En una audiencia celebrada este viernes en una corte federal de Chicago, Ovidio Guzmán López, conocido como El Ratón e hijo menor de Joaquín “El Chapo” Guzmán, se declaró culpable de cuatro cargos vinculados al tráfico internacional de drogas y delincuencia organizada. La confesión marca un punto de quiebre en la historia reciente del narcotráfico mexicano, ya que uno de los herederos del Cártel de Sinaloa ha optado por colaborar con la justicia estadounidense, en un giro que podría tener consecuencias judiciales y políticas de gran alcance.
Durante la audiencia, presidida por la jueza Sharon Coleman, Guzmán admitió su liderazgo dentro del Cártel de Sinaloa y su participación activa en el tráfico de fentanilo, cocaína y otras sustancias ilícitas hacia Estados Unidos. De acuerdo con el periodista Arturo Ángel, quien dio seguimiento al caso, Ovidio aceptó haber operado una “gran empresa criminal” con alcance transnacional.
SENTENCIA EN SUSPENSO Y COOPERACIÓN CLAVE
La jueza Coleman fijará la sentencia definitiva dentro de seis meses. Sin embargo, todo indica que Guzmán evitará la cadena perpetua, como resultado de un acuerdo con la fiscalía que incluye su cooperación como testigo. Fuentes cercanas al caso sugieren que Ovidio podría proporcionar información clave sobre la estructura del Cártel de Sinaloa, e incluso testificar contra figuras de alto perfil como Ismael “El Mayo” Zambada.
Este acuerdo fue formalizado el pasado 30 de junio, cuando Ovidio firmó un documento legal en el que aceptó su traslado judicial desde Nueva York al Distrito Norte de Illinois, renunciando a su derecho a ser juzgado en otra corte.
EL DERRUMBE DEL IMPERIO GUZMÁN
La historia de Ovidio es inseparable del legado criminal de su padre, El Chapo, hoy condenado a cadena perpetua en Estados Unidos. Nacido en 1990 en Culiacán, Sinaloa, Ovidio fue criado en el seno del poder narco. Y, junto con sus hermanos, formó parte del grupo conocido como “Los Chapitos”.
Su figura se hizo visible internacionalmente en 2019, durante el fallido operativo militar en Culiacán conocido como el “Culiacanazo”, que obligó al gobierno mexicano a liberarlo temporalmente ante la ofensiva violenta del Cártel de Sinaloa. La humillación pública de las fuerzas de seguridad mexicanas dejó claro el poder del narcotráfico y marcó a Ovidio como una figura clave del crimen organizado.
Años después, en enero de 2023, fue recapturado en una operación militar y extraditado a Estados Unidos. Desde entonces, su defensa ha librado una intensa batalla legal que ahora concluye con una admisión de culpa que lo separa de otros capos que decidieron resistir hasta el final, como su propio padre.
¿DELATOR DE SU PROPIA ORGANIZACIÓN?
El pacto alcanzado con las autoridades estadounidenses implica que Ovidio no solo buscará una sentencia reducida, sino que también asumirá el rol de testigo cooperante. Esta figura legal le permitiría obtener protección y, eventualmente, un nuevo comienzo en el sistema de testigos de EE. UU., al igual que varios de sus familiares. Quienes recientemente se entregaron a la justicia norteamericana.
Se especula que Guzmán López podría testificar contra miembros de su propia organización o de cárteles rivales, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en lo que sería un golpe inédito contra la red criminal más poderosa del hemisferio occidental.
EL FUTURO DE “EL RATÓN”
Pese a haber sido uno de los mayores traficantes de fentanilo hacia EE. UU., Ovidio Guzmán podría terminar su vida fuera de prisión si cumple con su parte del acuerdo. El caso plantea preguntas incómodas sobre la eficacia del sistema judicial estadounidense y su dependencia de acuerdos con criminales de alto perfil. Quienes, al colaborar, pueden evitar sentencias máximas a cambio de delatar a sus cómplices.
Para México, el proceso representa un dilema moral y político: mientras una figura clave del narcotráfico negocia su libertad en EE. UU., persiste en territorio nacional la violencia estructural que estos grupos siguen generando.
Con información de EFE










































