“Un idioma designado a nivel nacional es el núcleo de una sociedad unida y cohesionada”, afirmó Trump en el documento, recordando que la Declaración de Independencia y la Constitución del país fueron escritas en inglés. Sin embargo, esta medida no es solo simbólica: revoca una directiva del año 2000, emitida durante el gobierno de Bill Clinton, que exigía a las agencias federales ofrecer servicios en otros idiomas para quienes tuvieran un dominio limitado del inglés.
Actualmente, en EE.UU. se hablan más de 350 idiomas, con el español en el segundo lugar después del inglés. La comunidad hispanohablante, que supera los 40 millones de personas, podría verse afectada por esta decisión, especialmente en el acceso a servicios gubernamentales, educación y asistencia médica.
Para Trump, hablar inglés “abre puertas económicamente” y “ayuda a los recién llegados a participar en sus comunidades”, además de empoderarlos para “lograr el sueño americano”. Sin embargo, críticos de la medida advierten que podría excluir y marginar a millones de personas que dependen de servicios en su lengua materna.











































