Al cuestionar el valor que la sociedad otorga a la productividad por encima de la necesidad, el párroco Alejado Rodríguez llamó a la feligresía a volver el corazón a Dios, a valorar su bondad y la gratuidad de su amor.
Durante la misa del mediodía en la catedral metropolitana de Oaxaca, el responsable de este recinto invitó a reflexionar sobre la esclavitud moderna, en la exclusión de las personas por su edad, la que se considera como sinónimo de productividad o improductividad.
Portarse bien para obtener algo
El párroco también pidió pensar en cómo hemos sido condicionados que para merecer algo tenemos que portarnos bien, en hacer algún esfuerzo, cuando en realidad Dios solamente pide que volvamos su corazón a él y él se encargará de lo demás.
“Por eso les quiero preguntar: ¿Cuándo fue la última vez que les regalaron algo sin que fuera su cumpleaños? ¿Cuándo fue la última vez que ustedes regalaron algo a alguien? ¿Cuándo fue la última y que ustedes se regalaron algo sin culpa y sin remordimiento de que esto merezco? ¿Cuándo fue la última vez que se miraron al espejo y dijeron: ¡Señor, exageraste conmigo! ¿Cuándo fue la última vez que se hablaron así?”
En ausencia del arzobispo de Antequera, Pedro Vázquez Villalobos, el padre Alejandro comentó que crecimos pensando toda la vida que para merecer algo se necesita hacer el esfuerzo de portarse bien.
“Fíjense Dios lo que pide, no le está pidiendo ningún esfuerzo a los criminales y a los malvados, solo dice: vuelvan su corazón a Dios, que Dios se va a encargar de hacer todo lo demás”.
Esclavos de nosotros mismos
En esta sociedad, donde todo se mide por la productividad, el presbítero subrayó que solo se considera bueno a alguien si es que produce (genera dinero). “Por eso nos hemos vuelto esclavos de nosotros mismos, porque nos hemos vuelto máquinas productivas”.
Al hablar sobre la parábola del señor y el viñedo, el párroco dijo que los trabajadores no son lo importante sino lo que Dios va a hacer con ellos. Por ejemplo, al dar trabajo al que lo necesita y que ha quedado relegado porque se ha preferido darle la oportunidad al que llegó primero o se ve más fuerte.
“El punto no es la productividad, lo que Dios está viendo es la necesidad porque estos últimos trabajadores, así como este día nadie los contrató, posiblemente ya llevaban otros días donde nadie los contrataba, donde su familia tal vez tenía hambre, donde tal vez no había nada para solventar las necesidades, porque Dios está viendo la necesidad, no la productividad”.
Anteponer la necesidad
Es aquí donde Díos invita a ver no la productividad sino la necesidad, apuntó el párroco. Y no solo las necesidades materiales sino las espirituales.
“Por eso el mundo y la sociedad están así porque todos pensamos en querer ganar más y no aprender de Dios, que Dios ofrece gratuitamente su amor, su gracia, y ama al que más lo necesita… Estamos perdiendo algo que Jesús nos enseña, que Dios nos sigue amando y espera que nuestro corazón se convierta y vuelva al señor. Por eso hoy regálate, date la oportunidad, date la oportunidad de regalarle algo a alguien para que experimentes algo de lo hermoso que Dios nos enseña: su bondad es infinita y su amor se derrama por todas partes. No necesitas mérito, necesitas ser agradecido por la gratuidad con que Dios nos mira”.





































