse dentro del plantel educativo, pero fue alcanzada y ejecutada a tiros en el interior.
El ataque, directo y sin margen de escape, generó pánico entre vecinos, pese a que no había clases en ese momento. La escena dejó en evidencia no solo la violencia, sino la vulnerabilidad de espacios públicos que deberían ser seguros.
TORTURA, EJECUCIONES Y SOBREVIVIENTES
Horas más tarde, en la zona norte de la ciudad, autoridades localizaron el cuerpo de un hombre con signos de tortura, amordazado y atado, lo que apunta a un posible ajuste de cuentas. A pocos metros, otro individuo fue encontrado con vida. Aunque gravemente herido por impactos de bala.
De forma paralela, un tercer caso involucró a un hombre lesionado por arma de fuego que logró pedir ayuda. Aunque inicialmente se habló de un asalto, las autoridades no descartan que esté relacionado con el mismo episodio violento.
Estos hechos reflejan patrones característicos de la delincuencia organizada: uso de violencia extrema, ataques coordinados y múltiples víctimas en lapsos cortos.
MÁS ATAQUES DURANTE EL DÍA
La violencia no se detuvo. Por la noche, en la agencia de La Ventosa, un exmilitar fue asesinado a balazos y otra persona resultó herida, ampliando la cadena de agresiones en el municipio.
A estos hechos se suma un homicidio más en Miahuatlán de Porfirio Díaz. Lugar, donde un joven fue ejecutado, en un contexto donde ya se había registrado otro asesinato horas antes.
ESTRATEGIA BAJO CUESTIONAMIENTO
La acumulación de casos en un solo día y en una misma región evidencia una escalada de violencia que pone en entredicho las acciones de seguridad implementadas en Oaxaca.
Si bien autoridades estatales condenaron los hechos y anunciaron investigaciones, la recurrencia de estos episodios apunta a un problema estructural: la disputa territorial entre grupos delictivos y la limitada capacidad de respuesta institucional.
La concentración de homicidios en zonas específicas, como el Istmo, también revela focos rojos persistentes donde la presencia del Estado resulta insuficiente frente a la operación del crimen organizado.
CLIMA DE TEMOR SOCIAL
Más allá de las cifras, los hechos dejan una huella en la vida cotidiana. La ejecución dentro de un plantel educativo, la presencia de cuerpos con signos de tortura y los ataques en vía pública refuerzan un ambiente de miedo entre la población.
Habitantes de Juchitán enfrentan así una realidad marcada por la incertidumbre. Donde la violencia se ha vuelto recurrente y, en muchos casos, impredecible.
El reto no solo radica en contener los delitos, sino en recuperar la confianza ciudadana, hoy deteriorada ante la constante exposición a hechos de alto impacto.
ATAQUE CONTRA MUJERES SACUDE JUCHITÁN
La espiral de violencia en Juchitán de Zaragoza escaló a un nivel aún más alarmante este 18 de marzo. Con un ataque armado directo contra cuatro mujeres —entre ellas una menor de edad— que dejó una víctima fatal y tres lesionadas.
La agresión ocurrió antes de las ocho de la mañana, cuando sujetos armados irrumpieron en un domicilio del callejón Gómez Farías, en los límites de la Octava y Novena Sección, y abrieron fuego sin contemplación. El hecho, por su brutalidad y por el perfil de las víctimas, refleja un escenario cada vez más descontrolado.
Este nuevo episodio no solo incrementa la cifra de homicidios, sino que exhibe un punto crítico: la violencia ha dejado de tener límites, alcanzando ahora a mujeres y menores dentro de sus propios hogares. Mientras tanto, la ausencia de detenidos refuerza la percepción de impunidad en una región que permanece bajo asedio constante.









































