El aislamiento, la improductividad e incapacidad es solo una de las tantas aristas del consumo de refrescos en Oaxaca y el país y que desencadena enfermedades como la diabetes.
En un reporte publicado en 2027, Blanca, una mujer de 60 años con la diabetes diagnosticada, expresó su sentido de aislamiento de la siguiente manera:
“Estoy triste porque no puedo ir a la fiesta. Me canso luego luego y no puedo trabajar. ¿Para qué ir si no puedo trabajar? La gente se enoja y empieza a hablar que solo viniste a comer y te da vergüenza. Hay gente que dice ¿Para qué viene si no puede trabajar? Por eso lo único que puedo hacer es enviar mi limosna. Yo quiero ayudar pero no puedo, solo siento y miro. Así te sientes triste y peor tu azúcar.”
Este es un fragmento del estudio La diabetes como metáfora de vulnerabilidad. El caso de los ikojts de Oaxaca, publicado en 2017.
De acuerdo a un estudio del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) en Chiapas el consumo de refresco se ha convertido en sustituto cotidiano del agua potable; las razones: religiosas pues los líderes religiosos tradicionales comenzaron a sustituir el aguardiente de caña (pox) por refrescos ante el elevado alcoholismo y, además, otorgaron concesiones a la Coca-Cola y Pepsicola.
Chiapas, por ejemplo, es la región del mundo donde más se consume Coca-Cola, se calcula que cada habitante de Chiapas bebe 821.25 litros de refresco por año
EL CONSUMO DE REFRESCOS EN OAXACA
De acuerdo con cifras de Euromonitor, en promedio cada mexicano consume 163 litros anuales de refresco, lo que representa un 40% más que Estados Unidos (118 litros por persona) y supera en más de seis veces el promedio global.
De acuerdo a un cuadro publicado por EL ECONOMISTA, Oaxaca es el tercer estado por el consumo de refrescos por persona en el país. Mientras el vecino del sur, Chiapas, consume en promedio 821.25 litros al año, en Tabasco el estimado es superior a superior a 300 litros; la proyección para Oaxaca es de entre 250 y 300 litros al año y Veracruz alrededor de 250 litros.
En números redondos, a partir de esas cifras, en Oaxaca el consumo diario de refrescos oscila entre 684 y ¡821! mililitros al día. Este, sin duda, es uno de los motivos de enfermedades tan disímbolas, pero hermanadas, como la desnutrición, obesidad, anemia, bulimia, diabetes o hipertensión.
A los refrescos debemos sumar las bebidas azucaradas que ya ocupan un lugar protagónico en la vida, las mesas y las mochilas de los oaxaqueños.
El estudio señala que “entre las razones por las cuales ha incrementado el consumo de bebidas azucaradas en la región sureste, se cuentan la laxa legislación hacia las empresas refresqueras, campañas de mercadotecnia en lenguas locales y la poca accesibilidad de agua potable de calidad y en cantidad suficiente para los habitantes. Esta información proviene de la investigación realizada por Jaime Page Pliego, doctor en Antropología por el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur), la cual revela que este aumento fue ocasionado, también, por una modificación de la vida social y religiosa de sus habitantes”.
EL ESBOZO LEGISLATIVO CONTRA REFRESCOS
El 5 agosto, 2020. Oaxaca prohibió la venta de bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido calórico a los menores de edad; con ello se convirtió en el primer estado de México en veto, al menos para la venta a menores, de la comercialización de estas bebidas; la propuesta tardó un año en aprobarse dado que durmió el sueño de los justos dentro de la Comisión Permanente de Grupos en Situación de Vulnerabilidad.
En 2021, ante la pandemia de Covid-19 y el ascenso de casos de diabetes, la comunidad de Villa Alta Yalálag, en la sierra norte de Oaxaca, prohibió la entrada de repartidores de productos industrializados en su territorio: comida chatarra y refrescos.
Para especialistas la “vacuna” el antídoto para frenar el mayor consumo de refrescos es garantizar de derecho humano al agua, y eso es responsabilidad de autoridades.










































