Un misterio que durante más de un siglo ha intrigado a la química y que también toca una de las preguntas sobre el origen de la vida encontró una respuesta. Henri B. Kagan y Kenso Soai fueron reconocidos con el Nobel de Química 2026 por sus aportaciones para explicar cómo una reacción química puede favorecer una sola de las dos formas especulares que puede adoptar una molécula.
La Real Academia Sueca de las Ciencias otorgó el premio a ambos científicos por sus trabajos sobre los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica, fenómenos que permiten comprender cómo puede surgir la llamada homoquiralidad.
El reconocimiento también destaca una investigación con aplicaciones potenciales y prácticas en campos como la fabricación de medicamentos, productos agrícolas, aromas, fragancias y nuevos materiales.
EL MISTERIO DE LAS MOLÉCULAS “EN ESPEJO”
Algunas moléculas existen en dos versiones que son prácticamente como la mano derecha y la izquierda: tienen los mismos componentes, pero una no puede superponerse exactamente sobre la otra.
A estas moléculas se les denomina quirales y sus dos variantes reciben el nombre de enantiómeros.
El fenómeno resulta particularmente importante en los organismos vivos, porque la naturaleza suele utilizar una sola de esas versiones. A esta característica se le conoce como homoquiralidad.
El problema que durante décadas desconcertó a los científicos era cómo pudo aparecer esa preferencia química, aparentemente tan precisa, a partir de procesos que en principio podían producir ambas formas.
PASTEUR ABRIÓ LA PUERTA
La historia de esta investigación se remonta al siglo XIX.
El científico francés Louis Pasteur descubrió, mientras estudiaba ácido tartárico, que determinadas sustancias podían presentarse en dos formas especulares.
Posteriormente observó que las bacterias podían actuar de manera diferente frente a esas dos variantes. El hallazgo alimentó una idea que con el paso del tiempo se volvió fundamental: la química de la vida tiene una marcada preferencia por una de las formas posibles de ciertas moléculas.
A principios del siglo XX aparecieron nuevos avances en las llamadas reacciones asimétricas. Sin embargo, todavía faltaba explicar cómo esa asimetría podía amplificarse hasta generar una preferencia casi absoluta por una sola forma molecular.
KAGAN ROMPIÓ UNA REGLA QUE PARECÍA ESTABLECIDA
En la década de 1980, Henri Kagan trabajaba en el desarrollo de reacciones capaces de producir moléculas quirales con altos niveles de pureza.
La idea predominante era que la quiralidad del catalizador utilizado en una reacción se trasladaba al producto siguiendo una relación aproximadamente proporcional.
Pero en 1986, Kagan demostró que el comportamiento podía ser mucho más complejo.
Sus experimentos mostraron los llamados efectos no lineales, mediante los cuales una pequeña diferencia en la proporción de las formas quirales podía amplificarse y producir un exceso mucho mayor de una de ellas.
Ese descubrimiento cambió la manera en que los químicos analizaban las reacciones asimétricas.
SOAI ENCONTRÓ LA PIEZA QUE FALTABA
El trabajo de Kagan abrió una nueva línea de investigación, pero fue el japonés Kenso Soai quien llevó el fenómeno a un terreno todavía más extraordinario.
En 1995, Soai describió una reacción que presentaba características capaces de conducir hacia la homoquiralidad.
Posteriormente desarrolló una reacción en la que una de las dos formas especulares podía terminar predominando prácticamente por completo.
La clave estaba en la autocatálisis: el producto de una reacción puede actuar como catalizador y favorecer la formación de más producto del mismo tipo.
En términos sencillos, una pequeña ventaja inicial puede reforzarse a sí misma.
UNA REACCIÓN QUE INTERESA A QUIENES ESTUDIAN EL ORIGEN DE LA VIDA
La llamada reacción Soai despertó especial interés entre investigadores que estudian cómo pudieron surgir las primeras moléculas biológicas.
Si los organismos vivos utilizan predominantemente una sola forma de determinadas moléculas, entender cómo una reacción química puede amplificar una pequeña diferencia inicial podría aportar pistas sobre los procesos que precedieron a la aparición de la vida tal como la conocemos.
La relevancia del trabajo, sin embargo, no se limita al origen de la vida.
El control de la quiralidad resulta fundamental en la química moderna porque dos moléculas especulares pueden comportarse de manera diferente dentro de un organismo. Por ello, conseguir la forma molecular correcta es especialmente importante en el desarrollo de determinados medicamentos y otros productos químicos.
UN PREMIO A UNA PREGUNTA DE MÁS DE UN SIGLO
El Comité Nobel de Química destacó que Kagan y Soai completaron una cadena de descubrimientos iniciada mucho antes.
Otros investigadores habían conseguido desarrollar métodos para producir reacciones asimétricas, avances que también fueron reconocidos con premios Nobel en años anteriores. El trabajo de los galardonados permitió abordar las condiciones adicionales necesarias para entender cómo esa asimetría puede amplificarse y mantenerse.
Kagan, nacido en 1930 en Boulogne-Billancourt, Francia, es profesor emérito de la Universidad París-Sur.
Soai, nacido en 1950 en Hiroshima, Japón, es profesor emérito de la Universidad de Tokio.
Ambos compartirán el premio económico del Nobel, establecido este año en 12 millones de coronas suecas, equivalentes aproximadamente a 1.2 millones de dólares.
Más que premiar una sola reacción, el Nobel de Química 2026 reconoce una respuesta a una pregunta que conecta la química fundamental con una de las características más singulares de la vida: por qué la naturaleza parece haber elegido una sola “mano” molecular entre dos posibilidades.









































