Contar con un testamento no convierte automáticamente a una persona en dueña de un inmueble heredado. Aunque este documento define la voluntad del titular, la propiedad solo se transfiere legalmente tras un proceso formal conocido como adjudicación.
De acuerdo con el Colegio de Notarios de la Ciudad de México, este paso es indispensable para que los herederos puedan disponer plenamente de los bienes.
EL ERROR MÁS COMÚN: CREER QUE EL TESTAMENTO ES SUFICIENTE
Una de las confusiones más extendidas es pensar que el testamento por sí solo otorga derechos de propiedad. En realidad, se trata únicamente del inicio del proceso sucesorio.
Sin la adjudicación ante notario, los beneficiarios no pueden vender, hipotecar ni realizar trámites legales sobre el inmueble, aun cuando exista un documento válido.
ADJUDICACIÓN: EL PASO QUE DEFINE LA PROPIEDAD
La adjudicación es el procedimiento mediante el cual se formaliza la transmisión de bienes. Este acto convierte la voluntad del fallecido en un derecho legal efectivo.
Durante esta etapa, el albacea —figura responsable de ejecutar lo establecido en el testamento— coordina la regularización del inmueble y la emisión de nuevas escrituras a nombre de los herederos.
UN PROCESO CON COSTOS IMPORTANTES
Este trámite no es menor. En el caso de bienes inmuebles, puede implicar un gasto aproximado de entre el 4% y el 7% del valor de la propiedad.
Estos costos suelen tomar por sorpresa a las familias, especialmente cuando no fueron considerados previamente como parte del proceso de herencia.
CUANDO NO HAY TESTAMENTO: MÁS COMPLEJIDAD
En ausencia de testamento, la situación se complica. El proceso, conocido como intestado, obliga a que la ley determine quiénes son los herederos legítimos.
Dependiendo del caso, el trámite puede resolverse ante notario o escalar a un juzgado familiar, lo que implica mayores tiempos y posibles conflictos entre familiares.
UN DOCUMENTO CLAVE, PERO NO FINAL
El testamento, que puede elaborarse ante notario sin necesidad de testigos en la mayoría de los casos, sigue siendo una herramienta fundamental para dar certeza jurídica.
Sin embargo, especialistas coinciden en que no representa el final del proceso, sino apenas el primer paso hacia la transmisión efectiva del patrimonio.









































