Eve es una madre soltera que casi no ve a su hijo, con él, solo se comunica por teléfono durante las largas jornadas de trabajo en un hotel de lujo de la Ciudad de México. Como un ser casi invisible, la joven deambula por los pasillos del edificio, tocando puertas, muchas de las veces para asear las habitaciones de aquellos visitantes de todas partes; otras para aspirar a un ascenso que mejore su situación. Entre ese tocar y tocar, y en espera de que alguien abra las puertas a esas posibilidades, la camarista solitaria va encontrando en las pertenencias de los huéspedes la compañía y el aliento a sus sueños en un trabajo rutinario y que a veces parece un laberinto sin salida.
Dulce, tímida, meticulosa, puntual y servicial podrían definir a esta camarista que cobra vida en la pantalla del cine a través de Gabriela Cartol (Guerrero, 1989), la actriz acapulqueña a quien la directora Lila Avilés decidió para protagonizar su ópera primera. Un personaje bien escrito, definido y estructurado, que ya tenía carácter y personalidad, en parte logrado por el trabajo de varios de la realizadora al interior del hotel en que la película La camarista tuvo su primera salida en una obra de teatro.
Pero conseguir que Eve fuera un personaje de carne y hueso, como el que surge de esa clase trabajadora a la que pertenece, demandó no solo la habilidad para su creación, sino la de la actriz que lograra darle los matices que se observan en la cinta de 102 minutos y grabada en 17 días.
“La preparación para este fue mucha conversación con Lila (Avilés)”, a quien “le interesaba que realmente entendiera de dónde venía este personaje, su esencia” cuenta Cartol, a quien se le ha visto en otras ocasiones en filmes como La Tirisia, Sueño en otro idioma y La Ramona, además de la serie Malinche, que se transmite por el Canal Once y donde da vida a una esclava mayaparlante.
Con un personaje ya establecido por Avilés, “para mí fue bastante fácil aproximarme a él”. Aunque, “la intuición también juega parte importante en un actor/actriz, y supe por dónde era”. A Eve, la actriz y la directora la fueron “construyendo y hablando juntas”, para dotarla de las características que la convirtieran en “un personaje con matices”. Además de una parte muy humana, esencial, trabajadora, la de “la clase trabajadora que no muchos voltean a ver, pero que a Lila le fascinó”.
Para esta película que se grabó en poco más de dos semanas, pero que desde su estreno en octubre lleva varios festivales recorridos (entre ellos el Internacional de Cine de Toronto, el Festival de Cine de San Sebastián, el Internacional de Cine de Buscan y el Festival Internacional de Cine de Morelia), Cartol halló en Avilés a una camarista más, a una compañera que le guio por los pasillos del hotel donde la vida continuaba como en una jornada de trabajo cualquiera.
“Entré a la parte final del proceso, teníamos 17 días para filmar. Era 3, 2, 1, ¡acción! Fue maratónico, pero lo que me nutrió mucho fue precisamente que la directora tenía años de investigación. Ella fungió como una camarista más para mí, (para consultar) cualquier duda, cualquier cosa, porque el hotel seguía activo y las camaristas no podían estar ahí para nosotros. Se podría pensar que hubo un entrenamiento muy intenso, pero más bien el entrenamiento lo hizo Lila y ya de ahí fue mucha plática conmigo y totalmente dirigida por ella”.
Pero a Eve, Cartol también la nutrió con cada órgano propio “porque si bien está muy bien estructurado y definido (el personaje), la tarea del actor es llevar eso a pantalla y que se refleje lo escrito, y es ahí donde está el truco. Lo que aporto es precisamente entender, analizar y dar vida a eso que está en papel para que se pueda traducir en imagen, en el sentido corporal, cómo habla, cómo se mueve, la personalidad”, comparte la actriz que alista una nueva película, además de darse a conocer en otro filme: Mole de olla, receta original (2015), donde comparte créditos con Arcelia Ramírez y Héctor Bonilla.










































