“Yo me ordené para siempre como sacerdote”, expresó Guadalupe Barragán Oliva, al cumplir 75 años de edad.
El párroco del templo de las mártires Felícitas y Perpetuas, nació a las 00:15 horas del 12 de diciembre de 1942, en la Vega, Jalisco, sin embargo, más de la mitad de su vida la ha pasado en Oaxaca.
Ayer celebró la misa de las 19:00 horas, como parte de sus actividades litúrgicas normales y frente a las imágenes católicas agradeció por un año más, por la experiencia de trabajar en la pastoral de Comunicación.
En medio de eso, el sacerdote se dijo estar satisfecho. “Yo muy feliz, contento de la vida, agradecido con mis padres, con mis guías morales. Quienes me han hecho vivir una vida bonita, una historia de amor de Dios”.
Guadalupe Barragán, llegó a Oaxaca hace 47 años, desde adolescente externó el amor por dedicarse al sacerdocio y desde esa etapa de su vida ha tenido la oportunidad de conocer muchos lugares y convivir con mucha gente.
El 1 de noviembre de 1970 arribó a la entidad oaxaqueña y desde entonces, recorrió diversos templos que le han sido asignados. “Siempre he ido en cada uno de los templos donde se me comisiona. Lo he hecho con mucho gusto y con amor a Dios”, externó.
De sus años en Oaxaca, estuvo en Pinotepa Nacional dos, tres en el Seminario Pontificio de la Santa Cruz, así como en el templo de Jalatlaco seis meses, también en los 7 Príncipes, Telixtlahuaca, en la Catedral y en San Juan del Estado, entre muchos otros.
Guadalupe Barragán vive agradecido: “El sacerdocio es un regalo, pero es un gran misterio. Vamos cayendo, levantando, pero bien al fin”.
El sacerdote observó en los retos de la iglesia católica la falta de formación de los bautizados, por ello, la necesidad de realizar un trabajo constante con los laicos para que no se suelten de su fe.
Barragán Oliva esta anclado a su sotana, se morirá siendo sacerdote, y sus restos, dijo, estarán en Oaxaca. “Ya tengo un espacio en el panteón de Oaxaca”, señaló el clérigo.











































