Para la historiadora y filósofa Francesca Gargallo, la participación de las mujeres en el espacio público ha carecido de la importancia que se ha dado a la de los hombres. Es por ello que en lo que se registra no siempre están incluidas, como sí ocurre mayormente con sus pares del género masculino.
A ello se suma la diferencia en la recuperación y narración de la historia, que depende de las culturas desde las que se hace.
No contamos las historias de la misma forma cuando lo hacemos desde culturas distintas “porque aprendemos a narrar y por lo tanto a explicarnos el tiempo en un nosotros subjetivo personal y en un nosotros subjetivo colectivo”, señala. Esa así que ninguna persona tiene o habla de un mismo sujeto.
La construcción del yo y del nosotras, explica, depende del tiempo, del lugar en donde se está y la condición que se tenga. Por ejemplo, la historia no será vista de la misma manera si se trata de una mujer nativa y que es parte de una cultura asentada en cierto lugar desde hace varios siglos. Tampoco será la misma que construya o en la que se desarrolla una emigrante zapoteca (tanto si vive en una ciudad mexicana como en una del extranjero).
Sin embargo, a eso se suma el que el espacio de las mujeres ha sido “brutalmente negado y separado del tiempo que se le daba a los hombres para participar en el espacio público, que implicaba un tiempo de reconocimiento y un tiempo de registro”.
De ahí que en la historia que se registra no necesariamente se incluya a las mujeres que han marcado o han sido parte de determinada época y espacio.
“No es cierto que las mujeres no interveníamos en el espacio público”, señala Gargallo sobre esas omisiones que han invisibilizado la labor o papel de las mujeres.
Asimismo, explica que eso ha hecho que se atribuyan a otros personajes los esfuerzos o iniciativas de mujeres. Tal es el caso de la pensadora y defensora de derechos obreros y de la mujer explotada Flora Tristán. Ella “se adelanta cinco años a Karl Marx (pensador socialista) en un llamado que probablemente circulaba de boca en boca en ese entonces (1843), y la frase es: ‘obreras y obreros del mundo unidos’. 1843, Flora Tristán, no 1848, Carlos Marx”.












































