La basura no desaparece cuando el camión recolector se la lleva. El problema continúa lejos de la vista de la ciudadanía, en sitios de disposición final donde se acumulan toneladas de residuos y se hacen evidentes las limitaciones de un modelo de consumo que extrae recursos, produce desechos y deja pendiente su aprovechamiento.
Frente a este escenario, Daniel Camarena E., director general de la Planta de Carbonización Hidrotermal de la Ciudad de México, planteó la necesidad de transformar la manera en que se gestionan los residuos orgánicos mediante tecnologías que permitan recuperar materiales y reincorporarlos a los ciclos productivos.
Durante su ponencia, explicó que la carbonización hidrotermal puede convertir la materia orgánica en hidrocarbón, fertilizantes y vapores, una alternativa que busca reducir el desperdicio de recursos y abrir nuevas posibilidades para el uso industrial y agrícola de los residuos.
Sin embargo, advirtió que el desafío va más allá de instalar equipos: requiere modificar las políticas públicas, mejorar la separación de basura desde los hogares y coordinar a quienes participan en la recolección, el transporte y el tratamiento de los desechos.
LA BASURA NO DESAPARECE: EL PROBLEMA COMIENZA DESPUÉS DE RECOGERLA
Uno de los principales cuestionamientos de Camarena se dirigió a la idea de que la responsabilidad ciudadana termina cuando los residuos salen de casa.
«Ya no es nada más hay recibo basura, vienen, la recogen y me olvido de ella», señaló al describir una práctica cotidiana que, a su juicio, impide comprender las dimensiones reales del problema.
El especialista insistió en que la sociedad necesita mirar más allá del servicio de recolección y preguntarse qué sucede con los materiales una vez que dejan de ser visibles.
«El problema que tenemos es realmente en dónde está terminando estos materiales que estamos creando», expresó.
Su planteamiento apunta a una de las dificultades centrales de la gestión de residuos: mientras el consumo y la generación de basura continúan, los sistemas de tratamiento y aprovechamiento deben responder a volúmenes cada vez mayores y a materiales que no siempre se separan adecuadamente.
Para Camarena, mantener esta dinámica resulta insostenible. La solución, sostuvo, exige abandonar el esquema en el que se extraen recursos naturales, se fabrican productos y finalmente se desechan, para avanzar hacia una economía circular que aproveche los materiales durante más tiempo.
«Aquí el tema es cómo cambio completamente la estructura y pasar de una economía lineal», explicó.
El cambio implica entender que los recursos naturales son limitados y que los residuos pueden representar una materia prima si se manejan de forma adecuada.
CARBONIZACIÓN HIDROTERMAL: CÓMO CONVERTIR RESIDUOS EN RECURSOS
La tecnología presentada durante la ponencia busca aprovechar los residuos orgánicos mediante un proceso que utiliza agua, presión y temperatura para transformar la materia.
Camarena describió el procedimiento de manera sencilla:
«Tomas la basura orgánica, la metes en una olla a presión, le subes la temperatura y acabas con un hidrocarbón, un fertilizante y algo de vapores».
El hidrocarbón obtenido puede destinarse a diferentes usos, dependiendo de sus características y de las necesidades del sector que lo aproveche.
«El hidrocarbón que producimos puede tener básicamente dos caminos, uno con un uso industrial y otro que es el uso agrícola para restaurar suelos y así asegurar el futuro de la humanidad», explicó.
La posibilidad de recuperar materiales a partir de residuos orgánicos plantea una alternativa frente a su disposición final. En lugar de considerar toda la materia desechada como basura, el proceso busca convertir una parte de ella en insumos aprovechables.
No obstante, el alcance ambiental de esta tecnología depende de factores como la composición de los residuos, el consumo de energía, el manejo de los subproductos y la calidad del material obtenido. Por ello, su contribución debe valorarse con información sobre su desempeño operativo y sus resultados, además de sus beneficios potenciales.
RECUPERAR LOS SUELOS Y GARANTIZAR ALIMENTOS
Uno de los argumentos centrales de Camarena fue la importancia de priorizar el aprovechamiento agrícola del hidrocarbón, particularmente por su posible contribución a la recuperación de los suelos.
El especialista sostuvo que el debate energético no debe limitarse a la electricidad o los combustibles, sino considerar la producción de alimentos como una necesidad fundamental para la supervivencia humana.
«La fuente básica de energía para el ser humano es el alimento. Tenemos que asegurar que tengamos alimentos hacia adelante», afirmó.
Desde esta perspectiva, el uso agrícola del hidrocarbón representa una posible vía para devolver materiales al suelo y contribuir a su restauración, siempre que las características del producto y las condiciones de aplicación lo permitan.
La propuesta vincula dos problemas ambientales: la acumulación de residuos orgánicos y el deterioro de los suelos. Su aprovechamiento podría ayudar a atender ambos, aunque los beneficios concretos deben comprobarse mediante evaluaciones técnicas que determinen su calidad, seguridad y efectividad en diferentes terrenos y cultivos.
El planteamiento también abre una discusión sobre el destino más conveniente de los residuos: no basta con transformarlos, sino que es necesario identificar qué usos generan mayores beneficios ambientales y productivos.
EL RETO NO ES SOLO TECNOLÓGICO: HAY QUE CAMBIAR TODA LA CADENA
Camarena reconoció que contar con una planta capaz de transformar residuos no garantiza, por sí solo, que el sistema funcione de manera eficiente.
«No se trata solo de decir, ah, una olla presión y convierte la tecnología», señaló.
Explicó que uno de los mayores desafíos consiste en coordinar las distintas etapas del proceso, desde la separación de los residuos en su lugar de origen hasta su traslado y tratamiento.
Esto significa que la operación depende también de los hábitos de los hogares, de la organización de los servicios de recolección, de la infraestructura disponible y de la participación de las autoridades y empresas involucradas.
Cuando los residuos orgánicos se mezclan con otros materiales, su aprovechamiento puede complicarse. Por ello, la separación desde el origen es una pieza clave para que tecnologías como la carbonización hidrotermal puedan operar con mayor eficiencia.
El director de la planta subrayó que el proyecto surgió de una colaboración entre distintos sectores.
«Este proyecto lo iniciamos. Nace triple hélice entre la Universidad Nacional Autónoma de México, el gobierno de la Ciudad de México y nosotros como iniciativa privada», expuso.
El modelo de colaboración reúne a la academia, el gobierno y la iniciativa privada para desarrollar una solución que requiere conocimientos técnicos, decisiones de política pública e inversión.
Sin embargo, la coordinación institucional debe traducirse en resultados verificables: cuánto residuo se procesa, qué materiales se recuperan, qué costos implica la operación y cuánto se reduce realmente la cantidad de basura enviada a disposición final.
POLÍTICAS PÚBLICAS Y RESPONSABILIDAD CIUDADANA
Para el especialista, el cambio no puede depender exclusivamente de las plantas de tratamiento ni de las decisiones gubernamentales. También exige revisar la forma en que la población consume y desecha productos.
«¿Quién de aquí no genera basura? Nadie, ¿verdad? Todos consumimos, todos», planteó durante su intervención.
La pregunta resume uno de los puntos centrales de su exposición: la generación de residuos es una consecuencia cotidiana de las actividades humanas, por lo que su manejo requiere una responsabilidad compartida.
Esto implica fortalecer la separación de residuos, facilitar su recolección diferenciada, crear condiciones para el reciclaje y el aprovechamiento de la materia orgánica, así como establecer políticas que permitan sostener estos procesos en el tiempo.
La economía circular, en ese sentido, no consiste únicamente en incorporar una tecnología novedosa. Supone reorganizar las decisiones sobre producción, consumo y disposición de materiales para reducir el desperdicio de recursos.
El desafío para las autoridades es convertir estos objetivos en programas concretos, con infraestructura suficiente, metas medibles y mecanismos de evaluación que permitan conocer si las medidas adoptadas producen beneficios ambientales reales.
EL BORDO PONIENTE Y LA NECESIDAD DE MOSTRAR LA CRISIS AMBIENTAL
Durante la ponencia también se abordó la importancia de mejorar la comunicación sobre la crisis de los residuos y sus consecuencias.
Camarena mencionó el Bordo Poniente como un ejemplo de la dimensión que puede alcanzar el problema cuando se concentra una gran cantidad de desechos en un mismo sitio.
«El Bordo Poniente es un escenario sumamente distópico», afirmó al explicar que describirlo con palabras no siempre permite transmitir la experiencia de observar directamente sus condiciones.
Ante esa dificultad, destacó el uso de cámaras inmersivas como una herramienta para acercar a otras personas a la realidad de los sitios de disposición final, incluso sin que tengan que trasladarse físicamente.
«Creemos que es una nueva herramienta de comunicación que definitivamente te permite vivir lo que el comunicador está transmitiendo», expresó.
La propuesta busca que la población comprenda mejor las consecuencias de sus hábitos de consumo y la dimensión de los residuos que genera diariamente.
La tecnología inmersiva puede ayudar a comunicar escenarios ambientales complejos, aunque su efectividad depende de que las imágenes estén acompañadas de información verificable, contexto y datos que permitan entender las causas y posibles soluciones.
UNA TRANSFORMACIÓN QUE EXIGE CONTINUIDAD
Camarena reconoció que impulsar este tipo de proyectos implica superar obstáculos técnicos, operativos y sociales. Aun así, defendió la necesidad de continuar desarrollando alternativas frente a la crisis ambiental.
«El saber que hay la posibilidad de hacer un cambio que nos beneficie sobre todo al futuro, es lo que nos da la energía del día a día a seguir y seguir», expresó.
Y añadió:
«Hay muchos, muchos, muchos retos que romper, pero sabemos que se puede, y vale la pena luchar y seguir adelante».
Su mensaje coloca el aprovechamiento de los residuos como parte de una discusión más amplia sobre el futuro de las ciudades, la disponibilidad de recursos y la responsabilidad colectiva frente al deterioro ambiental.
La carbonización hidrotermal ofrece una opción para transformar parte de los residuos orgánicos en materiales aprovechables, pero su contribución dependerá de que exista una cadena de gestión bien organizada y de que sus resultados puedan medirse y compararse.
El desafío de fondo permanece: dejar de tratar la basura como un problema que termina cuando sale de casa y asumir que su destino forma parte de las decisiones económicas, ambientales y sociales de toda la comunidad.









































