El gobierno de Carlos Salinas de Gortari habría ordenado en 1994 una operación para asesinar al entonces subcomandante Marcos, líder y vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), apenas días después del levantamiento armado en Chiapas.
El señalamiento fue revelado por la periodista e investigadora Anabel Hernández durante una entrevista y forma parte de su libro Narcocracia.
Según la autora, la misión habría sido encomendada a un grupo de agentes de la entonces Policía Judicial Federal (PJF), entre ellos Sergio Villarreal Barragán. Quien años después se convertiría en operador del Cártel de los Beltrán Leyva y sería conocido como “El Grande”.
Hernández sostiene que el operativo se preparó mientras el gobierno federal mantenía públicamente una postura encaminada al diálogo con el EZLN. La operación, sin embargo, nunca llegó a concretarse.
AGENTES ARMADOS Y CON IDENTIFICACIONES OFICIALES
De acuerdo con la investigación presentada por Hernández, Villarreal Barragán era entonces un agente joven de la PJF y había mostrado aptitudes que las autoridades consideraron útiles para tareas de contraguerrilla y organización de ataques.
El grupo enviado a Chiapas habría recibido armas cortas, identificaciones oficiales y documentación que acreditaba su adscripción a la delegación de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) en ese estado.
Los agentes habrían trabajado vestidos de civil y sin identificaciones visibles, integrándose aparentemente a las labores de investigación de la delegación.
La instrucción, según la versión expuesta por Hernández, era eliminar a Marcos, considerado entonces el principal dirigente militar y vocero del movimiento zapatista.
LA TREGUA FRENÓ EL OPERATIVO
El levantamiento del EZLN comenzó el 1 de enero de 1994 y rápidamente colocó a Chiapas en el centro de la atención nacional e internacional.
Doce días después, el gobierno de Salinas de Gortari decretó un cese unilateral al fuego y abrió la puerta a negociaciones con los zapatistas. Ese giro político habría cambiado el destino de la operación.
La propia Hernández explicó que el acuerdo alcanzado con el EZLN provocó que la misión fuera cancelada:
“Se llega al acuerdo (…) y es ahí donde se aborta la misión”.
De acuerdo con su reconstrucción, Villarreal Barragán regresó posteriormente a la Ciudad de México y más tarde fue enviado a Ciudad Juárez.
Ese traslado marcaría, según la periodista, el comienzo de una trayectoria que terminaría vinculándolo con el narcotráfico.
DE AGENTE FEDERAL A OPERADOR DEL NARCOTRÁFICO
Uno de los puntos centrales de Narcocracia es precisamente la transformación de Villarreal Barragán: de integrante de una corporación federal a operador de una organización criminal.
Hernández sostiene que los conocimientos adquiridos durante su paso por las instituciones de seguridad fueron posteriormente utilizados por el crimen organizado.
“Todo lo que El Grande aprendió de estrategia militar, de estrategia de guerrilla, de estrategia para conquistar plazas, de estrategia para tomar control territorial de lugares, se lo enseñó el Gobierno”, afirmó la periodista.
La autora plantea así una de las principales tesis de su investigación: las propias instituciones del Estado habrían proporcionado a determinados agentes conocimientos y capacidades que después terminaron siendo utilizados en beneficio de organizaciones criminales.
EL ESTADO COMO ESCUELA PARA EL CRIMEN
La revelación plantea una contradicción particularmente delicada sobre la actuación del Estado mexicano durante los primeros meses del conflicto zapatista.
Mientras públicamente se impulsaba una salida negociada al levantamiento, la versión expuesta por Hernández sostiene que, de manera paralela, se habría preparado una operación clandestina para eliminar al principal dirigente del EZLN.
Para la periodista, el caso de Villarreal Barragán no sería un episodio aislado, sino parte de un patrón en el que integrantes de las instituciones de seguridad terminaron incorporándose a estructuras del crimen organizado.
Hernández establece un paralelismo con el caso de Genaro García Luna y plantea que ambos recorridos permiten observar cómo funcionarios formados dentro del aparato de seguridad pudieron terminar vinculados con grupos criminales.
UNA ACUSACIÓN QUE REQUIERE CONTEXTO
El señalamiento sobre la supuesta orden para asesinar a Marcos proviene de la investigación y de las declaraciones de Anabel Hernández; en el material citado no se presenta una resolución judicial que acredite que Carlos Salinas de Gortari haya ordenado personalmente el asesinato ni que la operación haya sido ejecutada.
La distinción es relevante porque el episodio se refiere a hechos ocurridos hace más de tres décadas y la versión difundida actualmente se basa en la reconstrucción presentada por la periodista en Narcocracia.
Lo que sí forma parte de la historia conocida del conflicto es que el levantamiento zapatista comenzó el 1 de enero de 1994 y que el gobierno federal optó posteriormente por una vía de negociación, proceso que derivó años después en los Acuerdos de San Andrés.
EL OPERATIVO QUE NO LLEGÓ AL OBJETIVO
La historia planteada por Hernández termina convirtiendo aquel supuesto operativo contra Marcos en el primer capítulo de una trayectoria mucho más amplia.
La misión no habría llegado a ejecutarse debido al cambio de estrategia del gobierno y al inicio de las negociaciones con el EZLN.
Villarreal Barragán regresó a la Ciudad de México y posteriormente fue enviado a Ciudad Juárez, donde, según la reconstrucción de la periodista, comenzó su acercamiento al mundo del narcotráfico.
Años después, “El Grande” llegaría a ocupar un lugar relevante dentro del Cártel de los Beltrán Leyva. Y se convertiría en testigo dentro del proceso judicial contra Genaro García Luna en Estados Unidos.
La revelación coloca así dos momentos aparentemente distantes en una misma historia: un agente formado dentro de las instituciones de seguridad que habría recibido una misión contra la insurgencia zapatista y, años después, terminó utilizando conocimientos adquiridos durante su carrera para operar dentro del crimen organizado.










































