La estrategia de Estados Unidos contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) cambió de enfoque. Con Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, fuera del escenario tras su muerte en febrero, la prioridad dejó de ser un solo líder para convertirse en el desmantelamiento de la segunda línea de mando que hoy sostiene la operación de una de las organizaciones criminales más poderosas del continente.
El Departamento de Estado anunció una bolsa de hasta 102 millones de dólares en recompensas para capturar a ocho operadores considerados piezas clave del cártel, una decisión que refleja el reconocimiento de que la organización sobrevivió al golpe que representó la desaparición de su fundador.
EL RETO: EVITAR QUE EL CJNG SE RECOMPONGA
Para las autoridades estadounidenses, el principal riesgo no es únicamente la continuidad del tráfico de drogas, sino la capacidad del CJNG para reorganizarse rápidamente bajo nuevos liderazgos.
La inteligencia de la DEA identifica a Juan Carlos Valencia González, “El Pelón”, como el presunto sucesor de “El Mencho”, razón por la que su captura se convirtió en la máxima prioridad de la agencia y por la que ahora pesa sobre él una recompensa de 25 millones de dólares, la cifra más alta del paquete anunciado.
Junto con él aparecen operadores responsables de las finanzas, la logística, el tráfico internacional de drogas y los grupos armados que han permitido al CJNG consolidar presencia en distintas regiones de México y mantener rutas de envío hacia Estados Unidos.
MÁS DINERO, ¿MÁS RESULTADOS?
El anuncio representa una de las mayores inversiones económicas de Washington para localizar a integrantes de un solo grupo criminal. Sin embargo, la medida también revive un viejo debate en materia de seguridad.
Durante las últimas décadas, Estados Unidos y México han ofrecido recompensas millonarias por numerosos líderes del narcotráfico. Aunque varias capturas se concretaron mediante este mecanismo, la experiencia también ha demostrado que la caída de un dirigente rara vez significa el desmantelamiento de toda la organización.
En diversos casos, las estructuras criminales sustituyeron rápidamente a sus líderes, fragmentaron sus mandos o intensificaron la violencia durante los procesos de sucesión.
PRESIÓN FINANCIERA Y DIPLOMÁTICA
La nueva ofensiva no se limita a los ocho presuntos integrantes del CJNG.
Washington también revocó visas a decenas de familiares, socios y colaboradores relacionados con la organización, ampliando la presión más allá del ámbito penal para afectar sus redes económicas y de movilidad internacional.
Con ello, Estados Unidos busca cerrar espacios financieros y operativos a quienes considera parte del entramado que mantiene vigente al cártel, incluso después de la muerte de su fundador.
EL DESAFÍO VA MÁS ALLÁ DE LAS CAPTURAS
El anuncio ocurre en un momento en que el tráfico de fentanilo continúa siendo una de las principales prioridades de seguridad para Washington y una fuente constante de tensiones diplomáticas con México.
Si bien las recompensas buscan incentivar información que permita capturas de alto perfil, especialistas en seguridad coinciden en que el verdadero desafío será impedir que la organización vuelva a regenerar su estructura de mando.
La historia reciente del narcotráfico en México muestra que los cárteles han desarrollado mecanismos para sustituir liderazgos con rapidez, diversificar sus fuentes de financiamiento y mantener operaciones pese a los golpes dirigidos contra sus principales jefes.
Por ello, la ofensiva anunciada por Estados Unidos será evaluada no por el monto de las recompensas, sino por su capacidad real para debilitar la estructura financiera, operativa y territorial del CJNG, una organización que, pese a la muerte de su fundador, sigue siendo considerada una de las mayores amenazas para la seguridad regional.










































