México enfrenta una contradicción que evidencia las fallas de su sistema alimentario: mientras millones de personas viven con dificultades para acceder a una alimentación suficiente, el país desperdicia alrededor de 30 millones de toneladas de comida al año, de acuerdo con las cifras citadas por la Red de Bancos de Alimentos de México (Red Bamx).
Ante esta problemática, empresas como Walmart, Alsea y PepsiCo han fortalecido sus programas de donación y recuperación de alimentos para evitar que productos todavía aptos para el consumo terminen en la basura. Sin embargo, la dimensión del desperdicio plantea dudas sobre la capacidad de estas iniciativas para contener un problema que, según representantes del sector, continúa en aumento.
“Estamos hablando que el desperdicio es de una gran magnitud, de 2.5 millones de dólares al cesto de la basura, porque la tendencia nos dice que el desperdicio va en aumento en lugar de ir disminuyendo”, advirtió Clarisa Fonseca, gerente nacional de Comunicación de la Red Bamx, en entrevista.
La representante señaló que el fenómeno también refleja una sobreproducción en distintas regiones e industrias del país. Esto significa que el desafío no consiste únicamente en distribuir los alimentos que ya no se comercializan, sino también en reducir las pérdidas desde las etapas de producción, almacenamiento, comercialización y consumo.
SUPERMERCADOS, PIEZA CLAVE EN EL RESCATE DE ALIMENTOS
Las cadenas de autoservicio ocupan un lugar importante en las estrategias para recuperar productos que todavía pueden consumirse, pero que corren el riesgo de ser desechados por errores de etiquetado, baja rotación o cambios estacionales en la demanda.
Para aprovechar estos alimentos, la Red Bamx trabaja con empresas comerciales mediante esquemas de logística inversa, con los que se busca recoger los productos y trasladarlos oportunamente a los bancos de alimentos para su distribución entre comunidades vulnerables.
Entre los principales donantes se encuentra Walmart, cuya colaboración incluye tiendas de distintas modalidades, como Bodega Aurrera y Sam’s Club, además de aportaciones económicas de la Fundación Walmart para fortalecer la capacidad operativa de los bancos de alimentos.
De acuerdo con Fonseca, los productos recuperados permiten integrar paquetes con frutas, verduras y alimentos básicos de larga duración, como arroz y frijol. La composición depende de la disponibilidad de mercancía y de las necesidades de las comunidades beneficiarias.
La recuperación de estos productos ayuda a aprovechar alimentos que, por razones comerciales, podrían perder su valor de venta. No obstante, la efectividad de estas medidas también depende de que la recolección, el transporte y la distribución se realicen antes de que los productos dejen de ser seguros para el consumo.
WALMART RECONOCE QUE TODAVÍA HAY RETOS
Las empresas participantes presentan el rescate de alimentos como parte de sus políticas de responsabilidad social y sustentabilidad. Sin embargo, la reducción de las pérdidas continúa siendo un objetivo pendiente para el sector minorista.
Ksenia Portnova, subdirectora de Sustentabilidad para Walmart México y Centroamérica, señaló que la compañía ha registrado avances en materia de reducción de emisiones, manejo de residuos y prevención del desperdicio de alimentos.
También reconoció que aún queda trabajo por hacer, particularmente mediante la colaboración con proveedores y otros participantes de la cadena de suministro.
La postura pone de relieve uno de los principales desafíos del problema: aunque las donaciones permiten recuperar una parte de los alimentos que no se venden, es necesario conocer cuánto se desperdicia en las operaciones comerciales y qué resultados concretos producen las medidas de prevención.
Sin información comparable sobre las cantidades rescatadas, las pérdidas evitadas y el volumen total de alimentos desechados, resulta difícil determinar hasta qué punto los programas empresariales están modificando la tendencia nacional.
ALSEA Y PEPSICO TAMBIÉN APORTAN RECURSOS
La participación empresarial se extiende más allá de los supermercados. Durante 2025, Fundación Alsea donó cuatro unidades de rescate, entregó 33 toneladas de alimentos básicos y apoyó la construcción de dos bancos de alimentos.
Por su parte, Fundación PepsiCo destinó ocho millones de pesos a la Red Bamx, de acuerdo con la información proporcionada sobre sus acciones de apoyo.
Estas aportaciones buscan fortalecer la infraestructura necesaria para recuperar, transportar y distribuir productos entre las organizaciones y comunidades que los necesitan.
En cuanto al origen de los alimentos recuperados, el sector agrícola representa la principal fuente de abastecimiento para los bancos de alimentos, seguido de la industria procesadora, las tiendas de autoservicio y el sector de la hospitalidad.
Entre las empresas de la industria alimentaria que participan en este entorno se encuentran Nestlé, Kellogg’s y Danone.
La diversidad de participantes muestra que el desperdicio no es un problema exclusivo de los supermercados. Las pérdidas pueden producirse desde la cosecha y el procesamiento hasta el almacenamiento, la distribución y la venta final.
RESTAURANTES Y HOTELES OPERAN CON REGLAS SANITARIAS
Los hoteles y restaurantes también participan en la recuperación de alimentos mediante herramientas digitales que conectan a los establecimientos con instituciones benéficas cercanas.
Sin embargo, la donación de comida preparada requiere controles sanitarios específicos para evitar riesgos a quienes la reciben.
Fonseca explicó que únicamente se recuperan materias primas o alimentos preparados que no hayan salido de la cocina ni tenido contacto con las mesas de los comensales. Los productos deben manejarse bajo procedimientos de conservación, sellado y etiquetado que permitan preservar su inocuidad y advertir sobre posibles alérgenos.
Estas condiciones son fundamentales para que el rescate de alimentos no se convierta en un riesgo sanitario. La prioridad es que los productos donados sean seguros, además de encontrarse en condiciones adecuadas para su distribución.
El reto para este sector consiste en organizar las entregas en tiempos reducidos y garantizar que los alimentos lleguen a las instituciones receptoras en condiciones apropiadas de conservación.
SIETE DE CADA DIEZ MEXICANOS SEÑALAN A LOS SUPERMERCADOS
Pese a las iniciativas de recuperación, la percepción pública refleja una fuerte exigencia hacia las grandes cadenas comerciales.
El reporte Percepción de desperdicio de alimentos en América Latina 2026, elaborado por la plataforma Cheaf, señala que siete de cada diez mexicanos encuestados identifican a los supermercados como los principales responsables del desperdicio de alimentos. Los hogares aparecen después en esta percepción.
El documento advierte que el comercio minorista concentra buena parte de las expectativas sociales para enfrentar el problema, aunque también reconoce que la responsabilidad se distribuye entre distintos actores.
Aproximadamente uno de cada tres participantes señala a gobiernos, hogares, restaurantes o pequeños comercios como parte del problema.
Estos resultados describen la opinión de las personas encuestadas, no una medición directa de la proporción de alimentos que desperdicia cada sector. Aun así, muestran que la población espera una mayor participación de las empresas que concentran grandes volúmenes de productos y cuentan con infraestructura para recuperarlos y redistribuirlos.
La percepción también plantea una pregunta de fondo: si las compañías han desarrollado mecanismos de donación, ¿por qué persiste la idea de que los supermercados son los principales responsables? Una respuesta requiere distinguir entre las acciones de rescate y la prevención de las pérdidas antes de que ocurran.
FALTA INFORMACIÓN Y MAYORES INCENTIVOS
La desinformación figura entre los obstáculos para reducir el desperdicio, de acuerdo con el análisis citado. A ello se suman las dificultades logísticas, los requisitos sanitarios y los costos que implica recolectar y distribuir alimentos en condiciones seguras.
La Red Bamx cuenta con más de cuatro mil empresas aliadas, mientras que los avances vinculados con la Ley de Economía Circular apuntan a favorecer el aprovechamiento de productos frente a su destrucción.
Sin embargo, la existencia de alianzas y disposiciones legales no garantiza por sí sola que disminuya el volumen de alimentos desperdiciados. Para medir los resultados se necesitan datos verificables sobre las donaciones, las pérdidas evitadas y el impacto de estas acciones en las comunidades beneficiarias.
El estudio de Cheaf también señala que más de la mitad de las personas encuestadas considera necesario establecer incentivos para facilitar el rescate de mercancías. En contraste, solo una de cada diez propone imponer multas a las empresas.
La diferencia refleja una mayor preferencia por mecanismos que faciliten el aprovechamiento de los alimentos, aunque no elimina el debate sobre la responsabilidad de productores, distribuidores y comerciantes en la prevención del desperdicio.
DONAR NO BASTA PARA RESOLVER EL PROBLEMA
La recuperación de alimentos permite reducir pérdidas y acercar productos a poblaciones vulnerables, pero no sustituye una estrategia integral para evitar que la comida se desperdicie desde su origen.
Con un volumen anual estimado de 30 millones de toneladas, México enfrenta el desafío de mejorar la planeación de la producción, la conservación de los productos, la distribución y las prácticas de consumo.
Las empresas tienen capacidad logística y recursos para contribuir a la solución, pero el alcance de sus programas debe evaluarse con resultados transparentes y comparables. También corresponde a las autoridades fortalecer la información disponible, impulsar medidas de prevención y verificar el cumplimiento de las disposiciones aplicables.
El desafío no es únicamente rescatar lo que está a punto de desecharse, sino reducir la cantidad de alimentos que termina en la basura. Mientras las donaciones ayudan a atender necesidades inmediatas, la prevención sigue siendo indispensable para enfrentar las causas estructurales del desperdicio alimentario en el país.









































