La historia de Vania Rizo con la escritura comenzó en su niñez, cuando se percató de que con ella podía expresarse mejor. Fue así como a los nueve años decidió escribir una carta a su madre, a quien vio que “ya no era la misma”, y también a notar “el poder que tienen las palabras de tocar a las personas”.
Hoy, en sus veintitantos, Vania ha desarrollado la escritura en una manera más autodidacta, aunque recientemente se ha inclinado por lo formal, para tener más herramientas. De aquella adolescente que tomó la palabra escrita con mayor regularidad, al grado de compartir con una amiga sus textos, se dio paso a una que se vio con la capacidad para externar sus textos con más personas, a través de un blog, en Tumblr.
Sin embargo, se remite a la joven que a sus 21 años tuvo más claridad para escribir y la intención de publicar un libro. Ahora, a sus 27 años, y tras haberse ejercitado en una columna en El Oriente, ha concretado un volumen titulado Señales en espiral, que presenta este viernes en la Casa de la Ciudad.
El libro reúne 28 ensayos, la mayoría escritos para la columna del medio en que colabora. En esos textos, hay reminiscencias de la poesía y la prosa poética en que se inclinó durante la adolescencia y parte de su juventud.
“Creo que encontré en la poesía una forma no tan explícita de explicar la vida y los detalles. Sobre todo poder escribir mis emociones”, narra sobre esas bases que ahora parecen seguir latentes en sus ensayos, los que ha escrito a partir de su necesidad por experimentar con otros formatos. También, motivada por experiencias varias, ya sea una historia compartida entre amigos, la manera en que se recuerda en el Día de Muertos, el ver bailar a una pareja.
Su obra, señala Vania, “es el registro de esos detalles que son muy importantes, pero que a veces olvidamos por lo comunes que son”. De ahí su intención porque los 28 ensayos del volumen sean una especie de llamado al despertar, a la conciencia colectiva y a la introspección, pues los considera necesarios “en estos tiempos de sobre estimulación”.
El libro recoge ensayos que podrían considerarse prosa poética, y que requirieron de al menos un años para publicarse. Como en todo proyecto, explica la autora, no fue sencillo hasta que se encontró con Omar Fabián, “quien tiene experiencia editorial y ha publicado algunos libros, pero que curiosamente inicia una nueva editorial llamada Girku”.
Bajo este sello, Vania comparte sus textos y algunas fotografías propias, que conviven con las tomadas por Tony Petate y Gerardo Audiffred.
“Todo en el libro tiene significado, es un libro con sentido. Cada detalle ha tenido contacto conmigo. Un lienzo que cuenta una historia (Mariana Grapain), un cuadro de Guillermo Olguín”, y que se incluyen como portadas, ahonda quien entre sus influencias literarias tiene a autores como Marco Aurelio, Alberto Ruy Sánchez, Amparo Dávila y Virginia Woolf.












































