Oaxaca cumplió recientemente un año con la pandemia de Covid-19, y para la que se implementó en sus inicios una cuarentena, un tiempo de resguardo y asilamiento que para muchas personas se pensaba corto. La “cuarentena”, sin embargo, se fue extendiendo más y más.
Pero en sus inicios llevó a que un grupo de “cronistas espontáneos” plasmara sus experiencias de encierro en relatos, en narrativas visuales o únicamente en textos. El resultado de ese ejercicio se concretó no solo en las publicaciones en redes sociales sino en el libro digital Crónicas del encierro en Oaxaca 2020.
La publicación, presentada este fin de semana en la ciudad de Oaxaca, reúne más de 134 textos (entre escritos y visuales) hechos por 74 personas durante la cuarentena por Covid-19, iniciada en marzo del año pasado.
Alessandra Galimberti, una de las impulsoras del proyecto, señaló que este libro colectivo también se dio como respuesta ante un estado donde los derechos como la libertad de reunión y de transitar se vieron limitados.
“Crónicas del encierro es un libro colectivo para la memoria”, apuntó quien junto a algunos de las y los autores compartió los relatos en una presentación en el espacio cultural La Jícara.

“Surgió como una convocatoria libre que lanzamos hace un año, en marzo de 2020, en redes sociales invitando a toda persona que estuviera interesada en elaborar crónicas que testimoniaran, reflejaran y transmitieran la experiencia personal y/o la mirada personal sobre esa vivencia del encierro, del confinamiento, del distanciamiento social dentro del contexto de la pandemia”, comentó Galimberti.
Las crónicas llegaron a un correo electrónico y se fueron publicando en una página de Facebook denominada igual que el proyecto. Los primeros textos se recibieron en los últimos días de marzo.
“No fuimos exigentes en cuanto a crónicas. Dimos total libertad que cada quien interpretara como quisiera la palabrita crónica y con base en eso elaborara y creara su texto, que podía ser texto de letras, pero también un texto gráfico, un texto visual, y participar con fotografías, un dibujo o una pintura”.
La convocatoria tuvo una respuesta inmediata, epidémica y casi impulsiva, recordó Galimberti sobre un contexto donde las noticias caían como bombas y hablaban de la peligrosidad y propagación del virus, de un miedo que se contagiaba más que el propio virus.
De ahí que el proyecto fuera una manera de drenar ese miedo, de catalizarlo. Aunque, como señaló Galimberti, también fue una especie de respuesta a la gestión política de la pandemia, pues parecía que se establecía un estado mundial de corte fascista que cortaba con todas las libertades básicas: la de tránsito y de reunirse. Y que con ello descomponía el tejido social.
“Frente a ese panorama surgieron como dos grandes necesidades, la de contar y contarnos, y contar fundamentalmente desde la perspectiva de resiliencia y de resistencia”, consideró quien también llevó su experiencia al libro.









































