“La música siempre ha sido y servido para la política”. El etnomusicólogo Sergio Navarrete señala que es esta la idea por la que en Oaxaca ha habido un florecimiento de las bandas de música. Si bien, en el siglo XIX las leyes de Reforma afectaron a la Iglesia, de donde se habían formado las capillas de viento (el antecedente de las bandas de alientos), la música se mantuvo, pero ahora con el cobijo del pueblo, que veía en la acción del Estado una amenaza a sus fondos, a los de sus cofradías, que terminarían en manos de los municipios.
Por ello, ahonda, en el siglo XIX se comenzó a invertir en la ornamentación del templo, en el pago de maestros de música y en la compra de instrumentos. De esta manera, los primeros en comprender el poder de la música fueron los pueblos, que con sus bandas y agrupaciones mantenían las tradiciones de la gueza. Es decir, ese acto de amistad y colaboración entre pueblos que, a la vez, “es un acto político: yo te ayudo, pero tú me ayudas”.
Para el coautor de la Etnografía de las Culturas Musicales en Oaxaca (ECMO), “la música se utiliza para la acción política y el Estado lo entiende muy bien, por eso le interesa invertir” en ella. Y ese, señala es el antecedente de lo que por varios años en Oaxaca ha dado lugar a programas como el de Dotación de Instrumentos Musicales o los magnos conciertos organizados por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), ahora Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.
“Eso lo entendió el Estado, y entonces esta tradición de dotación tiene esa historia. El Estado sabe muy bien que ha sido muy importante, como parte de la economía política”.
CASI 18 MILLONES DE INVERSIÓN EN INSTRUMENTOS
En la parte de dotación de instrumentos musicales, Oaxaca y la Federación han invertido 17 millones 950 mil pesos en el periodo 2013-2018. La cifra se ha traducido en mil 439 instrumentos comprados para apoyar a 249 comunidades (174 hasta febrero de 2017 y 75 de esa fecha hasta marzo de 2018).
En febrero de 2017, la Secretaría de las Culturas y Artes (Seculta) informaba que en el pasado sexenio se recibieron, en promedio, 150 solicitudes anuales para acceder a este beneficio. Asimismo, que en los últimos 5 años (2013-2017) se habían entregado más de 900 instrumentos musicales a 174 comunidades.
La Villa de Zaachila (región Valles Centrales) fue una de las beneficiadas en ese periodo, en al menos dos años (2015 y 2017); en el primero, para las bandas Santa Cecilia (de la agencia Vicente Guerrero) y Resplandor Zaachileño (del casco municipal, pero perteneciente a la parroquia de la comunidad), y en el 2017 para la banda Santa Cecilia.
La banda filarmónica Resplandor Zaachileño fue una de las 24 apoyadas con el programa en el año 2015. Sin embargo, el comité de padres de familia de la banda Resplandor Zachileño explica que aunque se ha tenido, la dotación de instrumentos ha sido mínima comparada con las necesidades de la banda. La totalidad de los gastos (con excepción de ese apoyo) ha sido absorbida por los padres de familia, quienes pagan las clases y compran los instrumentos de sus hijos. Además de que organizan actividades varias para obtener recursos para la compra de los instrumentos más caros, como una tuba y un bombo.
De los instrumentos recibidos en 2015, varios ya no funcionan o están muy deteriorados como para ser ejecutados como se espera. “Son marcas básicas”, refiere Carlos López Zavaleta, presidente del comité de padres de familia de la banda.
Sobre la calidad de los instrumentos, la Seculta solo explicó que estos “deben cumplir con las especificaciones técnicas establecidas en las bases de las licitaciones, aunado a las necesidades de los beneficiarios”. Sin embargo, no da más detalles.
Resplandor Zaachileño se creó en 2012 por iniciativa del párroco Juan Ruiz, pero apunta a convertirse formalmente en una escuela de música, en la que ya se forman cerca de 100 infantes y jóvenes. La agrupación, subrayan los padres de familia y docentes, es de la iglesia, pero no tiene inconveniente en considerarse como la banda filarmónica municipal de Zaachila.
En este municipio, y aunque existen unas cinco bandas particulares, no existe una representativa, como coinciden el comité y la autoridad municipal.
Ismael Vicente Cruz, director de cultura de la Villa de Zaachila, señala que por el momento la autoridad municipal busca identificar y acercarse a los grupos culturales de la cabecera y sus agencias, a fin de conocerlos e integrarlos en los programas culturales de la población.
En el municipio, señala, existen 5 bandas de alientos (particulares) y una que pertenece a la parroquia (la Resplandor Zaachileño). No hay, oficialmente, una banda de música municipal. Sin embargo, se pretende incluir a las existentes en las diversas actividades que se organizan. Vicente Cruz refiere que la intención es apoyar no solo la música, sino otras disciplinas artísticas, en el casco y sus agencias. Esto, mediante la continuación de los talleres de guitarra y violín hechos durante la pasada administración o la apertura de talleres de artes plásticas y de teatro.
IGNORANCIA AFECTA PLANIFICACIÓN
Con el programa de Dotación de Instrumentos Musicales, uno de los riesgos que percibe el investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Pacífico Sur) es que la inversión no siempre está planificada. “Hay mucha ignorancia”, subraya, pues se desconocen las tradiciones y culturas musicales de las comunidades y en muchas de las ocasiones, “por recibir el apoyo, las autoridades dicen sí, dennos instrumentos, los que sean”.
Lo que se debería de hacer, apunta, es primero conocer la tradición de la región o comunidad, y a partir de ello invertir. Con ECMO, explica, una de las preocupaciones constantes entre las comunidades y músicos analizados, era la pérdida de ejecutantes de instrumentos como los de cuerdas y los de la tradición oral, que comenzaban a ser desplazados por otros, los de la tradición escrita.












































