Por Benjamín Fernández Pichardo
¡SI, NOSOTROS LO MATAMOS! por nuestra indiferencia, por nuestra cobardía, por nuestro silencio, matamos Alejandro Leyva Aguilar, quien desde su tribuna sólo dijo la verdad, algo que todos sabemos y que siempre callamos, el no mentía: el nepotismo, la corrupción, el narcogobierno que padecemos, él lo clamó a los cuatro vientos y al igual que Carlos Manzo en Michoacán, denunció a quien habría de acallarlo por decir la verdad.
Hoy vivimos tiempos difíciles para la Libertad de Expresión y la búsqueda de la verdad, el derecho a vivir sin miedo. Alguien dijo por ahí, que a los periodistas se les mata de hambre y es verdad, pero en Oaxaca también se les mata con balas y con acciones cobardes, pagados por aquellos que tienen la piel urticante y que fueron exhibidos una y otra vez, hasta que los acallaron.
Qué bueno que el gobernador Jara no publicó esa famosa lista de periodistas críticos como lo sentenció, porque obviamente sería una lista fúnebre que lamentar.
Hoy los chayoteros de las mañaneras, centaveados por mendrugos que se dicen periodistas, tratan de limpiarse las manos ensangrentadas de los que hoy en su interior se regocijan por acallar a aquellos que tienen el valor de denunciar sus felonías.
Leyva Aguilar sólo dijo su verdad, la misma que todos sabemos y callamos todos los días y no podemos exigir que se esclarezcan los hechos, pues “Chinto tapa Chinto”, ya no tenemos confianza ni fe en nuestras Instituciones que han sido penetradas y mantenidas por el crimen organizado. ¿Por qué pedimos justicia?, pues bien sabemos que esta nunca llegará.
¡Sí! nosotros lo matamos con nuestra cobardía, con nuestro silencio, con nuestra indiferencia, porque nos negamos a ver las acciones de un mal gobierno que hoy silenció la verdad a balazos, el hecho quedará impune sin duda, al igual que Carlos Manzo y de aquellos que han tenido la valentía de denunciar un mal gobierno.
Hoy lamentamos este crimen de un comunicador honesto y valiente que nos vino a demostrar que México está podrido, que no hay autoridades, que hay simulación, temor, miedo y complacencia y que deambulamos sin rumbo, clamando justicia cuando la libertad de expresión ya no existe en nuestro país. Que la división y el odio entre los mexicanos cada día se agudiza, alimentados por aquellos que se nutren de la corrupción y de la infeliz indiferencia popular que es aquella que permite que la sociedad y su gente de valor sea masacrada y por lo cual esos crímenes queden impunes.







































