“Quienes tenemos una autoridad, tenemos que ser autoridad como quiere Dios, no como quiere el mundo”, estableció el Arzobispo de Antequera Oaxaca, Pedro Vásquez Villalobos.
“La autoridad la debemos de entender como servicio, Dios me llama a ser y a servir como autoridad, el día que nosotros aprendamos a ser servidores vamos a ser respetados como autoridad”, apuntó.
En la homilía dominical, advirtió que se ha perdido el espíritu de servicio y por eso se ha perdido el respeto a la autoridad. “Ya no le creemos a la autoridad, ya no la respetamos, empezando desde la casa”.
Explicó que con facilidad, nosotros hijos, les gritamos a nuestros papás, y les decimos por qué ellos nos mandan, que nosotros ya somos mayores de edad y que ya sabemos lo que tenemos que hacer y nadie nos debe de enseñar.
Nos rebelamos contra esa autoridad que son nuestros padres y, si nos rebelamos ahí, adentro de nuestra casita, con facilidad nos rebelamos en la escuela, con los maestros, con el director, con el que está encargado de nuestro grupo.
Indicó que nos rebelamos con el que es autoridad, contra aquel que es servidor… “Nos rebelamos contra todo mundo porque nos sentimos que nosotros somos intocables y más si tenemos dinero… ¡Ah! Porque tener dinero, el mundo dice “vales”, así te da valor tener dinero y el que tiene dinero, en lugar de decirle a Dios: gracias porque me has bendecido con abundancia de bienes y voy a tratar de ponerlos al servicio de los demás y compartir con ellos para que Tú me sigas bendiciendo.
Nos sentimos que tenemos que ser caravaneados, que se nos deben postrar, que tiene que humillarse las personas ante nosotros porque somos grandes por nuestro dinero. La grandeza la ponemos en el dinero.
Agregó que los hijos que no han hecho nada para tener ese dinero, se creen los dueños, amos y señores de la ciudad y de nuestros pueblos.
Qué triste es eso, qué triste es que nosotros dejemos el pensamiento que quiere Dios, un pensamiento de ser fraternos, de ser solidarios, de amar, de mirarnos respetuosamente.
De compartir, de vivir la alegría de vivir en paz, de no sentirnos más grandes que otros… qué triste es que hayamos perdido todo eso y nos vayamos con el pensamiento del mundo.








































